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Martes, 9 Agosto 2022

Presidente de la OMC: "¿Hay recortes justos aun en tiempos de bonanza económica?"

11/09/2012


-"Hay prácticas y servicios inútiles y hasta perjudiciales para los pacientes cuyos recortes serían justos y también éticamente obligatorios"
 

-"Tenemos un buen sistema sanitario por comparación con los del entorno europeo y OCDE, lo cual no significa que no sea francamente mejorable y que no tenga bolsas de ineficiencia que detectar y corregir"
 

-"Si un tercio de lo que hacemos no está justificado y encima hace daño, no comprenderlo es no entender de ineficiencia"

Para el presidente de la Organización Médica Colegial, el doctor Juan José Rodríguez Sendín, hay recortes justos aun en tiempo de bonanza, "porque no hacerlos es despilfarro y en tiempo de crisis son además necesarios". Con esta reflexión arrancó su intervención este sábado en el VII Curso de Verano de Bioética y cuyas principales ideas expuestas publicamos en la edición de hoy de "MedicosyPacientes"

Zaragoza, 10 de septiembre 2012 (medicosypacientes.com)

Presidente de la OMC, Dr. Juan José Rodríguez Sendín: "¿Hay recortes justos aun en tiempos de bonanza económica?"

Hay recortes justos aun en tiempo de bonanza, porque no hacerlos es despilfarro y en tiempo de crisis son además necesarios. Los servicios sanitarios, por sus características y dinamismo, por la tendencia a acumular y no sustituir, por la fragilidad e incertidumbre que portan, deben estar sometidos permanentemente a revisión. Pero no se trata únicamente de una labor de “teóricos” en conferencias, congresos, debates, etc., sino de las reformas y nuevas reglas que permitan introducir eficazmente los cambios necesarios. Y también es una tarea de cada uno de nosotros, de los profesionales sanitarios que decidimos sobre la pequeña pero importante porción de SNS  que gobernamos. No será posible avanzar sin una respuesta adecuada y proporcional a nuestras obligaciones diarias en cada uno de los compromisos adquiridos. Y esa responsabilidad para hacer los justo y lo necesario para cada paciente y para el SNS es una responsabilidad individual que depende sobre todo de cada uno de nosotros.

Es evidente que hay prácticas y servicios inútiles y hasta perjudiciales para los pacientes cuyos recortes serían justos y también éticamente obligatorios por lo cual para hablar de ellos es mejor utilizar otro termino como desinversión. Desinvertir supone dejar de financiar aquellos servicios superfluos o innecesarios para dedicar los recursos a otros servicios necesarios y sobre todo eficaces y eficientes. Sin  embargo, otros recortes son profundamente injustos si limitan o destruyen la mejor respuesta a las necesidades de los pacientes. De tal forma que es siempre preciso revisar y cuestionar sistemáticamente lo que hacemos.

Pueden surgir conflictos de interés cuando no existe el equilibrio adecuado entre el deber del médico para elegir objetivamente lo mejor para el paciente al mejor precio y el interés de las empresas comerciales cuyo objetivo es mejorar su cuenta de resultados. En el SNS se detectan una decena de problemas que pueden plantear conflictos de valores: relación atención primaria-especializada; abuso del Sistema Nacional de Salud; bajas laborales; distribución de recursos; confidencialidad; relación con la industria; comunicación de malas noticias; conflicto y relaciones dentro de equipos y servicios; libertad de prescripción y dificultad para actualizar la propia formación. Precisamente, de estos problemas que adolece el SNS, hay tres directamente relacionados con la industria en general y con la farmacéutica en particular,  que resultan especialmente relevantes: la relación con la industria; la libertad de prescripción y las dificultades para actualizar la propia formación.

Tenemos un buen sistema sanitario por comparación con los del entorno europeo y OCDE, en función de la cartera de servicios que presta, de los buenos resultados del mismo en función de indicadores generales y específicos  y del precio o porcentaje del PIB que dedicamos al mismo. Lo cual no significa que no sea francamente mejorable y que no tenga bolsas de ineficiencia que detectar y corregir. Se precisa, desde mi punto de vista, someter al sistema a una serie de cambios que, por un lado, regeneren sus comportamientos y reglas a nivel institucional y político y, por otro, reformas que desencadenen consecuencias múltiples con efecto multiplicador. Al primer grupo le corresponderían por ejemplo cambios legislativos para un mejor gobierno del SNS entre los que destacaría  los que precisa un Consejo Interterritorial lacónico e ineficaz aunque necesario para coordinar 17 estructuras autonómicas con intereses no alineados. Al segundo grupo serviría de ejemplo el  cambio del modelo retributivo de los profesionales sanitarios o de la política de recursos humanos, o evaluación y seguimiento de las tecnologías que se introducen en el SNS por una Agencia u organismo estatal único e independiente. El esfuerzo, en este sentido, hay que dedicarlo a que las propuestas lleguen a la agenda política, teniendo, por otra parte, en cuenta que hay agentes que van a impedirlo. Se trata, en definitiva, de rediseñar la función directiva, el problema de mal gobierno y por supuesto de introducir reformas que permitan  otorgar un nuevo impulso para recuperar ilusión y confianza mediante la participación, implicación y el compromiso de los profesionales.

