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Martes, 16 Agosto 2022

Se está incubando un ambiente intolerante a los objetores

29/12/2009

Para el presidente de la Comisión Deontológica del Colegio de Médicos de Málaga, "nadie puede ser legítimamente obligado a ejecutar una acción que repugna seriamente a su conciencia moral". Por su parte el presidente de la Comisión Deontológica del Consejo Médico Andaluz, recuerda que el respeto y la protección de la vida humana es el fundamental mandato ético y deontológico de la actuación del médico

Madrid, 30 de diciembre 2009 (medicosypacientes.com)

Los presidentes de la Comisiones Deontológicas del Colegio de Médicos de Málaga y del Consejo Médico Andaluz, Joaquín Fernández Crehuet y Antonio Galbis respectivamente, se han pronunciado sobre la objeción de conciencia, en unas declaraciones que recoge en su última edición el periódico del Consejo Andaluz de Colegios de Médicos, “Andalucía Médica”.

Se está incubando un ambiente intolerante a los objetores

La mesa de Deontología y Objeción de Conciencia fue moderada por el profesor Joaquín Fernández-Crehuet, Catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Málaga y Presidente de la Comisión Deontológica del Colegio Médico de Málaga.

En su intervención, el Dr. Fernández-Crehuet se ha referido a la objeción de conciencia del médico diciendo que “en una sociedad avanzada constituida por personas responsables, con derechos y libertades nadie puede ser legítimamente obligado a ejecutar una acción que repugna seriamente a su conciencia moral”, añadiendo que “existe una dogmatización preocupante desde las normas legales que van conformando una ética civil al dictado de la legalidad vigente a la que no le emociona la objeción de conciencia y se está incubando un ambiente intolerante a los objetores”.

Según el catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Málaga y presidente de la Comisión Deontológica del Colegio Médico de Málaga, se está persiguiendo que -una vez despenalizadas ciertas acciones, como el aborto o la eutanasia- se vea como obligatorio que el médico las acepte, convirtiendo así al profesional en meros técnico, cuyos valores morales deben estar sometidos a la legislación vigente.

Advierte, por ello, que “legalidad” y “moralidad” no se identifican necesariamente y en consecuencia pide a los colegiados que sean críticos con la ética civil ya que nadie puede ser legítimamente obligado a ejecutar una acción que se oponga a sus valores éticos. En definitiva, señala que los médicos deben rebelarse pacíficamente -a través de la objeción- contra todo aquello que vaya en contra los derechos y de la dignidad humana.

Por su parte, el presidente de la Comisión Deontológica del Consejo Andaluz de Colegios de Médicos, Antonio Galbis, coincide con estos planteamientos y añade que la experiencia demuestra que los humanos tienen la capacidad de decidir entre varias posibilidades, aunque esta acarree la destrucción de su propia existencia, llevándolos a actuar de una forma diferente a lo que lo harían otros animales. Esto los hace diferenciar lo que se debe de lo que no se debe de hacer y diferenciar en consecuencia lo bueno de lo malo.

“La vida humana -ha declarado- debe considerarse como valor absoluto, independientemente de las características que acompañen a esta vida, aunque no pocos bioéticos y especialistas en derecho pretenden hacernos creer que la máxima de la dignidad se debe a criterios científicos y susceptibles de prejuicios”. En este sentido ha recordado que “todos los derechos humanos que se han declarado desde la revolución francesa fueron declarados sin apelar a procedencias metafísicas o religiosas y en muchas ocasiones, en contra de ella”.

En su opinión, “en los momentos actuales y dado el pluralismo de valores que se presupone, estamos asistiendo a la liquidación de la tradicional ética del médico”, por lo que “los médicos vivimos en la molesta experiencia de un control público creciente y la injerencia en su actividad, bien de grupos de presión, de opinión, de la administración o la justicia”.

Para finalizar, Galbis insiste en que el respeto y la protección de la vida humana es el fundamental mandato ético y deontológico de la actuación de cualquier médico.

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