Lunes, 1 Junio 2020

Dr. Altisent: “Empezar la casa por el tejado”

Dr. Altisent: “Empezar la casa por el tejado”

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El Dr. Rogelio Altisent, profesor de la Universidad de Zaragoza, explica en este artículo que una ley de cuidados paliativos “podría alcanzar el máximo consenso parlamentario”, sin embargo, asegura que la ley de eutanasia “ahondará la fractura social”

Madrid 09/03/2020 medicosypacientes.com

Dr. Altisent. 

El primer informe que aprobó el Comité de Bioética de Aragón en 2013 recomendaba a la administración sanitaria que se requiriera un perfil de formación y experiencia para ocupar las plazas vacantes en las unidades domiciliarias de cuidados paliativos. Al lector no especializado le parecerá que esto es algo de sentido común, pero todavía no existe una norma nacional que lo exija, y de hecho en ocasiones se han cubierto estas plazas con personal sin experiencia en cuidados paliativos, con el solo mérito de la antigüedad. 

A día de hoy en España tampoco se ha conseguido que los nuevos graduados en Medicina y en Enfermería tengan garantizada la formación en cuidados paliativos que incluye, por ejemplo, un manejo básico en el tratamiento del dolor y de la sedación. Las facultades de medicina siguen formando para el éxito, para dar años a la vida, y apenas se forma para dar vida y dignidad a los años, para acompañar en la despedida cuando llega la muerte de manera inexorable. 

Estos son solo unos botones de muestra que, en mi opinión,  ponen en evidencia la negligencia de una clase política que en los últimos 20 años, legislatura tras legislatura, con independencia del color político, ha sido incapaz de promulgar una ley de cuidados paliativos que garantice el derecho a una asistencia de calidad en la enfermedad incurable y avanzada donde se contemplen entre otros aspectos la formación, la suficiencia de recursos asistenciales o la titulación para expertos en cuidados paliativos. 

Nuestra medicina paliativa está por debajo de los estándares de cobertura que Europa exige, con importantes diferencias entre comunidades. A pesar de todo, estas unidades desarrollan una labor excelente allí a donde alcanzan, generando en la sociedad un auténtico clamor de gratitud, como se puede comprobar en las frecuentes cartas de agradecimiento que se publican en los medios.

Con este escenario no debe extrañar saber que 75 mil enfermos mueren todos los años en nuestro país sin la adecuada asistencia paliativa. El sufrimiento que esto genera, en buena parte evitable, es inmenso tanto en los pacientes como en las familias. Pero el Congreso de los Diputados ya tiene la respuesta para esta situación. Una mayoría parlamentaria acaba de iniciar el trámite de una ley de eutanasia por la vía procesal más veloz que la técnica legislativa permite, sin necesidad de comparecencias ni de informes de los organismos asesores del Estado. Todo un alarde de diligencia con un mensaje “sin paliativos” a la población: si con su enfermedad incurable usted lo está pasando mal o está haciendo sufrir a sus seres queridos nuestra sociedad le ofrece la solución. Un planteamiento sin autocritica y sin contemplar la mejora de la calidad asistencial.

En los próximos meses asistiremos a un encendido debate ideológico entre quienes defienden la disponibilidad absoluta de la propia vida  y quienes la niegan; entre quienes consideran que existe el derecho al suicidio y quienes lo rechazan. También habrá oportunidad de discutir acerca del papel que corresponde a los profesionales de la medicina en el proceso de la eutanasia. Los argumentos y las convicciones cruzarán sus espadas en el que sin duda será un debate ideológico de alta tensión donde tendremos ocasión de participar desde estas páginas.

La tesis que ahora quiero defender es que hacer una ley de eutanasia exprés, como al parecer se pretende, sin antes desarrollar una ley de cuidados paliativos con dotación presupuestaria, va a suponer una coacción para los más frágiles y débiles de la sociedad, a quienes se les envía un mensaje que muchos no podrán rechazar. Sostengo que esto, lejos de ser un avance social, es un síntoma de escasez moral. Pensemos tan solo en los 15 mil ancianos mayores de 100 años que actualmente viven en España.

Una ley de cuidados paliativos podría alcanzar el máximo consenso parlamentario y social. Poner por delante una ley de eutanasia como la ahora presentada ahondará la fractura social. Priorizar la polarización sobre el consenso no es una característica de buen gobierno. No empecemos la casa por el tejado.