Domingo, 16 Diciembre 2018

1ª mujer al frente de una misión sanitaria en Afganistán

Teniente Coronel Betegón: “En las FAS, las mujeres vamos alcanzando ya puestos de responsabilidad”

Teniente Coronel Ana Betegón, una mujer que después de estudiar Medicina, decidió entrar en el Ejercito y, tras más de 12 años participando en varias misiones sanitarias militares en Afganistán, se convirtió, con 52 años, en la primera mujer en dirigir un hospital de campaña -Role 2, en términos militares- en la base de Herat, en Afganistán

Madrid 07/03/2018 medicosypacientes.com/ T.A.
Teniente Coronel Ana Betegón en una misión en Afganistán
En una entrevista para Médicos y Pacientes, la Teniente Coronel Ana Betegón relata que entrar en el Ejército “fue duro, pero lo conseguí, casada y con 28 años” y expresa su convicción de que en las FAS,  “todos somos oficiales: hombres y mujeres” y “las mujeres vamos alcanzando ya puestos de responsabilidad” puesto que “vamos ascendiendo por años transcurridos”.   
 
Casada con un Coronel veterinario que también ha participado en misiones en zonas de conflicto, y con dos hijas -ahora ya mayores que han seguido los pasos de los padres- habla de que como se las arreglaban entre los dos para compartir las responsabilidades y turnarse en las misiones para estar uno de los dos con las niñas. 
 
En su trayectoria ha recorrido los escalafones oficiales: teniente, capital y comandante hasta llegar a teniente coronel, su actual escalafón en el cuerpo. Ha sido médico de la Unidad de Buceadores, del Regimiento de Infantería Motorizada Garellano 45 y médico de vuelo de la Base Aérea de Zaragoza algo que le ha ayudado a afrontar su trabajo en “misiones peligrosas” en las que, en las evacuaciones en helicóptero, tenía que compartir el espacio del material sanitario con el de las ametralladoras.
 
Su experiencia como jefe de la Unidad de Telemedicina del Hospital General de la Defensa, le ha servido en el campo de batalla para ejercer la telemedicina, una práctica de la que el Ejército español es puntera y que “nos permite tener a los especialistas a pie de campo”, la misma excelencia que el Ejercito del Aire, que “cuenta con un equipamiento sanitario de última generación”. 
 
En 1999, participo como médico de vuelo de los cazas españoles en la base americana de Aviano, en Italia, en   apoyo a las en misiones en Bosnia Herzegovina y, desde 2002, ha formado parte de 6 misiones en Afganistan, la última, al frente del hospital de campaña en Herat, donde, como muchos militares en misiones humanitarias en conflictos armados, se ha jugado vida ayudando y salvando a muchos compañeros, por lo que ha recibido numerosas distintivos y condecoraciones.     
    
Actualmente es jefe de la Unidad Médica Aérea de Apoyo al Despliegue en Madrid y trabaja con el mismo entusiasmo y entrega con la que se alistó en el Ejército y la misma pasión que ha conseguido transmitir a sus dos hijas que ahora, una es teniente de Infantería y otra oposita para ser veterinario militar.    
 
Usted es una de las primeras promociones de la mujer en las Fuerzas Armadas. Eran años en los que las mujeres no podían hacer la carrera militar ¿Cómo accedió usted?
 
Las primeras mujeres accedieron a las Fuerzas Armadas en el año 1988, por oposición a un ejército en concreto: Aire, Tierra o Armada. Yo fui de la primera promoción de Cuerpos Comunes, es decir opositábamos para entrar en el Ejército en general, no a uno en concreto. Una oposición muy completa, porque teníamos que superar un examen/test de medicina y otro oral; un examen práctico, un test psicotécnico, unas pruebas físicas y un reconocimiento médico. Cada uno de ellos era eliminatorio. Fue muy duro, pero lo conseguí, ya casada y con 28 años. Yo quería entrar en el Ejército porque siempre me ha gustado los valores que representa, unos valores que mi familia siempre me inculcó, aunque no había antecedentes militares. 
 
Primera mujer de las Fuerzas Armadas en asumir el mando de un hospital de campaña en Herat, Afganistán. ¿Qué supone este paso en las Fuerzas Armadas para una mujer?
 
Hay que tener en cuenta una cosa: yo no distingo entre hombres y mujeres; en el Ejercito, somos oficiales, pues nuestra formación ha sido la misma para todos. Sí que es cierto que, desde el punto de vista de incorporación de la mujer a las FAS, es claro que vamos alcanzando ya unos puestos de responsabilidad, para lo cual ha sido necesario que pasará un tiempo determinado, puesto que vamos ascendiendo por años transcurridos, excepto a partir de comandante que ya es necesario méritos. Por esto, la mujer no había podido llegar antes a puestos de esta responsabilidad.
 
En ese hospital de Herat -Role 2 como le denominan- usted estaba al frente de sanitarios españoles y también norteamericanos ¿Cómo asumen todos estar a las órdenes de una mujer?
 