En relación a la necesidad de revisar la cartera de servicios o desinvertir, recordar que actualmente, se estima que hasta el 50 por ciento del gasto sanitario puede tener relación con la incorporación de nuevas tecnologías, de las que, en buena parte, se hace uso inapropiado, ineficaz, no evaluado, se utilizan sin indicación, o bien no se utilizan en aquellos casos que sí están indicadas. Por tanto, que una tecnología se introduzca en el SNS no es garantía de que sea efectiva o eficiente. No debemos olvidar los procedimientos, innovaciones y protocolos clínicos ineficaces y obsoletos.

En definitiva, se desconoce la efectividad, seguridad y eficiencia de la mayoría de las tecnologías costeadas con fondos públicos. No se hacen análisis adecuados con respecto a la nueva tecnología ni tampoco en lo que respecta a pruebas diagnósticas, con frecuencia sin protocolizar y sin un análisis de su uso apropiado con las consecuencias en pérdidas de salud por errores diagnósticos. Nuestra cultura organizativa actual es así y entre otras cosas es lo que deberíamos esforzarnos en revisar y cambiar.

Además de las pérdidas en salud y los efectos indeseables de la utilización inadecuada, se estima que el 30 por ciento del gasto lo empleamos en tecnologías y procedimientos  inapropiados. Sobre ello, la profesión médica ha de hacer una reflexión madura y profunda sobre lo que tenemos que seguir haciendo. “El marketing prima sobre la ciencia” y los movimientos económicos que lo condicionan todo están detrás de parte de las decisiones políticas que se toman. Un ejemplo preocupante es la iniciativa en la Unión Europea que de salir adelante  permitiría a la industria farmacéutica informar directamente a la población general sobre las nuevas moléculas que se ponen en el mercado, con las consecuencias que fácilmente cabe suponer. Al parecer una buena parte de nuestros representantes europeos están por la labor. Otro ejemplo lo constituye que en la Asociación Médica Mundial volvemos a revisar la Declaración de Helsinki y resurgirá el debate de la modificación hace 3 años por estrecho margen del antiguo art. 29 de la misma por la cual es tolerable que en la investigación de una nueva molécula se pueda comparar sólo con placebo y no con la molécula precedente. Sorprendente cambio cuya iniciativa es fácil suponer que no parte de los intereses científicos y profesionales de los médicos. Buena parte del debate está en nosotros mismos pero es también un claro ejemplo de que las voluntades de los profesionales pueden modularse de muchas maneras.

La cuestión es no solo que transformaciones necesitamos sino cómo se ponen en marcha las medidas y propuestas que describen los numerosos informes con los que contamos. La principal herramienta de que disponemos es la palabra y el poder insistir con ella desde el prestigio que la sociedad nos otorga. Por otra parte, somos las instituciones las que tenemos la responsabilidad de alertar, estudiar, denunciar y proponer. Sin embargo, no conseguiremos nada si los mensajes no tienen repercusión y la profesión los acepta matiza o rechaza tras el debate  oportuno. De ahí que haya que insistir una y otra vez y para lo cual la crisis económica nos ofrece una oportunidad única  aunque no fácil de conducir.
 

GESTIÓN DE LA DESIGUALDAD

Si un tercio de lo que hacemos no está justificado y encima hace daño, no comprenderlo es no entender de ineficiencia. Y si nos da igual que el dinero se vaya por donde se vaya, como los recursos son finitos, nos está dando igual que los que salen especialmente perjudicados y afectados como los más desfavorecidos, los pobres, los peor informados, los más débiles y frágiles como, por ejemplo, los ancianos, los enfermos mentales.. O los "sin papeles", porque no va a haber recursos para ellos, porque al no tener capacidad reivindicativa se les va a quitar lo que, por otro lado, estamos tirando, que insisto, asciende a un 30 por ciento.

Por tanto, una de nuestras principales preocupaciones, en estos momentos, debe ser la gestión de las desigualdades en salud y es de lo que tenemos que hablar ahora los sanitarios, porque hay desigualdades ostensibles. Esta reflexión viene contemplada en el art. 7.4 del Código Deontológico, que dice “El médico ha de ser consciente de sus deberes profesionales para con la comunidad. Está obligado a procurar la mayor eficacia de su trabajo y el rendimiento óptimo de los medios que la sociedad pone a su disposición”.

Quería introducir otra reflexión en relación con preservar el SNS con la mayor equidad posible. Entendiendo como Patria el conjunto de elementos comunes a individuos que viven dentro de un territorio y determinan su forma de reaccionar, de hablar, de sentir y a los que se apegan y defienden en común. Bajo este prisma, considero el SNS como nuestra patria sanitaria y hay que preservarla como “bien público de primer orden que también identifica en los últimos años a España".

