Martes, 11 Agosto 2020

Dr. Casado: “Con la eutanasia reaparecen los dos bandos”

Dr. Casado: “Con la eutanasia reaparecen los dos bandos”

Artículo

El Dr. Mariano Casado Blanco, médico forense,  subraya en este artículo que la aprobación parlamentaria que permite el comienzo del proceso legislativo para legalizar la eutanasia ha dividido a la sociedad y presenta el riesgo de que se adopten posiciones rígidas y de defensa de lo que plantea cada bando

Madrid 27/02/2020 medicosypacientes.com

Dr. Casado. 

Hace escasos días se materializó la aprobación parlamentaria que permite el comienzo del proceso legislativo, por el que se pretende normativizar el tema de la eutanasia y del suicidio médicamente asistido en la sociedad española.

Inmediatamente en los diferentes medios de comunicación hemos podido escuchar y leer opiniones e incluso reflexiones de diferentes personas y de colectivos sociales y profesionales los cuales, con mayor o menor conocimiento o acierto sobre la materia, han aportado su opinión.

Ante este hecho, es oportuno que todo el mundo pueda opinar y que manifieste su propia idea sobre el tema, pero también es cierto que pocos médicos son los que han opinado sobre el particular, y lo que resulta más sorprendente es que los que opinan lo hacen en nombre de todos los que formamos esta profesión, que somos muchos, algo más de 210.000 en todo el Estado español.

A bote pronto, la primera reflexión que se me plantea, es que parece como si se estuviera buscando dividir una vez más a la sociedad, en algo que a los españoles nos gusta tener presente casi de forma permanente, los conocidos "bandos", y así prefijar quienes están en el bando de los “buenos” y quienes en el de los “malos”, en función de determinadas opiniones y de criterios sociales que se vayan estableciendo, para configurar los dos polos.

Pero todo esto, ¿tiene algún significado real? En mi humilde opinión creo que poco o nada, pues originariamente esta división tiene simplemente un valor de posicionamiento -a favor o en contra-, y que por sí mismo no indica absolutamente nada desde un punto de vista objetivo, ni global, aunque sí puede ocurrir y de hecho creo que es lo que se persigue, que con el paso del tiempo estas posiciones se vayan convirtiendo en criterios o normas, que siguiendo el estilo platónico, traten o pretendan transformarse en algo indiscutible y sean presentados como realidades o pensamientos absolutos y entonces sí que se habrá creado y madurado la quimera de los dos “bandos”. 

Pero además esto presenta un plus, y no es otro que el riesgo a que se adopten posiciones concretas, rígidas y de defensa de lo que plantea cada bando, como si existiese “lo bueno en sí” o “lo malo en sí”, lo cual nuevamente y de manera evidente no conlleva ningún significado y si acaso, solamente a uno de los muchos engaños lingüísticos y estadísticos a que nos ha llevado el culto por el lenguaje y por las encuestas, pasando de ser unos excelentes instrumentos tanto de comunicación como de conocimiento, a transformarse en mecanismos de planteamientos de posiciones, de dominio o incluso de convencimiento, en los que las palabras y los números como una especie de “birli birloque”, que nada dicen, pudiesen abrir las puertas a los reconocimientos y aprobaciones de las ideas, que hayan conseguido hacer más presión o que hayan alcanzado tener mayor influencia social.

Y esto que se manifiesta en diferentes cuestiones sociales en la propia opinión de los ciudadanos, se puede ver reflejado en la profesión médica, donde igualmente y por los mismos métodos existe el riesgo de crear el “bando de los médicos buenos” y el “bando de los médicos malos”, con la consiguiente inseguridad que supondría para la propia profesión y para la sociedad.

Desde mi pequeño punto de observación, los que supuestamente se posicionan, de manera respetuosa, tanto a favor como en contra de la eutanasia y del suicidio médicamente asistido olvidan o no tienen presente que el estar o posicionarse tanto “a favor” como en “en contra” simplemente tiene un criterio de posición y donde tanto una postura como la otra tienen sus ventajas y sus inconvenientes, ya que cualquier posición u opinión aguantan acciones tanto buenas como malas en sí mismas, con independencia de los criterios de utilidad que se le quieran dar. 

