Domingo, 25 Junio 2017

Dr. Landa García: “Eutanasia y encuestas de opinión”

Dr. Landa García: “Eutanasia y encuestas de opinión”

Artículo

Algunas de las encuestas que se vienen realizando y difundiendo relativas a la eutanasia no recogen bien la opinión de los ciudadanos, según expone en este artículo el Dr. Landa, que considera que, incluso, algunas son sesgadas y utilizadas con un sentido manipulador. Es por ello que considera imprescindible diseñar con mayor concreción las preguntas a los ciudadanos y que puedan distinguir entre eutanasia y el concepto de ayudar a bien morir con sus diferentes posibilidades, si lo que se pretende es, realmente, recoger su opinión con mayor exactitud

Madrid 18/04/2017 medicosypacientes.com

Dr. José Ignacio Landa García.

Dr. José Ignacio Landa García. Cirujano General y del Aparato Digestivo. Miembro del Consejo Asesor del CGCOM
 
Hay varias definiciones del término eutanasia y difieren poco entre ellas. El diccionario de la Real Academia Española la define como una intervención deliberada para poner fin a la vida de un paciente sin perspectivas de cura o como muerte sin sufrimiento físico. La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la eutanasia como aquella acción del médico que provoca deliberadamente la muerte del paciente. En general, las diferentes definiciones tratan de asociarse con la muerte sin sufrimiento y se quieren englobar en un concepto más amplio y actual de morir con dignidad. Precisa la actuación de alguien, normalmente un médico. Es muy precisa la definición de la Sociedad Española de Cuidados Paliativos: “Conducta (acción u omisión) intencionalmente dirigida a terminar con la vida de una persona que tiene una enfermedad grave e irreversible, por razones com¬pasivas y en un contexto médico”
 
Señalar que existen importantes diferencias entre la sedación paliativa de un paciente terminal para evitarle sufrimientos, la adecuación del esfuerzo terapéutico a la situación clínica del paciente o evitar la obstinación terapéutica en pacientes a los que la ciencia ya no puede curar y por otra parte, la eutanasia en un sentido amplio de su acepción y el suicidio médicamente asistido, sin que sea el objetivo de este artículo entrar en discusión sobre estas diferentes posibilidades. La diferencia entre la sedación paliativa y la eutanasia es evidente y viene determinada por la intención, el procedimiento y el resultado. En la sedación se busca disminuir el nivel de consciencia, con la dosis mínima necesaria de fármacos, para evitar al paciente sufrimiento innecesario. En la eutanasia se busca deliberadamente la muerte anticipada tras la administración de fármacos a dosis letales, para terminar con el sufrimiento del paciente. El suicidio asistido podría considerarse un paso más al facilitar la muerte a un paciente únicamente por su propia decisión. Es un tema de extenso debate, que interesa mucho a la sociedad y a mí, la opinión de esta. Para ello, no hay más remedio que recurrir a las encuestas de opinión como único instrumento disponible.
 
Lo primero que llama la atención es que un tema tan trascendente y universal, sea tan mal tratado y tergiversado en base a estadísticas y encuestas de opinión. Hay muchas encuestas de opinión sobre el tema en España y en otros países. En la mayoría, las preguntas que se realizan son muy generales y pueden conducir a una respuesta equívoca sobre lo que realmente desean los ciudadanos. 
 
Como ejemplo, la última encuesta realizada por Metroscopia en nuestro país, entre enero y febrero de este año con la siguiente pregunta: ¿Debería tener derecho un enfermo incurable a que los médicos le proporcionaran algún producto para poner fin a su vida sin dolor? El 84% de los encuestados creía que sí. Por cierto, un 90% de los menores de 35 años dijeron que si, mientras que el porcentaje bajó al 74% entre los mayores de 65 años. Demasiada variación que podría conducir a un debate.
 
Si en vez de preguntar sobre “poner fin a su vida sin dolor”, hubieran preguntado sobre “ayudarle a morir sin dolor”, seguramente las respuestas positivas hubieran aumentado. Aunque ayudar a morir es un concepto muy amplio, es sin duda más aceptable. Ayudar a buen morir. Morir sin sufrimiento. Se rezaba y creo que aún se reza a San José para obtener la gracia de una buena muerte. La encuesta no aclara si “proporcionar algún producto” es que los médicos lo prescriban o que administren alguna medicación. 
 
