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Martes, 16 Agosto 2022

Tribuna: "Del pensamiento mágico aplicado a los medicamentos genéricos"

05/11/2010

A propósito de los comentarios y declaraciones que se han venido realizando estos últimos días tras el anuncio de la Xunta de Galicia de financiar sólo el medicamento más barato de cada principio, y que han tenido un espacio destacado en numerosos medios de comunicación, el Dr. José Ramón Repullo, nos ofrece en esta Tribuna un espacio de reflexión sobre medicamentos genéricos y de marca, no exento de humor

Madrid, 8 de noviembre 2010 (medicosypacientes.com)

“Médicos y Pacientes” les ofrece el artículo realizado por el Dr. José Ramón Repullo, jefe del departamento de Planificación y Economía de la Salud del Instituto de Salud Carlos III

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Del pensamiento mágico aplicado a los medicamentos genéricos

Un medicamento es en esencia una molécula química específica y concreta; que ha demostrado eficacia a través de sistemas muy estrictos de ensayo clínico; que se ha comercializado por un laboratorio y a lo largo de muchos años ha mostrado su efectividad y los posibles problemas en su aplicación en condiciones habituales; que al cabo de un tiempo pierde la protección legal y pasa a poder ser producido por otros laboratorios; y que por haber amortizado en ese período el coste de investigación, puede venderse mucho más barato, pues el precio ya solo debe cubrir el coste de producción y los márgenes industriales y de comercialización.

Como la calidad de los medicamentos es un bien público a proteger, existen mecanismos de inspección y control que garantizan que lo que hay en cada pastilla corresponde al medicamento y dosis que dice el envase y el prospecto, que, a su vez, es lo autorizado oficialmente para su comercialización. Y esto se aplica para los fármacos de marca, como también para los genéricos.

Los pacientes que usan durante mucho tiempo un medicamento, suelen desarrollar preferencias en base a fidelizaciones que tienen que ver con el efecto farmacológico, pero también con el efecto placebo. Sabemos también que en ocasiones, las presentaciones y excipientes pueden añadir algún efecto sobre la absorción o la farmacocinética. Y que muchos ancianos aborrecen que les cambien el color, forma o tamaño de su medicamento habitual, porque les lleva a confusión cuando toman muchos fármacos.

Hasta aquí todo comprensible; no necesariamente aceptable. ¿Debe la sanidad pública pagar las preferencias del paciente cuando opta por una marca o genérico más caro? Los precios de referencia, como política ampliamente extendida en la Unión Europea, vienen a limitar la solidaridad pública al acceso a la molécula eficaz y efectiva que ha sido prescrita; la diferencia entre este precio de referencia y el del medicamento más caro preferido, es un “copago evitable”. Esta estrategia puede ser más estricta (precio más bajo) o más mitigada (media de varios genéricos más baratos con cuota de mercado suficiente); y también podría tener un marco de acción para facilitar excepciones en casos donde se juzgue clínicamente relevante el acceso a una de las opciones del mercado. Pero desde el punto de vista del principio bioético de justicia, parece sensato y razonable; no digamos en época de crisis.

También comprensible, pero menos aceptable, es la postura de los laboratorios farmacéuticos innovadores, que cuando pierden una patente y mantienen la marca de fantasía, pretenden llevar la fidelización al medicamento más allá de lo científicamente razonable. Y no es razonable otorgar a un fármaco más efectividad por la forma de prepararlo, o por la credibilidad que otorga la reputación del laboratorio. Y traspasan la fina línea roja aquellos que llevados por el entusiasmo comercial siembran la duda en la calidad de los productos de los laboratorios de genéricos que compiten en el mercado; dudas que afectan también a la credibilidad del sistema de control de calidad de la producción farmacéutica.

Pero lo que resulta definitivamente incomprensible, a la par que insensato, es que los médicos participen en un festival comercial, otorgando propiedades mágico-míticas a las marcas de fantasía en relación a los genéricos; una molécula es siempre una molécula; si se ha alterado la identidad (menos dosis o diferente substancia) alguien ha cometido una incorrección o incluso un delito. Pero algunos colegas llegan más lejos; opinaba uno a propósito de la política gallega de pagar sólo hasta el precio del genérico más barato, que los medicamentos no son todos iguales; lo mismo que no son iguales todos los vinos. Insólita esta deriva intelectual, que nos llevaría tan lejos como la incorporación de expertos catadores de pastillas, que calibraran la punta, el afrutado, el retropaladar aromático o el toque de roble; y quizás, exagerando, en las oficinas de farmacia deberían incorporarse un nuevo tipo de sommeliers que aconsejaran la mejor añada de las amoxicilinas o estatinas.

Intentemos que nuestra profesión no se deslice por esta patética senda de lo acientífico; el conocimiento es nuestro activo esencial; si perdemos el rigor científico quedaremos inermes ante la ignorancia y la codicia de las sociedades post-modernas. Enhorabuena a la Organización Médica Colegial por mantener el sentido común en medio de tanto ruido y tanta estupidez política, mediática y, lamentablemente, médica.

José Ramón Repullo
Jefe del departamento de Planificación y Economía de la Salud del Instituto de Salud Carlos III