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Martes, 9 Agosto 2022

Reflexiones del Colegio de Médicos de Vizcaya sobre los retos y futuros de la Sanidad vasca

19/10/2012

El Colegio de Médicos de Vizcaya ha elaborado un documento que recoge una serie de reflexiones sobre los retos y futuro de la Sanidad vasca con motivo de las próximas elecciones

 

Bilbao, 18 de octubre 2012 (medicosypacientes.com)

Retos y futuro de la Sanidad Vasca. Reflexiones del Colegio de Médicos de Bizkaia

Vivimos momentos de crisis y vivimos momentos electorales. En este contexto, desde el Colegio de Médicos de Bizkaia queremos realizar una reflexión previa a conocer a las personas en las que va a recaer la futura responsabilidad de guiar, de pilotar la nave de la sanidad en Euskadi en los próximos cuatro años.

Sirva este documento para manifestar de forma explícita la actitud de esta organización para colaborar con la futura administración, en pro de una sanidad enfocada hacia la mejora de la salud de nuestros conciudadanos. Pero al mismo tiempo queremos poner en valor los principios que consideramos que deben acompañar a la gestión sanitaria en Euskadi.

La crisis y las limitaciones presupuestarias han puesto en marcha una espiral de decisiones en las que, de forma un tanto incomprensible, predominan las líneas de actuación que inciden en los recortes y muy pocas decisiones que trabajen, de forma seria, en líneas de reformas.

La situación estructural sanitaria, desde tiempos anteriores a la crisis, clamaba por reformas que reenfocaran la deriva sanitaria con criterios de eficiencia. La situación de crisis no ha hecho sino poner en evidencia esta necesidad. Pero en vez de transformar el problema en una oportunidad, parece que las decisiones cortoplacistas solamente plantean soluciones de ajustes presupuestarios, recortes de plantilla, sobrecarga laboral… sin contemplar ni valorar a medio o largo plazo las consecuencias de su implantación, como la desmotivación, el desánimo, el burnout…. obviando otras medidas que incidan en cambios a medio plazo mas eficientes.

Plantear reformas en el sistema implica tener claro de forma meridiana los valores que deben primar en la toma de decisiones.

La equidad y la universalidad que han caracterizado a nuestros servicios de salud no pueden dejarse aparcados en la cuneta. Forman parte de la esencia de la sociedad que hemos conseguido y deben seguir siéndolo de la sociedad de las generaciones que nos sucedan.

Pero tampoco la eficiencia de las decisiones que se planteen puede quedar al margen. Y estas decisiones solamente pueden tener como base la evidencia científica y el consenso con los profesionales para poder proponer nuevas estructuras con nuevos servicios para la ciudadanía. Sólo con racionalidad y optimización de los recursos se podrá garantizar una sostenibilidad de la sanidad sin renunciar a los criterios mencionados.

Conceptos como desprescripción o prevención cuaternaria pueden ser nuevos para muchos compañeros, pero no son más que las consecuencias de hábitos o formas de hacer que nos han abocado a una medicalización de las cosas naturales de la vida, con resultados, en algunos casos, donde los secundarismos superan con creces a los beneficios.

El ciudadano del siglo XXI no concibe una labor asistencial fragmentada. Espera que el sistema de una respuesta integrada e integradora a sus problemas. Espera que todos los profesionales que intervengan en su cuidado manejen una información única y de calidad.

Ello nos aboca a la utilización de herramientas unificadas donde la tecnología debe estar al servicio de los ciudadanos. Donde el paciente es de todos y no es de nadie. Donde la integración de los distintos niveles asistenciales debe ser una realidad.

Somos conscientes de las resistencias que se plantean entre todos los actores del mundo sanitario ante planteamientos de cambios. Pero no son momentos de actitudes egoístas, donde lo local, lo personal, prime sobre un proyecto colectivo.

Uno de los factores claves para poder conseguir el éxito en los cambios es contar con la consulta, la participación y la implicación de los profesionales, que a la postre van a ser los encargados de desplegar y desarrollar los nuevos modelos que se propongan.

Las políticas de buen gobierno, de buena gobernanza, de forma que todos vean que la teoría se transforma en realidades, con transparencia y participación, pueden ser un pilar clave para lograr éxitos ante cualquier planteamiento de cambios.

Abogamos por un perfil de gestores profesionales que puedan aplicar criterios de gestión al margen de los vaivenes que la política y la demagogia populista generan, tan proclives a marcar las decisiones de las organizaciones sanitarias.

El espíritu neoliberal que parece acompañar a la crisis amenaza a la sanidad pública. La sanidad pública y la sanidad privada son dos aspectos complementarios que deben convivir en armonía y en colaboración pero desde perspectivas de autogestión. Rechazamos políticas que desmantelen los servicios públicos o mermen su calidad para, a la postre, favorecer transvases a la actividad privada. La buena salud de la sanidad privada debe basarse en la calidad de sus servicios y no en el deterioro de la salud de la sanidad pública.

Por fortuna, el concepto de salud supera con creces el meramente sanitario. Pero la prevención de la salud, su promoción, los aspectos socio sanitarios que la acompañan, la dependencia etc. implican la coordinación de múltiples áreas de trabajo y del fruto de este esfuerzo dependen los logros o los fracasos en torno a la salud.

La complicada situación socio-económica actual nos exige a todos los médicos que seamos, ahora más que nunca, unos profesionales comprometidos con la sociedad, dado que las consecuencias de la crisis se están cebando especialmente con las clases sociales más desfavorecidas.