Martes, 11 Agosto 2020

"Una visión heterodoxa de la crisis financiera y social: claves para España"

Firmas

"Una visión heterodoxa de la crisis financiera y social: claves para España"

El Dr. Luis Ángel Oteo, analiza en este artículo los principales aspectos que rodean, en estos momentos, a la realidad económica envuelta en  una compleja encrucijada, así como los cambios que se esperan en el patrón de gobernanza global de aquí a 2050

Dr. Luis Ángel Oteo Ochoa, Dpto. Desarrollo Directivo y GSS ENS-ISCIII
 
Desde una perspectiva global podemos analizar de forma dinámica tres ciclos simultáneos e interdependientes en el análisis de la realidad política, económica, demográfica, tecnológica y social. Un primer periodo, lo enmarcamos en la actual crisis  financiera, económica y de deuda, cuyo impacto intergeneracional en términos de bienestar está siendo muy crítico. Un segundo periodo, con una prospectiva de medio y largo plazo, que es consecuencia de la segunda revolución económica y social mundial, y cuyo factor de globalización viene determinado por el proceso de innovación disruptiva tecnológica y el nuevo paradigma industrial. Por último, un tercer periodo, que representa el fin de la era dominante de Occidente. A este respecto, señalar muy brevemente que en el 2050, la población mundial rondará los 9.000 millones de personas; y que por ejemplo, la UE-28 representará sólo el 7% de esta población mundial, existiendo 10 asiáticos por cada europeo. De hecho, ya hoy los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) representan más del 40% de la población mundial y en torno al 25% del PIB, siendo estos países ?inapropiadamente llamados emergentes- quienes más impulsan la economía de mercado, estando a la cabeza China. El área asiática representará en los próximos veinte años el 50% del PIB mundial. Es decir, el mundo neo-maltusiano nos está dibujando una transición desde un patrón de gobernanza global trilateral (América, Asia y Europa), a una nueva bilateralidad asimétrica (G-2). USA#China.
 
En este contexto, y desde la perspectiva de nuestro País, los tres componentes esenciales de la grave recesión vivida (derrumbe del sector inmobiliario, contracción del crédito y desajuste fiscal) están íntimamente ligados e interaccionan entre sí, dificultando el retorno a un crecimiento más intensivo y sostenido. Sin duda, y más allá de algunos esperanzadores indicadores macroeconómicos, seguimos estando en una compleja encrucijada para salir del ciclo de convalecencia que aqueja a la economía real.
 
Son dos las teorías dominantes para certificar la catástrofe financiera que ha conducido a una crisis económica y de deuda agobiante para muchos de los países más desarrollados: En primer lugar, están quienes piensan que el origen de la burbuja inmobiliaria fue debido a políticas monetarias y fiscales claramente equivocadas, junto a la "interesada" impulsión de titulaciones hipotecarias auspiciadas por las agencias de calificación, que hincharon de forma ficticia el sistema bancario y que a posteriori se fue a pique. En segundo lugar, otros muchos expertos piensan que la esencia de la crisis actual está en los incentivos diseñados únicamente para la obtención de beneficios a muy corto plazo, con el trasfondo de una desregulación financiera que generó una hipertrofia del sector financiero global. Sin duda, la mayoría de los analistas coinciden en que esta crisis está obligando a Occidente a replantearse el contrato social que afloró tras las dos Guerras Mundiales, pero que además será necesario volver a la ortodoxia para que el capitalismo de libre mercado en su funcionamiento más eficiente trate de lograr que la industria financiera esté al servicio de la sociedad y no a la inversa, y que para ello los mercados deberán estar más regulados para evitar crisis futuras.
 
A finales del pasado año Reinhart y Rogoff (2013) analizaban las diferentes variedades de crisis que expresan desórdenes macroeconomicos (burbujas) en sus magnitudes principales. El siglo XX vivió varias de estas situaciones críticas como la Crisis de Pánico Financiero en 1907, la Gran Depresión de octubre de 1929 con una profunda contracción económica mundial, el Shock Inflacionista del Petróleo en los -70-, coincidiendo con el ciclo histórico de las dos Guerras Mundiales, y cuyos orígenes  del colapso estuvieron relacionados con las tensiones de la economía financiera,  el impago de deuda (default), la hiperinflación  y la quiebra de divisas (Ver Gráfico 1 en el original adjunto).
 