La terminología utilizada en las encuestas es fundamental. Como muy acertadamente recoge R German Zurriaráin en su excelente artículo titulado “Vulneración de la dignidad humana al final de la vida” (Cuadernos de Bioética XXVIII 2017/1ª), cuya lectura aconsejo a los lectores interesados, los promotores de la eutanasia no sue¬len utilizar este término, sino que se refieren a ella po¬niéndole otras denominaciones “más suaves”: “muerte digna”, “ayudar a morir” a quien lo pide o solicita, de¬recho a morir con dignidad…
 
Por ello, el resultado de una encuesta como la última de Metroscopia no creo que traduzca la opinión de los ciudadanos sobre la eutanasia como concepto, sino la opinión de una mayoría de los ciudadanos encuestados de que se debe intentar evitar que un enfermo que se está muriendo irremediablemente no sufra de forma innecesaria. Si no es San José, debería ser la medicina actual con sus medios la que le evite el sufrimiento.
 
Entre estas últimas encuestas de opinión, una internacional que se ha venido difundiendo últimamente, en foros, informes y documentos, me ha llamado también la atención. La publicada por “The Economist” en junio del 2015 que incluía 11 países europeos más EEUU, Australia, Canadá y Japón. En primer lugar, porque me ha causado estupor y desconfianza, leer en algún documento importante de propuesta de ley (en su exposición de motivos o preámbulo de ley) que la encuesta había sido realizada en 15 países europeos, olvidando que cuatro países participantes en la encuesta no pertenecían a Europa.  Mal empezamos.
 
Creo interesante destacar algún comentario sobre la publicación que recogió la encuesta. “The Economist” es una publicación semanal en lengua inglesa, camino de los doscientos años de historia y que fue fundada por un banquero londinense en 1843. Hoy en día, se considera una publicación de filosofía liberal que apoya el libre comercio, la globalización, la libre circulación de personas, el liberalismo cultural y la libertad individual. Karl Marx que fue un importante antepasado ideológico del considerado pensamiento de izquierda, hoy día casi olvidado, acogió la publicación como “libro de cabecera” y se refería a “The Economist” como el  órgano de la aristocracia financiera, ya que describía muy bien la actitud de esa clase social. 
 
“The Economist” ha criticado a numerosos y variados personajes públicos por corrupción y deshonestidad, por poner algún ejemplo, desde Silvio Berlusconi al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, al que comparó hace unos meses con la dictadura que dirigía Robert Mugave en Zimbaue hace 15 años.
 
Actualmente el 50% de la publicación pertenece a dos conocidas familias, los Rothschild y los Agnelli, bien representadas en su dirección. No creo que se precisen comentarios sobre estas dos familias que tan bien representan al capitalismo de los últimos siglos. Entre suscritos y ventas en despachos de periódicos se calculan más de 200 millones de posibles lectores en todo el mundo, un 54% en EEUU, 17% en el Reino Unido y un 19% en Europa. Sin duda, es un líder de opinión.
 
En la encuesta “The Economist/Ipsos” publicada en el 2015 en los quince países que he señalado y que tanto ha trascendido, se hacía la siguiente pregunta: ¿Cree que debería ser legal o no que un médico ayude a un paciente de 18 años o más a terminar su vida, si así lo desea el paciente, siempre y cuando sea un enfermo terminal (considerando que le quedan 6 meses o menos de vida), mentalmente sano y que expresa un claro deseo de poner fin a su vida?. Señala la pregunta ayudar a un paciente a terminar su vida con ciertas condiciones: ser mayor de 18 años, restándole seis meses de vida, mentalmente sano y que quede claro la voluntariedad. Un 78% de españoles (2.112 encuestados entre 16 y 65 años) contestó afirmativamente, por encima de la media de los quince países encuestados que fue de un 69%. En la pregunta no se precisaba como debía ser la ayuda.
 
Sin embargo, la encuesta tenía más preguntas que no han sido tan difundidas y que precisan mejor el concepto de ayuda a terminar la vida. En la siguiente se preguntaba si el médico debe tan solo prescribir la medicación. Las respuestas afirmativas de los españoles bajaron a un 59%, también por encima de la media de 49.7% del resto de países. Y en la tercera, se preguntaba si el médico debía administrar la medicación. A esta contestaron afirmativamente un 66% de españoles, por encima de la media del resto de países de 56%. Queda claro que si solo nos referimos a la primera pregunta de esta encuesta, como han venido haciendo algunos, el concepto ayudar a morir es muy amplio y lo aprobaban un 78%, pero cuando precisamos “el cómo hacer la ayuda”, los porcentajes varían a la baja.
 