Sin ningún problema; los americanos están mucho más acostumbrados que nosotros a que les pueda mandar una mujer. Llevan más años de incorporación de las mujeres en su estructura militar y, como militares, tenían claro que el mando del ROLE2 era español, así que no tuve ningún problema.
 
En la mayoría de las misiones en las que ha participado su misión era atender a los heridos. Ahora, por rango, le toca mandar ¿qué es más difícil o complicado?
 
Para mí, el mando es menos gratificante y, además, existe “lo de la soledad del mando” porque cuando tienes algún problema que resolver la decisión es tuya, aunque tengas personal que te pueda asesorar, pero la última palabra es del jefe.
 
La atención al paciente en el 99% de las veces es muy gratificante; se trata de salvas vidas y eso no es comparable con cualquier otra cosa. 
 
¿Como son los dispositivos militares médicos con los que trabajan en zonas de conflicto?
 
Actualmente, yo solo puedo hablar por el Ejército del Aire que cuenta con un equipamiento sanitario de última generación. La Dirección de Sanidad del Ejercito del Aire está haciendo un gran esfuerzo para renovar los equipos con el fin de que nuestro combatientes tengan una sanidad como la que podrían tener en España. Bueno, con menos listas de espera.
 
El personal de mi Unidad que se encarga de hacer esos despliegues de formaciones sanitarias están en un continuo adiestramiento, realizando instrucción en materia sanitaria y de despliegues de estructuras con conocimientos en fontanería, electricidad, automoción. Poca gente, pero muy bien preparada.
 
La sanidad militar españoles es puntera en telemedicina y también en bioterrorismo. ¿ha participado en alguna misión vinculada a esto último?
 
La telemedicina es un sistema de telecomunicación médico-paciente que hemos tenido que desarrollar en las Fuerzas Armadas debido a que ha zonas de operaciones no desplegamos todas las especialidades; no llevamos dermatólogos, ni psiquiatras, ni oftalmólogos, por poner algunos ejemplos. Utilizamos este sistema vía satélite para hacer una videoconferencia en tiempo real entre el especialista y el paciente. Nos permite enviar imágenes de radiología, tomografía axial computarizada, imágenes dermatológicas, electrocardiogramas y constantes vitales en tiempo real. Todo ello nos ha supuesto un avance en tratamiento de nuestro personal y en la ayuda humanitaria. Nos permite tener al especialista a pie de campo.
 
En cuanto a bioterrorismo, no he participado en este campo, pero me parece un mundo apasionante en el que hay mucho que hacer.
 
Como médico militar, ¿cómo es una misión de atención a las víctimas o rescate de heridos? ¿cómo es convivir con material sanitario y a la vez ametralladoras?
 
Las misiones son peligrosas pero apasionantes. Mi puesto era en los helicópteros, MEDEVAC (Medical Evacuation), junto con un enfermero y un técnico sanitario. El volar me encanta y si a ello le añades  salvar vidas, eso es increíble.
 
Convivir con material sanitario y militar como las  ametralladoras, no nos supone nada más que menos espacio para hacer nuestro trabajo. 
 
Usted es médico militar, ¿la atención a los enfermos está por encima de todo, sean cuales sean las órdenes militares? ¿Se siente antes médico o militar? 
 
Por encima de todo está el que nuestro personal tenga cerca la mejor sanidad; es lo que les sube la moral porque saben que, si les ocurre algo, allí estamos nosotros.
En cuanto a la segunda pregunta, desde mi punto de vista, no concibo una cosa sin la otra; ambas son dos grandes vocaciones.
 
Su marido es también Coronel, en su caso, veterinario y también ha participado en misiones en zonas de conflicto. Con dos hijas, ¿cómo conciliaban?
 
Bueno, él lleva más misiones que yo y hemos sabido perfectamente conciliarlo. Nunca las hemos dejado solas; nos turnábamos para estar siempre uno de los dos con ellas. No han tenido trauma alguno y lo mejor es que les hemos trasmitido la pasión por el Ejército. Prueba de ello es que, ahora, una de nuestras hijas   es teniente de Infantería y la otra que va a opositar a veterinaria militar. 
 
Es extraño que algunas convocatorias para la Sanidad Militar hayan quedado desiertas ¿Por qué cree que ocurre? ¿Demasiado riesgo en las misiones? ¿están bien pagado?
 
Esto es complejo; yo no entiendo que a la gente no le guste el Ejército. Es cierto que hubo un antes y un después, y costó mucho adaptarnos. Antes, nuestro trabajo estaba fundamentalmente en España pero, ahora, nuestra mirada está también en el exterior y nunca solemos desplegar en países tranquilos, por algo nos llevan allí; el riesgo tiene que gustar.
 
En cuanto a lo que nos pagan, yo opino que estamos pagados, sin más, porque si valoramos el riesgo que corremos, diría que estamos mal pagados, pero ¿cómo se debe valorar lo que se nos tiene que pagar cuando vamos de ayuda humanitaria a países poco desarrollados, escasas infraestructuras, con riesgos sanitarios importantes, zonas hostiles? Lo dejo a imaginación de cada uno.