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Miércoles, 5 Octubre 2022

Medicina hipocrática: Juramento, aborto y eutanasia I

Medicina hipocrática: Juramento, aborto y eutanasia I

El Dr. Vicente Andrés, Doctor en Medicina, Diploma Superior en Bioética y Máster Universitario en Filosofía Práctica, analiza en este artículo de opinión la historia del juramento hipocrático en la antigua Grecia

Madrid 23/12/2021 medicosypacientes.com

Dr. Vicente Andrés Luis

Esquilo (525-456 a. C.), el primero de los trágicos griegos, hace decir al corifeo en su Prometeo encadenado: «A los que están enfermos les resulta grato conocer previamente con claridad el dolor que aún les aguarda». Puede parecer asombroso que los clásicos, padres de nuestra cultura occidental y tan ignorados hoy, tuvieran ideas tan claras sobre las relaciones con el paciente y la veraz información que se le debe, pero les guiaba la recta razón. En aquella época, tal como afirma Werner Jaeger en Paideia el arte de la medicina era la única ciencia de la naturaleza que se basaba en la experiencia y en la observación cada vez más exacta; poco a poco se había ido desechando la magia y la superstición de la práctica médica hipocrática.
 
El conocimiento de la medicina formaba parte del conocimiento general de los griegos más ilustrados. El siglo V es el siglo de la Ilustración ateniense, pero no solo Atenas era el centro del saber. El desarrollo alcanzado en la Magna Grecia (sur de la península itálica y la actual Sicilia) era igualmente considerable. La que denominamos medicina hipocrática estaba influida no solo por los que ejercían en estos territorios, sino que la escuela de Cos, en el Asia Menor, era el germen de aquella. Cos fue el lugar de nacimiento de Hipócrates.
 
Pero la medicina practicada en esta época tenía referentes más antiguos. En los tiempos homéricos ―alrededor del 750 a. C.―, el autor de la Ilíada (XI, 514) narra como Idomeneo se dirige a Néstor para que guíe y lleve en su carro a Macaón, hijo de Asclepio, al lugar donde son necesarios sus servicios, diciéndole: «Un hombre que es médico vale por muchos otros». Por lo tanto, el valor del médico para restaurar al herido en la batalla estaba fuera de duda en el ambiente guerrero en el que nacían y se desarrollaban los hombres de las tribus indoeuropeas que poblaron la península balcánica. El afán del griego era morir joven y en pleno vigor, luchando; pero no perder hombres también era tenido en cuenta en estas sociedades guerreras. Al herido había que tratarlo y cuidarlo, si era recuperable.
 
Así pues, esta valía del médico venía de antiguo, de hecho, los médicos hipocráticos tenían una extraordinaria habilidad para el tratamiento de las heridas, fracturas y luxaciones, desarrollando ingenios que aplicaban con destreza, como atestiguan los «Tratados quirúrgicos»  dentro del Corpus Hippocraticum. Entre estos tratados, hay tres que concitan el acuerdo entre médicos y filólogos coincidiendo en que la autoría, aquí sí, es de Hipócrates de Cos (460-365 a. C.), tanto por la unidad metodológica ―son los escritos menos especulativos―, como por la lingüística . Estos son Sobre las heridas de la cabeza, Sobre las fracturas y Sobre las articulaciones, los más antiguos y que han tenido una influencia constante a lo largo de la historia de la medicina.
 