Cuando la equidad se rompe aumenta la desigualdad social que trae consigo un incremento del dolor, ansiedad, muerte,…y lo que no se acepta es que mi vecino tenga garantías para solucionar todos sus problemas de salud y no en mi caso.  Si esto ocurre y es evitable, se provoca una reacción intelectual y efectiva de rechazo al vecino, al familiar, al amigo, a la sociedad. Es una reacción muy dura porque puede conducir a la fragmentación, a la marginalidad que, a su vez, genera mayor desigualdad y, en muchos casos, disminuye la capacidad de tolerancia del ciudadano, detrás de lo cual asoma la violencia social incluso en los centros públicos y contra los profesionales sanitarios. Esta violencia va de la mano de más marginalidad, mayor consumo de alcohol, drogas, un determinante absoluto de la pérdida de equidad, con el riesgo del incremento de la delincuencia. Y hasta aquí es suficiente para apuntalar al SNS en otra de sus misiones como elemento  amortiguador de tensiones sociales incluso las que puedan sobrevenir de otras profundas diferencias sociales lo que permite disponer de paz social. Por cierto extraordinaria fuente de riqueza para cualquier país.
 

SER PRUDENTE Y NO DESESPERARSE

Ha llegado el momento de demostrar que esta profesión no teme los momentos difíciles. Son los tiempos que nos han tocado vivir y lo que hay que hacer en primer lugar es ser prudente y no desesperarse.

Quería hablar del papel de los Colegios de Médicos ante la crisis económica, sus extraordinarias repercusiones en la financiación del SNS que determinan su suficiencia  y más  concretamente en relación a los recortes retributivos  y de los cambios producidos en las condiciones de empleo. En este sentido, cuando las retribuciones van a influir en la calidad de la asistencia, la intervención del Colegio está legitimada, que no es lo mismo que reclamar sobre las retribuciones o condiciones de empleo porque no es nuestro cometido, ni estamos legitimados para hacerlo, lo que corresponde por Ley a los sindicatos.  Lo que sí debemos denunciar son tanto las consecuencia directa de las pérdidas de calidad que a partir de ahora se les impone a los pacientes, como las condiciones que en algunos casos se les está imponiendo a los profesionales sanitarios, alertar de las progresivas perdidas de poder adquisitivo de los médicos y de las consecuencias que los recortes indiscriminados pueden tener. Un ejemplo de ello es el aumento cada vez mayor de las listas de espera para responder a necesidades de los  pacientes, los déficits  formativos en los residentes por disminución del número de guardias que realizan o el acumulo de cupos asistenciales de alta frecuentación en Primaria...

Nuestro papel está centrado en reclamar la mejor respuesta a las necesidades de los pacientes, incluso, estamos obligados a denunciar las pérdidas de calidad observadas. Es por ello que en estos momentos, la ética y la deontología tienen un papel especial, pese a ser conscientes de las dificultades que entraña convencer solo con la ética y la deontología. En todas estas cuestiones intentaremos mediar, poniendo un ejemplo reciente como es el Colegio de Médicos de Zaragoza que se ofrece para  ejercer de mediador entre profesionales y Administración en la huelga convocada en Aragón.  Ha actuado satisfactoriamente, intentando estar presente y lamentando la situación en la que están inmersos los profesionales de Aragón, ya que lo que no pueden hacer es participar en un conflicto laboral. Lo que han hecho es ofrecer la mediación y analizar las posibles medidas para salir de la situación. Es una de las misiones que bajo este clima que se respira tienen que desempeñar los Colegios, el poner negro sobre blanco y denunciar las deficiencias. Asimismo, hay que intentar explorar caminos más fértiles, pues resulta lamentable que nos absorba la mayor parte de nuestro tiempo el debate de los recortes sobre nuestras retribuciones y que esta preocupación nos inunde. Pero los colegios de médicos tenemos que intentar compatibilizarla con la de velar por que nuestros pacientes no pierdan la calidad asistencial que necesitan y que están acostumbrados a recibir.

Otro camino productivos es el de ofrecer a los políticos las garantías suficientes para que cuenten con la participación y compromiso de la profesión médica en su conjunto para encontrar soluciones o al menos frenar el deterioro progresivo al que se puede conducir al SNS por el profundo desencuentro provocado en buena parte de las CCAA por los recortes sanitarios que lejos de controlarse aumenta y amenazan una fractura de consecuencias imprevisibles. De cualquier forma y por si nuestros responsables políticos no se han dado cuenta, en el momento en que nos encontramos es simplemente  imposible manejar y lograr soluciones adecuadas, sin la participación y el compromiso de los profesionales sanitarios. Espero y deseo que precisamente en tiempos de crisis no se pierda el sentido común ni el de la responsabilidad.