Martes, 11 Agosto 2020

"Los incentivos deben ser socialmente transparentes"

Firmas

"Los incentivos deben ser socialmente transparentes"

El Dr. Rogelio Altisent, presidente del Comité de Bioética de Aragón, desgrana en un artículo para Médicos y Pacientes las líneas estratégicas de la Declaración "Ética de los incentivos a los profesionales sanitarios" entre las que destaca  que "los incentivos deben de ser socialmente transparentes" y recuerda que este aspecto de la actividad médica "será muy relevante en los próximos años"

Dr. Rogelio Altisent, responsable de la cátedra de profesionalismo y ética clínica de la Universidad de Zaragoza

El Comité de Bioética de Aragón ha publicado la Declaración "Ética de los incentivos a los profesionales sanitarios" donde se aportan una serie de reflexiones y argumentaciones que concluyen con siete  recomendaciones muy precisas que pueden servir como indicadores para evaluar éticamente la política de recursos humanos de una institución sanitaria.
 
La organización de los servicios de salud no se puede contemplar sin tener un criterio claro sobre el modo de enfocar los incentivos a los profesionales y sus implicaciones éticas. Hay opiniones muy distanciadas al respecto, y los gestores a menudo se encuentran desorientados entre la necesidad imperiosa de mejorar resultados y la dificultad para sintonizar con los profesionales. Por otro lado, es bien conocido que hay descontento entre los médicos y demás sanitarios, lo cual contrasta con el notable grado de satisfacción de la población, pero esto bien merecería un análisis en otra ocasión.
 
En estas líneas de presentación no procede repetir el contenido del documento que se ofrece, pues es breve y de fácil lectura, articulado en torno a tres preguntas: ¿Se debe incentivar a los profesionales sanitarios?, ¿Qué principios y valores podrían entrar en conflicto en la aplicación de incentivos?, ¿Qué tipo de incentivos son aceptables?
 
Me limitaré a señalar tres ideas contenidas en este documento.  Primera: se recuerda un principio de la ética profesional que define con claridad el Código de Deontología Médica al establecer que no se puede incentivar el ahorro de recursos de manera directa y exclusiva.   Segunda: Los profesionales deberían participar de manera transparente en la elaboración de los criterios de incentivación. La tercera idea propuesta es especialmente novedosa: se sugiere la participación ciudadana en la elaboración de los incentivos, o, al menos, facilitar que los pacientes tengan acceso a los programas y criterios de incentivación.
 
Se dice, como de pasada, algo que merecer ser subrayado: los gerentes deben tener entre sus áreas de capacitación la gestión de incentivos. Esto se traduciría en que los criterios de selección para acceder a puestos de responsabilidad en la gestión deberían incluir conocimientos y experiencia en políticas de incentivación. Los próximos meses serán un buen test para que los nuevos gobiernos autonómicos realicen un ejercicio de prudencia en este sentido, a la hora de elegir a quienes se van a constituir en responsables de la sanidad pública ?aunque esto también aplicable a instituciones privadas-.
 
Por último, se recuerda la necesidad de que los incentivos sean socialmente transparentes, tanto en relación con la propia institución como en la relación con la industria sanitaria, ya sea  individualmente por parte de los facultativos, ya sea corporativamente desde la gerencia del centro sanitario.
 
Es probable que este documento suscite discusión y controversia, que ojalá sea abierta y sincera, de modo que sirva para iluminar un aspecto de la actividad médica que, en mi opinión, será muy relevante en los próximos años.