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Viernes, 12 Agosto 2022

Se elabora la primera guía para analizar el beneficio real de las nuevas tecnologías en urología

20/02/2012

En época de escasez de recursos, los urólogos se planten la necesidad de determinar si las nuevas tecnologías son realmente coste-eficaces o, en muchos casos, no está justificada su aplicación porque no se traducen en un mayor beneficio para el paciente. Con el objetivo de hacer un análisis de esta situación, la Asociación Española de Urología (AEU), a través de la Oficina de Ética, ha elaborado la Guía “Nuevas Tecnologías. Propuestas para una correcta aplicación”

Madrid, 21 de febrero de 2012 (medicosypacientes.com)

En época de escasez de recursos, los urólogos se planten la necesidad de determinar si las nuevas tecnologías son realmente coste-eficaces o, en muchos casos, no está justificada su aplicación porque no se traducen en un mayor beneficio para el paciente. Con el objetivo de hacer un análisis de esta situación, la Asociación Española de Urología (AEU), a través de la Oficina de Ética, ha elaborado la Guía “Nuevas Tecnologías. Propuestas para una correcta aplicación”

Otro de los aspectos que se han tenido en cuenta a la hora de elaborar esta guía es el mayor conocimiento que actualmente tienen los pacientes sobre cualquier avance, gracias a Internet y a las redes sociales. Lo que en muchos casos se ha traducido en que exijan la última tecnología disponible, sin saber sus riesgos y beneficios.

Para el presidente de la AEU, el doctor Humberto Villavicencio, “los urólogos somos unos de los especialistas médicos que más hemos contribuido al progreso de la cirugía. Lo que nosotros vamos descubriendo es asimilado después por otras especialidades. Y, en este sentido, de alguna manera nos sentimos responsables de valorar si estas técnicas suponen una mejora en la atención a nuestros pacientes o si por el contrario implican un mayor riesgo para el enfermo. En este sentido, como sociedad científica queríamos poner nuestro granito de arena, saber si realmente estamos actuando con responsabilidad y evaluar la eficacia de nuestras actuaciones”.

Por su parte, el doctor José Jara, coordinador de la Oficina de Ética de la AEU, afirma que “cuando hablamos de innovación tecnológica o de sustitución de las tecnologías sanitarias actuales por otras más avanzadas, el criterio que debe justificar esta actuación es la de lograr una mayor calidad asistencial. Normalmente este tipo de decisiones implican un gran desembolso económico y también destinar recursos humanos que se ocupen específicamente de aplicarlas. Aunque a primera vista todo avance significa progreso, sin embargo la historia nos dice que muchos no llegan a consolidarse o se siguen considerando experimentales y otros, que ofrecían prometedoras ventajas han desaparecido por sus malos resultados”.

En este contexto, la AEU ha hecho un gran esfuerzo por recoger y sintetizar en este documento guía los principios éticos que deben presidir el uso de las nuevas tecnologías en el ámbito de la Urología, a partir de las recomendaciones de la sociedad Europea. El resultado ha sido un informe de 15 páginas y de fácil manejo para el profesional sanitario en general, ya que una gran parte de los principios que se recogen son válidos para cualquier especialidad quirúrgica.

“La realidad”, comenta el doctor Jara, “es que las nuevas tecnologías han irrumpido en la práctica médica con mucha fuerza y en Urología ha conseguido importantes avances. Además, si tenemos en cuenta el momento actual de crisis económica y de que el 50% del incremento del gasto sanitario está asociado con el cambio tecnológico, estas recomendaciones para mejorar el control sobre el riesgo-beneficio en el uso de estas técnicas tiene más sentido que nunca”.

Valoración de las técnicas y recomendaciones de los expertos 

En el documento se realiza una valoración gradual de las técnicas más avanzadas en la especialidad médica y de las verdades absolutas que se manejan sobre sus utilidades y beneficios. “Cada una de ellas”, explica el coordinador de la Oficina de Ética, “son enfrentadas a las evidencias científicas que los avalan para concluir en qué casos estamos ante afirmaciones sustentadas en estudios clínicos de buena calidad y cuándo son creencias sin ninguna prueba científica. A este control se someten las tecnologías en hiperplasia prostática o en cáncer renal, entre otras”.

Las recomendaciones se pueden resumir en cuatro aspectos clave: la necesidad de crear centros de referencia, en los que se introduzcan estas nuevas tecnologías; informar al paciente de forma veraz sobre la técnica que se le va aplicar; estandarizar los criterios de aprendizaje para evitar un mal uso y los errores y lograr una mayor implicación institucional en los sistemas de evaluación e innovación de nuevas tecnologías. Respecto al primer punto, el doctor Jara subraya que “los centros de referencia facilitarían tener mucha más información sobre su eficacia en el menor tiempo posible. Asimismo, cuando se informa al paciente hay que contarle incluso si ésta se encuentra en un periodo de experimentación o investigación. El uso de este tipo de tecnología tiene que ir acompañado de mucha prudencia por parte del profesional y de ahí la importancia de que se definan unos criterios para su uso correcto. Por último, es muy importante que las instituciones sanitarias se impliquen  en evaluar la eficacia y la seguridad de estas tecnologías”.