La narrativa económica desde la denominada "visión bancaria" que explica el estallido de la burbuja, considera que es la inflexión" brusca del precio de determinados activos, que se manifiestan en forma de préstamos vía sistema bancario.  La consecuencia directa, con variabilidad en el tiempo, genera restricción crediticia y caída profunda de la inversión que impulsa dinámicamente el proceso recesivo, caso de no restaurar la financiación del sistema bancario, bien temporalmente vía liquidez adicional, o bien mediante rescate por los Estados de los balances negativos a través de la compra directa de activos por parte de los Bancos Centrales (Autoridades Monetarias) o creando "bancos malos" para depositar los denominados activos tóxicos; o ambas vías simultáneamente.
 
Recientemente, la tesis de Mian y Sufi expuesta en su libro House of Debt (U. Chicago Press, 2014) contrapone, con una visión alternativa, una teoría diferente sobre la crisis financiera y sus efectos en la economía real.
 
Para estos autores, esta explicación desde el  sector financiero de la inevitabilidad del colapso crediticio, consecuencia del desapalancamiento bancario, no es suficiente para comprender la debacle recesiva a que ha derivado la crisis financiera global. Diferenciadamente, es la deuda  o el apalancamiento masivo tras el estallido de la burbuja, lo que ha contraído drásticamente la demanda agregada.
 
Las economías familiares, sobre todo las más endeudadas, han sufrido una pérdida drástica de su valor patrimonial neto, pudiendo llegar incluso a ser negativo, (hipotecas burbuja) cuando la depreciación del bien  inmueble  quiebra la relación  del binomio préstamo-valor.
 
Cuando la caída del patrimonio neto es tan brusca el gasto familiar se contrae dramáticamente, porque disminuye la riqueza de las economías domésticas,  y por tanto el consumo.  Los impagos y embargos generan externalidades negativas en el propio precio de los bienes y en consecuencia en las rentas familiares, porque además, esas economías familiares necesitarán reponer sus balances depreciados por medio del ahorro y por tanto con un menor consumo.
 
Cuando una parte significativa de los ingresos disponibles se destina a reducir la deuda familiar, como ha sucedido en España, ciertamente este ajuste explicaría causalmente la caída drástica del consumo.
 
El efecto combinado de estos factores sobre el consumo es variable en los diferentes tramos de renta; por ello, en última instancia, la recesión se ha generado y se realimenta por el descenso de la demanda agregada.
 
Es cierto además que la bajada de la inversión ha sido más acusada que la del consumo en las fases iniciales de la crisis -los economistas lo consideran natural- entendiendo que la inversión es un componente más volátil; sin embargo, para explicar los mecanismos recesivos de la crisis vivida (y sentida) en las economías socialmente avanzadas, es conveniente señalar que la inversión representa sólo una quinta parte del gasto agregado, mientras el consumo supone dos tercios de esta demanda. Por consiguiente, el efecto sobre la demanda agregada de un cambio porcentual en el consumo privado es tres veces superior al de la inversión.
 
Es altamente probable, que nuestra recesión haya sido esencialmente originada por la caída abrupta del consumo; visto desde otro ángulo, por el crecimiento de la deuda global y particularmente por las dificultades repentinas para refinanciar la deuda externa española.
 
España, si bien no se vio afectada directamente por el colapso del mercado de las subprime, el proceso recesivo pudiera ser entendido por este breve análisis retrospectivo, como así se expresa en el (Gráfico 2. Ver documento adjunto).
 
En este gráfico indicativo puede observarse el descenso abrupto de la inversión y más limitado o contenido el del consumo. Sin embargo, los dos elementos tuvieron el mismo efecto absoluto en la demanda agregada.
 
Para algunos economistas como Pastor (2014), la experiencia vivida con la crisis, precisa ser evaluada y reinterpretada para que las  políticas económicas que se apliquen contribuyan a suavizar los ciclos y reducir los cambios drásticos cuyos efectos son especialmente dramáticos para las economías familiares más frágiles. No parece éticamente presentable que la inundación  del mercado de liquidez para los bancos  procedente del Banco Central Europeo (LTRO: Long-Term-Refinancing Operations), no se haya trasladado suficientemente  en forma de crédito a la economía real, preferentemente a las familias y a la pequeña-mediana empresa.
 
Con esta visión de la crisis financiera aquí expuesta, evitar o limitar una depresión grave como la vivida, exige que desde la autoridad política y monetaria se de  preferencia en el rescate a la deuda de los hogares frente a la deuda bancaria, por sus mayores efectos impulsivos sobre la demanda agregada y el crecimiento económico; bien al contrario de lo que ha sucedido en nuestro País.
 
Esta experiencia también informa de que para evitar que el ajuste recaiga enteramente sobre el deudor, lo moralmente apropiado y deseable en una sociedad avanzada, sería que para reorientar futuras crisis,  los contratos y títulos hipotecarios  distribuyeran el riesgo entre acreedores y deudores con mayor equidad social, ante una posible  caída abrupta de precios de los activos.