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Lunes, 15 Agosto 2022

Problemas de circulación, después del verano

12/09/2008

Tras el verano, por el calor y quizás por algún kilo de más “adquirido”, nuestras piernas pueden manifestar pesadez, sensación de hormigueo, hinchazón, cambios de coloración e incluso dolor, y probablemente alguna varicosidad que antes no teníamos o no habíamos visto. A parte de su aspecto antiestético, puede resultar indicativo de una afección mayor: una mala circulación sanguínea.

PiernasVarices

La sensación de "piernas cansadas" puede ser el primer síntoma de un problema de circulación sanguínea, y este puede originar alteraciones vasculares como las varices. Para comprender lo que sucede, es preciso recordar que la sangre circula por todo el organismo de forma continuada. A través de las arterias, que constituyen la red principal, sale del corazón cargada de oxígeno y nutrientes que deben llegar a todas las células del cuerpo; la red principal se subdivide en redes secundarias (arteriolas y capilares) para alcanzar los puntos más distantes, por ejemplo las piernas.

Liberado el oxígeno y los nutrientes en todos los tejidos, y habiendo recogido en ellos el anhídrido carbónico y los desechos metabólicos, la sangre retorna y para ello utiliza el circuito venoso. Evidentemente en este circuito se intercalan, a modo de “estaciones de servicio”, órganos fundamentales como los pulmones, el hígado, los riñones, etc. que renuevan las condiciones necesarias de la sangre: la “depuran”.

Es necesario comprender que, en general, el retorno venoso se realiza en condiciones más precarias, casi siempre en sentido ascendente en contra de la fuerza de la gravedad. Afortunadamente colaboran la existencia de una presión negativa (a modo de “succión”) generada por los movimientos respiratorios, el bombeo del sistema muscular (desde la simple presión que ejercemos en los músculos de las plantas de los pies al caminar, hasta la contracción repetitiva de los de las piernas o los muslos) y un sistema de válvulas en el interior de las venas (a modo de innumerables y minúsculas compuertas capaces de abrirse y cerrarse, que en condiciones normales, por su especial disposición, permiten el flujo de la sangre en sentido ascendente pero no descendente).

Pero cuando todo o parte falla, el retorno no es el adecuado y el estancamiento venoso en las extremidades inferiores produce la pesadez, la hinchazón y finalmente las varices. Numerosos factores suelen estar implicados: la predisposición genética, la obesidad, la estatura, los embarazos, la falta de ejercicio, el tabaco, algunos medicamentos, etc.

Las varices constituyen la enfermedad vascular más popular, ya que afecta al 20% de la población adulta. Suelen manifestarse a partir de los 18 años, aunque de forma más evidente entre los 40 y los 60 años. No es del todo cierto que las mujeres estén mucho más predispuestas a padecer problemas circulatorios. Lo que sí es cierto es que los hombres consultan más raramente por problemas varicosos y sólo consultan cuando las molestias se hacen insoportables. Las mujeres, por los embarazos, por su peculiaridad hormonal y, si es el caso, por el uso de anticonceptivos orales, presentan una prevalencia mayor (2:1) de esta dolencia que los hombres.

Medidas de prevención

Conocido el origen de la insuficiencia venosa y las varices, resulta fácil dar una serie de consejos para prevenirlas.

  • Mantener un peso adecuado: dieta sana, equilibrada y justa en el número de calorías, y pobre en sal para evitar la retención de líquidos.
  • Beber mucha agua, para favorecer la filtración renal; controlar que la diuresis (cantidad de orina) se corresponda con la cantidad de líquidos ingeridos.
  • Incrementar la actividad física con la práctica de deportes que activen la circulación sanguínea como la natación, el ciclismo o los paseos a buen ritmo. El sedentarismo y, fundamentalmente, la permanencia prolongada en idéntica posición (sentado, de pie, agachado, etc.) favorece el desarrollo de la insuficiencia venosa y su sintomatología.
  • Siempre que sea posible, mantener las piernas elevadas. Es buena costumbre dormir siempre con las piernas levantadas (bastan 10 cm respecto de la cintura).
  • Evitar la ropa ajustada, sobre todo a nivel de las ingles y los muslos, y los calcetines o medias que "corten" la circulación.
  • Evitar los zapatos de tacón muy alto y los excesivamente bajos, porque dificultan la actuación de los gemelos, los músculos de las piernas responsables del bombeo.
  • Siempre que sea posible, utilizar pantys, medias o calcetines de compresión, sobre todo si existen factores de riesgo. En la actualidad, su aspecto, textura y colorido invalidan cualquier excusa para su uso.
  • Evitar el calor en general (sol, sauna, baño caliente) y las fuentes de calor próximas a las piernas en particular (radiadores, cera caliente). Para activar la circulación en las extremidades inferiores, al finalizar la ducha diaria, resulta conveniente pasar un chorro de agua fría desde los tobillos a las caderas; pueden intercalarse chorros breves de agua caliente.

Atención profesional

En un estadio previo, resulta conveniente la utilización de alguna crema o gel de los que se denominan “para la circulación”. Durante todo el año, pero especialmente cuando hace calor, es conveniente utilizarlos fríos (basta con tenerlos guardados en el frigorífico) o recurrir a productos que, por su composición, generan frío local.

Importa el producto (es decir sus principios activos) pero también la aplicación: conviene hacerlo con ambas manos, efectuando un suave masaje ascendente, fundamentalmente por la parte posterior de las piernas y la interna de los muslos.

Resulta conveniente realizar sesiones de masaje circulatorio. Deben ser realizados por profesionales, que conozcan el tema y que sean conscientes de sus limitaciones para, en cuanto sospechen una patología, derivar al paciente a un médico. La frecuencia de estos masajes dependerá de la mayor o menor concurrencia de factores de riesgo (personales, laborales, farmacológicos, etc.); de 1 a 3 sesiones semanales está bien, dedicando de 20 a 40 minutos para ambas extremidades inferiores.
Cuando se trate de algo más que simples molestias y, sobre todo, cuando se aprecien signos como la hinchazón, el enrojecimiento o las citadas varicosidades, procede consultar con un médico.

La historia clínica, la exploración física y la exploración complementaria (Doppler, Eco-Doppler y otras) permitirán establecer un diagnóstico preciso y las alternativas terapéuticas más eficaces y seguras. Desde la simple medicación con los llamados venotónicos, la presoterapia, la esclerosis química, o la fotoesclerosis (esclerosis con láser), hasta la cirugía cuando sea precisa.

En la actualidad, el desarrollo de las técnicas de esclerosis química, incluida la crioesclerosis (se utilizan sustancias esclerosantes a temperaturas por debajo de los 0ºC) y la esclerosis con microespuma (se utilizan sustancias esclerosantes manipuladas para convertirlas en algo del mismo aspecto que la espuma de afeitar), permite el abordaje prácticamente de la totalidad de las varices.

Además hemos asistido en los últimos años al desarrollo espectacular de las técnicas de endoláser (una fibra emisora de láser del tamaño de un cabello que se introduce en el interior de la variz para ejercer su efecto de dentro afuera) o de fotoesclerosis (láser y otras fuentes de luz externas).

Finalmente, para cuando es preciso, se han desarrollado técnicas quirúrgicas mini-invasivas, con anestesia local y microincisiones (apenas 1 ó 2 milímetros), que se realizan en régimen ambulatorio, permitiendo la reintegración sociolaboral inmediata del paciente.

Fuente: Dr. J. Víctor García Giménez
Centre Mèdic Europa – Barcelona para medicosypacientes.com