Cuando se realizó la misma pregunta referida a pacientes menores de 18 años en situación terminal, cuya decisión debe ser tomada por sus padres o tutores, fueron bajando los porcentajes afirmativos hasta un 35%  entre los españoles con referencia a los niños de diez o menos años y un 26.4% en el resto de países (con un 41% de ciudadanos que incluso lo considerarían ilegal). Las posibles interpretaciones de esta “paradoja” de sensibilidad hacia los menores se las dejo a los lectores. 
 
Hay más. En la siguiente pregunta, se centra la ayuda del médico en poner fin a la vida de un paciente no terminal, pero al que la medicina no puede ayudar y tiene un insoportable sufrimiento físico. Un 65%  de españoles cree que sí debe recibir esa ayuda, frente al 55% del resto de países que creen que no. Y por último, se les pregunta si en la misma situación anterior, la enfermedad se acompaña de un insoportable sufrimiento psíquico. Un 48% de españoles cree que sí debe recibir ayuda, frente a un 32.8% del resto de países. 
 
En estos dos últimos supuestos, los porcentajes bajan mucho del 78% inicial cuando al paciente no se le da un tiempo limitado de vida (seis meses o menos) y lo que se destaca como insoportable es el sufrimiento físico o el psíquico, este último, con valoraciones positivas por debajo incluso del 50% (48% y 32.8%). Los ciudadanos en España y en los otros países de la encuesta no valoran adecuadamente el concepto de sufrimiento psíquico insoportable. Los médicos sabemos muy bien hasta qué punto puede ser insoportable el sufrimiento psíquico de un paciente, incluso por encima del físico. Este reflejo de la opinión pública se enfrenta con los conocimientos médicos y pone en evidencia la necesidad de que estos sean tenidos en cuenta a la hora de legislar. No la opinión de solo algunos, por supuesto valorable, sino una opinión mayoritaria. El Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos debe ser sin duda líder determinante y responsable también de trasmitir a los ciudadanos la opinión de los médicos.
 
Volviendo a la pregunta del “The Economist”. Es prácticamente imposible precisar si a un paciente le quedan seis meses de vida o menos. Un ejemplo de la posible inexactitud de estas presunciones son los casos de presos excarcelados por la situación terminal de su enfermedad que han sobrevivido bastante más de seis meses, alguno reciente y polémico en los medios supero los dos años. Todo tiempo de sobrevida es muy importante. Me viene a la memoria, lejos de frivolizar y con profundo respeto al final de la vida humana, la anécdota del sultán que pospuso un año la muerte de un condenado que le había prometido que en ese tiempo haría hablar a su caballo. El condenado obtuvo inteligentemente un año más de vida en base a que en un año podían pasar muchas cosas. Pensemos a qué velocidad van los conocimientos médicos y en el tan repetido refrán de que mientras hay vida hay esperanza. 
 
También tengo mis dudas sobre si un paciente se puede mantener mucho tiempo “mentalmente sano” después de conocer que su enfermedad no tiene cura. Por su retina pasaran imágenes de familiares y conocidos. Así, se pueden plantear también dudas a la presunción de la consideración de mentalmente sano. 
 
La conclusión es que las encuestas que se vienen realizando y difundiendo por algunos, no recogen bien la opinión de los ciudadanos y que además, algunas son sesgadas e incluso utilizadas con un sentido manipulador. Voy a obviar algún ejemplo muy reciente en la prensa. Sería imprescindible diseñar con mayor concreción las preguntas a los ciudadanos y que puedan distinguir entre eutanasia y el concepto de ayudar a bien morir con sus diferentes posibilidades, si queremos recoger su opinión más real. Se suelen presentar dos situaciones muy diferentes: los pacientes con una enfermedad sobre la que la ciencia actual no puede hacer nada y no existen expectativas de salvar su vida en un tiempo relativamente corto (imposible precisar) y los pacientes en situación terminal de su enfermedad que precisan cuidados paliativos, lo que entendemos como atención médica al final de la vida que incluye la sedación. De la necesaria atención al final de la vida y la posibilidad de una sedación paliativa a la eutanasia o al suicidio asistido hay todo un mundo por legislar y es incuestionable la opinión de los médicos.