Domingo, 21 Octubre 2018

La Dra. María Castellano se despide de la Comisión Central de Deontología

La Dra. María Castellano se despide de la Comisión Central de Deontología

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La Dra. María Castellano, vocal de la Comisión Central de Deontología, se despide de su cargo. La catedrática de Medicina Legal y Forense ha querido mostrar su agradecimiento a sus colegas, a los Colegios que ha pertenecido y la Organización Médica Colegial (OMC) por haberle dado la oportunidad de colaborar con ellos

Madrid 19/09/2017 medicosypacientes.com

Dr. Castellano. 

Todo pasa y todo queda…  y con el poeta pensamos que nuestro deber es hacer camino, muchas veces ese camino ha sido transitado ya por otros que lo han allanado para nosotros, en otras ocasiones nos toca abrir la senda que con el uso quedará mejorada por los que nos sigan, y el sueño, llegar a hacer camino sobre la mar, sin hundirnos a expensas de la fe y otros aparejos.

En mi ya larga vida, uno de esos caminos me llevó por la Ética y la Deontología Médica, iniciado en Granada en los años 70 cuando la Comisión se reunía excepcionalmente y a petición de enfermos moderadamente insatisfechos con la asistencia médica recibida o los honorarios abonados. Desde 1981 hasta 1996 la etapa de Zaragoza me reveló ya una Deontología médica que se despertaba a una nueva relación médico-paciente y a una confraternidad entre colegas más competitiva y con una notoriedad más disputada. De nuevo en Granada, desde 1997 hasta 2008, llegan a la Comisión de Deontología temas como la publicidad en sus formas digitales, los temas relacionados con el origen de la vida, la genética y los emergentes derechos de los pacientes. Y ya desde 2009 hasta hoy, en la Comisión Central de Deontología; un honor y una satisfacción profesional y humana difíciles de superar. S/En esta etapa, se hizo evidente la necesidad de un nuevo Código de Deontología Médica que ampliara y actualizara los capítulos clásicos y diera entrada a todos los temas nuevos que la tecnología médica hasta entonces no había permitido, tanto en el ámbito del origen de la vida y la genética humana como en los aspectos sociales y legales de las relaciones profesionales en las nuevas organizaciones sanitarias públicas y privadas y el nuevo marco de relaciones con los pacientes. Se consiguió el objetivo junto a un número importante de Declaraciones dedicadas a temas que merecían más profundidad y una especial consideración; también aparecieron los Congresos de Deontología Médica tan fructíferos y eficaces.

En cada una de estas etapas crecieron mis conocimientos ético-deontológicos, mi capacidad de razonamiento legal, filosófico y ético, pero sobre todo crecí yo como persona capaz de ponerme en el núcleo de un conflicto y entender y explicar los argumentos de todas las partes, para acabar formándome el criterio personal de lo que era correcto a la luz de esa “ciencia de los deberes”  que nos ofrece pautas de conducta generales y compartidas por todos los que fueron capaces de comprometerse con los demás a través del ejercicio de la Medicina.

Con seguridad, lo más importante de esta dilatada experiencia ético-deontológica han sido las personas con las que me ha tocado compartir deliberaciones, que siempre generaban contraste de opiniones, esfuerzos de razonamiento y debates ricos en contenidos itinerantes, muchas veces, “entre lo divino y lo humano”. De todos y cada uno de los compañeros y compañeras de Comisión aprendí algo, y comprobé (experiencia extraordinaria), que con independencia de su edad o sus posiciones originales, esas personas cambiaban, dejando poco a poco su individualismo inicial para ir conformándose y amoldándose al grupo con el deseo unánime de aproximación a lo mejor, a esa excelencia que la Deontología propugna como objetivo.  

Estoy segura que desde la Comisión Central de Deontología se ha transmitido este espíritu a un gran número de médicos que, ante experiencias profesionales difíciles y conflictivas, se han introducido en la Ética Médica y la Deontología y han manifestado su interés por participar activamente en las Comisiones de Deontología de sus Colegios, o en los Comités de Ética asistencial de sus hospitales, es evidente el número creciente de Master, Expertos o Cursos, así como la nueva asignatura troncal de Ética Médica en las Facultades de Medicina.