A los diversos tratados del Corpus, debe la medicina actual gran parte de la metodología clínica y muchos conocimientos prácticos, fruto de la observación y la experiencia, que han sido ratificados por sucesivas generaciones de médicos. Sin duda, la diferencia entre la téchne hipocrática y la actual no es despreciable, pero en lo concerniente a las cuestiones relativas a la profesionalidad y al encuentro clínico inicial nos siguen siendo de utilidad y aplicación, de manera que sigue nutriendo, en buena medida, los conceptos relativos a la deontología médica. No obstante, aun reconociendo esto, la invocación al Juramento hipocrático se hace con frecuencia, con el ánimo de fundamentar las conductas de los médicos, sobre todo en cuestiones relativas al aborto y la eutanasia, para afirmar que estas acciones son impropias de los médicos. Si bien lo relativo al aborto parece estar, relativamente, claro; no se puede afirmar lo mismo en lo que concierne a la eutanasia. Recordemos el párrafo completo: 
No daré a nadie, aunque me lo pida, ningún fármaco letal, ni haré semejante sugerencia. Igualmente, tampoco proporcionaré a mujer alguna un pesario abortivo.
 
Los médicos hipocráticos conocían la naturaleza venenosa de algunos medicamentos que manejaban. Así, por ejemplo, usaban granos de cicuta como cataplasma en los prolapsos de recto , siendo también el veneno que mató a Sócrates, contemporáneo de Hipócrates. ¿A qué se puede referir esta primera parte del párrafo? Según los especialistas, la eutanasia no suponía un problema en la antigüedad , el problema era el suicidio o la inducción al mismo, condenado por los pitagóricos, cuya tradición recoge, entre otras, el Juramento. Pero no solo era por la tradición, sino que el derecho ático tenía leyes que prohibían el envenenamiento y consideraban el suicidio como un crimen. Los médicos hipocráticos ponían un cuidado especial a la hora de suministrar fármacos venenosos, como el eléboro que solo se administraba excepcionalmente, porque la dosis terapéutica se desconocía.
 
Respecto al aborto, solo estaba sancionado en Tebas y en Mileto y formó parte del debate filosófico en Atenas, siendo recomendado por Platón en la República (461c) en caso de incesto y Aristóteles en la Política (1335b), por razones de limitar la procreación, indica la realización de abortos «antes de que surjan los sentidos y la vida» y añade que «la licitud y la no licitud estará determinada por los sentidos y la vida».
 
Los médicos hipocráticos conocían los abortivos, como consta en Sobre las enfermedades de las mujeres y los empleaban para realizar abortos terapéuticos. Solo un caso de aborto no terapéutico se puede localizar en Sobre la naturaleza del niño (13) donde se narra la provocación de un aborto de seis días, por consejo del médico que aconsejó un procedimiento peculiar: «saltar hasta llegar con los talones a las nalgas»; continúa el relato que «cuando ya había saltado siete veces, el esperma cayó al suelo e hizo un ruido» . Este suceso es algo anecdótico y hasta cómico, que recurre al «salto de las lacedemonias» modo de entrenamiento de las mujeres de la región de Laconia, en la que estaba la ciudad de Esparta. Un ejercicio que es descrito en la Lisístrata de Aristófanes.
 
Se puede afirmar, pues, que no hay evidencias de que los médicos hipocráticos practicaran el aborto no terapéutico, pero es obvio, según se ha comentado, que sí proporcionaban abortivos lo que contradice en cierta medida la tajante afirmación del Juramento.
 
Tampoco se puede afirmar que fueran contrarios a la práctica de la eutanasia. Por lo tanto, de acuerdo con lo anterior, resulta erróneo recurrir al «Juramento hipocrático» como fundamento para asegurar que la medicina hipocrática era contraria a la eutanasia. 
 
  1. En Tratados hipocráticos VII (1993). Madrid: Gredos.
  2. Lara Nava, MD (1993). Introducción a Sobre heridas de la cabeza. En Tratados hipocráticos VII. Madrid: Gredos.
  3. Juramento. En Tratados hipocráticos I (1990). Madrid: Gredos. p. 77.
  4. Sobre las fístulas. En Tratados hipocráticos VII (1993). Madrid: Gredos.
  5. Op. cit. (p. 80). María Dolores Lara Nava alude a Deichgräber y Edelstein defensores de esta tesis basada en la ética pitagórica.
  6. En Tratados hipocráticos VIII (1988). Madrid: Gredos. p. 259.
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