Jueves, 17 Octubre 2019

Dr. Bátiz: “Morir sin dolor”

Dr. Bátiz: “Morir sin dolor”

Artículo publicado en ‘El Correo’

Con motivo del Día Mundial de los Cuidados Paliativos, celebrado el 8 de octubre, el Dr. Jacinto Bátiz, jefe del Área de Cuidados del Hospital San Juan de Dios de Santurtzi y miembro de la Comisión Central de Deontología (CCD) de la Organización Médica Colegial (OMC), plasma en un artículo publicado en ‘El Correo’ la situación que se vive en este ámbito

Bilbao 11/10/2016 medicosypacientes.com

Dr. Bátiz.

La mejor manera de celebrar el Día Mundial de los Cuidados Paliativos sería que pudiéramos garantizar que quienes se encuentran en la fase terminal de una enfermedad puedan vivir su proceso de morir sin dolor y sin sufrimiento alguno. El dolor es, posiblemente, la primera asignatura de la medicina de todos los tiempos, pero continúa siendo uno de los retos en nuestra práctica diaria. Por otro lado, es incomprensible que, con todos los avances en los que estamos inmersos y los recursos terapéuticos tan sencillos y eficaces de que disponemos, no hayamos superado este problema en un porcentaje de enfermos. Hay enfermos en fase terminal que aún sufren dolor; es el síntoma que frecuentemente el enfermo asocia con la percepción de “no encontrase bien”, de estar empeorando o sentir que su enfermedad se agrava por momentos. El dolor suele ser el acompañante habitual del enfermo en el trance de morir.

Unos cuidados paliativos de calidad pueden garantizar morir sin dolor físico, emocional, social y espiritual. Les recuerdo la definición de estos cuidados que hacía la Asociación Europea de Cuidados Paliativos en 1998: Los cuidados paliativos son el cuidado total y activo de los pacientes cuya enfermedad no responde a tratamiento curativo. Para hacer cuidados paliativos es primordial el control del dolor y de otros síntomas y de los problemas psicológicos, sociales y espirituales. Los cuidados paliativos son interdisciplinares en su enfoque e incluyen al paciente, la familia y su entorno. En cierto sentido, hacer cuidados paliativos es ofrecer lo más básico del concepto de cuidar, lo que cubre las necesidades del paciente con independencia de donde esté siendo cuidado, bien en casa o en el hospital. Los cuidados Paliativos afirman la vida y consideran la muerte como un proceso normal; ni la aceleran ni la retrasan. Tienen por objeto preservar la mejor calidad de vida posible hasta el final.

La persona enferma tiene derecho a ser aliviado de su dolor y el profesional de la salud, a procurar dicho alivio con eficacia. Existen evidencias de que el inadecuado tratamiento del dolor no sólo es un problema ético o compasivo, sino que disminuye la calidad global de vida de la persona que lo sufre y también su esperanza de vida. Los médicos que estamos involucrados en el tratamiento del dolor tenemos que considerar que su inadecuado tratamiento cuando disponemos del conocimiento y los medios necesarios para ello, no es sólo una falta ética, sino además una negligencia médica.

El dolor y el sufrimiento se constituyen como una inadecuada situación de la persona al no poderse acomodar a la armonía del universo. Es, por tanto, nuestra labor como profesionales de la salud tratar de restaurar esta armonía, sobre todo al final de la vida. Los médicos hemos de tener una delicada sensibilidad que nos despierte el deseo de servir a quienes más lo necesitan. No podemos ser indiferentes ante el dolor de los demás y hemos de comprender que para ayudar a los enfermos no es suficiente la buena voluntad o la inclinación caritativa, sino que es indispensable instruirse, informarse e ilustrarse para ser realmente útiles y competentes.

Los profesionales que trabajamos en Medicina Paliativa tenemos presente que si el enfermo dice que le duele, es que le duele y si dice que le duele mucho, es que le duele mucho. Porque, ¿quién puede determinar que el dolor del otro es insufrible? En algunas ocasiones, ante nuestra actitud despreocupada ante el dolor del enfermo que nos solicita nuestra ayuda para aliviar su dolor, no se atreve a decirnos: el dolor lo siento yo y no usted, pero estoy seguro que sí lo piensa. Debemos respetar sus quejas de dolor, tomarlas como serias, establecer su naturaleza y severidad e instaurar un tratamiento para aliviarlas. Creer sus quejas es fundamental en el manejo del enfermo con dolor en su fase terminal e imprescindible para establecer una relación estrecha con el médico. El único que sabe lo que le duele es la persona que experimenta el dolor. 

Muchos enfermos sufren dolor al final de sus vidas, aunque no siempre lo manifiestan o bien se encuentran con el escepticismo de los médicos. Una valoración detallada de la queja del dolor y un tratamiento a medida pueden conseguir que incluso el dolor más intenso sea llevadero en sus últimos días.

Con frecuencia subestimamos el dolor del enfermo. Solemos considerar nuestro propio dolor como el dolor insufrible y el del enfermo como exagerado. Sería conveniente tener en cuenta esta definición clínica: El dolor es lo que enfermo dice que es, es lo que él describe y no lo que los demás pensamos que debe ser. El enfermo moribundo no debiera tener que enfrentarse con la ansiedad generada por el dolor ni con la frustración que genera el ciclo de llamar para que se lo alivien una y otra vez. 

El objetivo del tratamiento es disminuir el dolor hasta un grado aceptable por el enfermo, porque quien nos va a indicar la eficacia de la analgesia que le hayamos procurado va a ser el propio enfermo cuando nos diga: doctor, ya no tengo dolor. Los médicos hemos de emplear los analgésicos adecuados que mitiguen su dolor, aunque dicho tratamiento pudiera contribuir involuntariamente a adelantar la muerte del enfermo. Actualmente podemos ofrecer nuestra ayuda a los enfermos que prevén una muerte con dolor porque disponemos de fármacos eficaces y seguros. La potencia de la analgesia la determinará la intensidad del dolor y nunca la supervivencia prevista. Sería inhumano esperar al final para aliviarle el dolor porque no existe ningún motivo para retrasar el comienzo de una analgesia eficaz. 

En los estadios finales de la enfermedad, al enfermo y a su familia les interesa más el control de los síntomas que le provocan sufrimiento que el propio diagnóstico. El enfermo que sufre una enfermedad avanzada y terminal, usted que está leyendo este artículo y yo que lo he escrito, creo que estamos convencidos de que no queremos morir sufriendo dolor. Para finalizar este artículo en homenaje al Día Internacional de los Cuidados Paliativos, deseo recordar las palabras que escribió el Dr. Gregorio Marañón: un dolor curado justifica toda la vida de un médico.