Domingo, 23 Septiembre 2018

Dra. Mª Carmen Maroto: "Formación, independencia económica y personal, claves para conseguir la igualdad"

Dra. Mª Carmen Maroto: "Formación, independencia económica y personal, claves para conseguir la igualdad"

Artículo de opinión

La Dra. María del Carmen Maroto Vela, primera mujer miembro de número de la Real Academia Nacional de Medicina desde su origen en 1732, ocupa desde hace 19 años el sillón número 33 de esta institución -Microbiología y Parasitología Médica-, especialidad que ejerce como catedrática en la Universidad de Granada. En este artículo para Medicos y Pacientes reflexiona sobre el papel de la mujer en general y, en especial, en la Medicina, la investigación y en las instituciones como las Academias

Madrid 07/03/2018 medicosypacientes.com

Dra. María del Carmen Maroto Vela, primera mujer miembro de número de la Real Academia Nacional de Medicina 

Doctora en Medicina y Cirugía, especializada en el campo de la microbiología y parasitología; investigadora sobre la Hepatitis y SIDA, está casada con el también académico e investigador Dr. Gonzalo Piédrola Angulo y tiene tres hijos. En el año 2000 fue nombrada “Mujer de Europa” que cada año entrega la Unión de Mujeres por Europa bajo el patrocinio del Parlamento Europeo y el Instituto de la Mujer, entre otras numerosas distinciones. Para ella, las claves para conseguir la igualdad son formación e independencia económica y personal.
 
Dra. María del Carmen Maroto Vela, Académica de la Real Academia Nacional de Medicina de España
 
Soy una mujer que ha tenido una formación universitaria, dedicada a la Medicina, a la investigación (sobre todo de las enfermedades producidas por virus), y a las Reales Academias. Y, además, que ha amado la vida y la condición femenina. Por ello, he reflexionado mucho sobre el tema de la mujer y el trabajo, pero sólo debo de hablar seriamente y con propiedad, del papel de la misma en el campo sanitario, en la investigación médica, y en esas Instituciones antiguas, pero constantemente renovadas, que son las Academias. Porque es lo que conozco.
 
La mujer no ha sido bien considerada a lo largo de la historia, y personajes como Aristóteles (la mujer es sólo un hombre deforme), Erasmo (es un animal inepto y estúpido, aunque agradable y gracioso), o Flaubert (es un animal  vulgar, del cual el hombre se ha hecho un ideal demasiado bello), han demostrado claramente el pobre concepto que sobre ellas se tenía.
 
Realmente, si adquirir conocimientos  ha sido lento, desempeñar cargos de responsabilidad ha sido más lento todavía. Se ha necesitado mantener la condición femenina y adquirir nuevos saberes y capacidades de actuación. Ello ha llevado al término actual de empoderamiento, concepto que no acaba de satisfacerme, porque me recuerda demasiado, “a priori”, al de dominio en general, y falta de equidad y justicia.
 
Para ello ha habido que cambiar y olvidar toda una serie de ideas que ridiculizaban a las mujeres, y que han sido bien descritas por Molière en Las mujeres sabias o Las preciosas ridículas, e incluso por Quevedo en La culta latiniparda, en las que quedada claro el concepto que se tenía de las mujeres que estudiaban. 
 
Aún así, dentro del campo de la Ciencia, siempre han existido mujeres que ha destacado, como Laura Bassi (primera catedrática de Física y miembro de la Academia), Ada Byron (pionera en Informática), Lisa Meitner (fisión nuclear), Rosalind Franklyn (imagen de la estructura del ADN), Marie Curie (dos veces Premio Nobel), Barré-Sinoussi (descubridora del virus del SIDA) y muchas otras más que no podemos mencionar. Todas ellas, en su momento, caracterizadas por ser esposas, hijas o discípulas de científicos, pero con grandes inquietudes y deseos de aprendizaje.
 
Actualmente, el número de mujeres que desempeñan cargos en cualquiera de los tres aspectos citados anteriormente, se ha incrementado de forma clara. Las mujeres llenan nuestras Universidades y Facultades, son Investigadoras Principales de los más importantes proyectos de investigación del país, viajan al extranjero con Becas con la finalidad de ampliar sus conocimientos, e incluso, aunque de forma más lenta, están ocupando sillones en las Academias. Bien es verdad, que son minoría en Cátedras, Jefaturas de Servicios de Hospitales e incluso de otros cargos públicos.
 
Frente a todo esto, se está tratando de poner toda una serie de soluciones que van, desde una normativa legal para el establecimiento de cuotas, hecho con el que no estoy de acuerdo, porque la mujer, como el hombre, no puede alcanzar la madurez intelectual necesaria para un cargo, por decreto, con el consiguiente peligro de confundir el concepto de  excelencia por el de género; una mayor concienciación a nivel científico, y un incremento de la formación con la finalidad de una mejor incorporación a los puestos de trabajo.
 
Creo que siempre tendremos que exaltar la libertad y capacidad de la formación de la mujer, su derecho a conseguir los fines que se haya trazado, sin olvidar nunca su condición femenina. Soy médico y respeto la Biología y la Fisiología. Pienso que las mujeres no debemos olvidar lo que somos, no transformar lo que somos, no renunciar a nuestras neuronas, pero tampoco olvidar nuestras hormonas. Porque están ahí. La Premio Nobel Elizabeth Blackburn, preguntada por un periodista qué había sido más importante para ella, si el nacimiento de su hijo o la recepción de dicho Premio, contestó: La vida es como las mareas: tiene sus bajamares y pleamares. Sabia respuesta. 
 
Por otra parte, es necesario satisfacer la curiosidad y las inquietudes de las mujeres, tanto desde el punto de vista humano como laboral. Una de las preguntas que de forma frecuente me hicieron las alumnas de la Facultad de Medicina, es qué había que hacer para poder conseguir los escalones que había subido dentro del campo médico. Y les contestaba lo mismo que había dicho Virginia Wolff cuando le preguntaron qué necesitaba una mujer para escribir novelas. Reamente es la misma respuesta para todo: Independencia económica y personal. 
 
Por ello, no me cansaré nunca de exigir, a ellas, y a la sociedad, la formación integral, así como la igualdad de derechos y de obligaciones. Pero igualdad real, no como simple vocablo lingüístico, que está muy bien políticamente hablando, sino como ayuda para conseguir objetivos reales. Y, desde luego, respeto como ser humano, independientemente de la condición laboral o social.
 
En este día de celebración internacional de la mujer,  creo que se debe inculcar la idea de su capacidad para aspirar a hacer lo que desee. Puede olvidarse de Kant (a una mujer que habla de Física, sólo le falta la barba), porque no necesitamos tenerla; de Agamenón en La Ilíada (que Dios guarde al lobo en el monte y a las mujeres en nuestros lechos), porque podemos conseguir una vida plena, libre, sin tener que recurrir a aspectos sexuales. Sí, en cambio, recordar a Frida Kahlo, cuando afirmaba Soy una mujer que si quiere la luna, la bajo yo solita. Porque entonces tendremos una verdadera independencia e igualdad. 
 
Creo que tampoco debemos de olvidarnos del papel de los hombres en este tema. Y cito a un poeta, Walt Whitman: Soy el poeta de la mujer, igual que el del hombre. Y digo que es tan grande ser mujer como ser hombre. Y digo que no hay nada más grande que la madre de los hombres.
 
Como resumen en el día de hoy, las mujeres sólo reclamamos educación y formación adecuada y, sobre todo, respeto, mucho respeto para conseguir lo que deseamos y buscamos.