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Sábado, 13 Agosto 2022

Rincón del paciente: La hipertensión

12/05/2011

El músculo cardíaco funciona como una máquina de bombeo que al contraerse expulsa la sangre generando presión contra las paredes de las arterias –"tensión alta" o sistólica– asimismo entre una contracción y la siguiente esta presión disminuye –"tensión baja" o diastólica –ambos niveles varían durante el día siendo máximos en las primeras horas de la mañana y mínimos durante el sueño

En condiciones normales el esfuerzo físico, el cambio de tiempo o el clima frío, las emociones o el dolor, entre otros factores, pueden provocar una elevación que puede aparecer también en la rutinaria toma de tensión por la "inquietud" que habitualmente provoca.

La hipertensión

Basándonos en cifras normales de sistólica menor de 120 y diastólica no superior a 80 –siendo “normal alta” hasta 140/90– la hipertensión se define como la aparición de tensión sistólica mayor de 140 y tensión diastólica por encima de 90, existiendo en nuestro país una alta incidencia que requiere mejorar los controles y, por este motivo, todos deberíamos “examinarla” de vez en cuando porque las cifras actuales determinan que el 30% de la población adulta mundial es hipertensa a lo que hay que añadir que una tercera parte de los hipertensos no están diagnosticados.

Cuando se habla de hipertensión arterial esencial – el 90% de los casos – se menciona el proceso sin causa conocida por lo que no puede ser “curada pero si controlada” con cambios en la alimentación, en los hábitos o con una medicación adecuada, sin embargo, existe una hipertensión arterial secundaria que surge como resultado de patologías o situaciones concretas y diagnosticables.

La tremenda importancia del control de la hipertensión radica en que si no conseguimos estabilizarla va dañando progresivamente nuestras “piezas claves” como arterias, corazón, cerebro y riñón.

Es más frecuente en el varón porque las hormonas sexuales femeninas son protectoras pero esta situación declina durante la menopausia.

En el origen intervienen factores genéticos siendo más frecuente en la raza negra, alimentación inadecuada rica en sal y grasas saturadas y la obesidad que conlleva, la edad por “endurecimiento” de las arterias sobre todo a partir de los 65 años, el embarazo por acumulación de líquidos, el estrés, el consumo de más de 40 g de alcohol al día, sin embargo, el consumo moderado de cerveza o vino tinto es positivo, el tabaco porque deteriora el “dispositivo” vascular y dificulta la absorción de la medicación en hipertensos por lo que se acelera el proceso de arteriosclerosis, el café o el consumo excesivo de té a pesar de la corta duración de su efecto, entre otras situaciones. La hipertensión secundaria puede sobrevenir por enfermedad renal o suprarrenal, durante el embarazo o determinadas medicaciones entre otras causas.

Existen hipertensos que no tienen síntomas pero cuando están presentes aparece ansiedad, mareos, fatiga y dolores de cabeza en fases iniciales pero conforme evoluciona la situación puede aparecer confusión, visión borrosa, náuseas, vómitos, “zumbido” de oídos, hemorragia nasal, “hormigueo” o sudor excesivo.

Salvo ante cifras de 180/110 o superiores no se debe confirmar el diagnóstico hasta la realización de varias tomas en distintos espacios de tiempo – se puede utilizar el holter de tensión que se instala en el brazo para registrar y grabar la presión cada 15-30 min. durante 24 horas – y una analítica correcta, la radiografía de tórax más la prueba de esfuerzo con tomas de presión y el ecocardiograma bastarán para evaluar la situación.

En ocasiones la elevación de la tensión puede ser controlada en pacientes con niveles de 160/95 con una alimentación equilibrada rica en alimentos naturales de alto contenido en frutas, legumbres y verduras, ricos en calcio o potasio – lechugas o tomates – también en vitamina C – pimientos o cítricos – más los ácidos grasos esenciales como omega-3 y omega-6 – de absoluta actualidad televisiva – y el pescado añadiendo la necesaria restricción de sal, el ejercicio y la pérdida de peso consiguiente, la reducción del alcohol y la tan “espinosa” supresión del tabaco.

Cuando no se consigue el control con lo anterior, en los casos de tensión más elevada o ante la presencia de otras enfermedades, por ejemplo, diabetes o colesterol alto hay que utilizar los antihipertensivos valorando las circunstancias de cada individuo aunque se considera aconsejable intentar al principio utilizar un solo producto comenzando con dosis bajas.

Actualmente están en alza los antagonistas del receptor de angiotensina II porque estudios recientes determinan que reducen la afectación de corazón, riñón y cerebro.

Fuente: Dr. Juan Carlos Moreno
para medicosypacientes.com