Por ello, me alegra mucho que cuando surge la oportunidad de cubrir nuevas plazas en la Comisión Central de Deontología, se presentan numerosos candidatos y candidatas con el deseo de ser  elegidos y de incorporarse a esta apasionante tarea.

La próxima elección se presenta reñida, alguna revista médica ha introducido, incluso cierta polémica, ajena totalmente, en mi opinión, a la realidad de la situación. 

Llama la atención en los candidatos su preparación. Hace unos años los médicos que se aproximaban a las Comisiones de Deontología eran prácticamente llamados desde el Colegio por su reconocimiento entre los colegas como profesionales respetables y de criterio. Los candidatos y candidatas de hoy tienen amplia experiencia en las respectivas Comisiones provinciales, son profesores de materias relacionadas o han estudiado específicamente Ética y Deontología a través de Cursos, Master, Congresos y Jornadas aportando publicaciones que acreditan su preparación e idoneidad. 

Zanjado, favorablemente, el tema de la preparación óptima para el desempeño de la tarea, dos cuestiones aparecen como merecedoras de reflexión, respecto al conjunto de la Comisión resultante tras las elecciones. 1.  La representación de hombres y mujeres y 2.  La representación de las diversas especialidades.

En mi opinión no es materia baladí. Considero que algún o algunos miembros de las Comisiones de Deontología, y por tanto, también de la Central, deben ser mujeres. Por circunstancias históricas y de oportunidad me ha tocado ser mujer única entre hombres en algunas de mis actividades; es cierto que no todos los hombres piensan del mismo modo, al igual que sucede con las mujeres, no es que sean de esperar opiniones en bloque, ligadas al sexo, en el procedimiento y metodología de trabajo, pero si es cierto que la mujer aporta a los temas en los debates, una perspectiva vivida desde su posición vital y sus sensibilidades, diferente a la visión masculina, resultando a menudo, complementarias. En una Medicina feminizada en la actualidad y en el futuro, no se entiende la ausencia femenina en debates nucleares en la forma de llevar a la práctica la asistencia sanitaria, desde las directrices ético-deontológicas.

El segundo tema es el de las especialidades médicas. A la Comisión Central de Deontología (como a las Comisiones provinciales), llegan todo tipo de temas aunque es frecuente que existan formas de asistencia que recaen sobre pacientes más vulnerables o más frecuentes (atención primaria, trastornos mentales, pacientes oncológicos, mayores, neonatos y menores, reproducción asistida, personas privadas de libertad, salud laboral, ejercicio privado y público, etc. Igualmente, en la tarea de revisión del Código de Deontología médica o de elaboración de Declaraciones sobre temas específicos de especial interés es necesario contar con miembros expertos en derecho sanitario, porque lo primero es conocer el derecho y cumplirlo, y después dar el paso a la exigencia deontológica de calidad y excelencia en la personalización de cada caso. Por ello, considero que una Comisión de Deontología Médica será, probablemente más rica en sus debates, más dinámica y estará más próxima a la realidad médica asistencial, en la medida en que sea más diversa en la composición de sus miembros atendiendo a la especialidad que ejercen y respecto a estas especialidades más sensibles y más presentes en la sociedad actual.

Al margen de estas opiniones, el sistema de elección es adecuado y estoy convencida de que sea cual sea el resultado de las elecciones la Comisión resultante será la mejor comisión, y la Comisión necesaria en este momento y desde ya le auguro un gran éxito en sus trabajos. Yo creo con Adam Smith (Teoría de los sentimientos morales, 1759) en esa “mano invisible” que  dirige el proceso evolutivo de la humanidad y que está presente en  lo pequeño y en lo grande, aunque a mí  me gusta llamarle  “Providencia”.

Al iniciar estas líneas, traía el discurso largo “Muchas gracias y adiós”, pero no he podido sustraerme a la tentación de alargarme para expresar algo de mi experiencia como agradecimiento a los colegas, a los Colegios a los que he pertenecido y a la Organización Médica Colegial que me ha dado la oportunidad, en estos ocho años, de colaborar con ella, devolviendo algo de lo que se me ha regalado a lo largo de mi vida por parte de todas las personas a las que he conocido, desde reputados maestros, a aquellos con  menos reconocimientos pero que con su bondad, su afecto y su apoyo  han hecho de mí la persona que hoy soy. Muchas gracias y hasta siempre.