Sabido es que existe el deber ético del médico en acompañar al paciente hasta el momento de la muerte y procurar que el acto de morir sea digno, mediante el respeto a sus decisiones y tratando de paliar, de un modo integral, todas las manifestaciones de dolor y sufrimiento.

Ahora bien, los médicos que se posicionan a favor de la eutanasia y del suicidio médicamente asistido parten del hecho de que es algo bueno, porque lo entienden como un método que es útil para alcanzar un determinado fin, lo cual es respetable, pero en ocasiones difícilmente comprensible en su totalidad. Por ello, no sé si lo hacen porque entienden que hay que dar una salida a determinados pacientes, y que esta es la única o la mejor solución, o bien se posicionan a favor y desean que se introduzca y se pueda aplicar no simplemente por las propias acciones, sino más bien su defensa se asienta en algún tipo de pensamiento, ideología, sentimientos o incluso emociones, de manera que están dispuestos a convertirse y actuar como agentes activos en la realización y aplicación del acto eutanásico o como figura de cooperador “técnico” al suicidio.

Uno de los pilares de la profesión médica es la protección de la vida y la protección de la salud de los pacientes. Tanto la vida como la salud son bienes jurídicos del ser humano y el mundo del derecho los califica como bienes jurídicos que son precisos de proteger, pero además la profesión médica los considera como los valores, que dan sentido a su actividad y además son valores porque tienen alguna relación con lo que se valora, en este caso la vida y la salud y por tanto, su distinción o defensa por parte del médico no puede ser arbitraria, subjetiva o poco concreta.

El despenalizar la eutanasia y el suicidio médicamente asistido sería para uno de esos "bandos" la manera de reconocer jurídicamente la dignidad de la persona vinculada a la autonomía, o sea la capacidad de autolegislarse y de ejercer el derecho de cada cual a ser tratado como un fin y no sólo como un medio, según decía el propio Kant, pero si esto se cumple, dónde quedarán los valores propios o intrínsecos de la profesión médica.

Por otra parte, hay quienes no aceptan que la dignidad de la vida humana pretenda poder determinar cómo morir, y por ello el proceso de morir lo contemplan como un proceso natural que tiene que plantearse de manera independiente de la voluntad humana y donde el médico debe estar presente, tanto desde el punto de vista científico como ético.

Y esto no son opiniones o números, son los verdaderos pensamientos, las verdaderas realidades, la verdadera encrucijada en la que se encuentra la profesión, y en definitiva son las dos concepciones de la dignidad humana, que no olvidemos se encuentran cargadas de valores, totalmente respetables, pero que es donde está el núcleo de creación de los "dos bandos", y que además creo que manifestadas en modos y posturas difíciles de aproximar.

Ahora que los responsables políticos debatirán y defenderán encendidamente sus enfoques y sus intereses, han de tener muy presente que tanto la profesión médica, desea que se establezca un equilibrio entre los derechos fundamentales a la vida, a la dignidad y a la libertad, pero teniendo muy presente lo que define a la profesión médica y los valores que enarbola y que da sentido a la misma, ya que si no se hace así la aplicación de la norma será o seguirá caminos un poco arbitrarios y con resultados muy comprometidos.

Y por lo que respecta a la profesión médica es momento de afinar el mensaje que tanto los médicos como la sociedad están esperando que se les transmita, pues entiendo que es la única manera de desarrollar las posibilidades de estructurar y defender una posición y un contenido, y así evitar posturas confusas.

No olvidemos que la eficiencia del mensaje que desde la profesión se pueda dar, será medido y tenido en cuenta, en tanto se logre la comprensión, tanto por parte de los médicos como de políticos y ciudadanos, sobre el mensaje que se quiere dar a conocer. 

No es tarea fácil la que tiene actualmente la profesión médica, ya que está en juego uno de sus pilares y por ello es preciso trabajar para buscar soluciones, y para que los dos posibles “bandos” puedan llegar a entenderse.