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Viernes, 19 Agosto 2022

Pocas instituciones deportivas incluyen la psicología deportiva como disciplina

29/09/2008

El deporte está sometido a un fuerte nivel de estrés antes y después de la competición, llegando a generar diversas patologías psiquiátricas como cuadros depresivos, trastornos en la alimentación, etc.

Bilbao, 30 septiembre 2008 (Redacción)

“Diversos estudios confirman que un deportista extrovertido, sociable, que comunica bien y que expresa sus sentimientos tiene un rendimiento mayor que otro más retraído o reservado”. A esta idea se ha referido José María Galletero, psiquiatra de Avances Médicos, S.A. (AMSA), en su análisis acerca de la psicología deportiva.

La psicología deportiva abre un panorama importante para poder acabar con los cuadros depresivos entre los profesionales, donde también juega un papel fundamental la prevención. “Es importante concienciar a las instituciones de que además del cuidado físico, el deportista necesita un cuidado psicológico, pues ambos factores aumentan su rendimiento”.

Los cuidados psicológicos son importantes para detectar problemas mentales e incluso el consumo de sustancias tóxicas, “que es más común entre profesionales que en deportistas aficionados”. Además, la psicología también favorece la dinámica de grupo, la cohesión del equipo y mejora el rendimiento final. “La ayuda psicológica debe instaurarse en el ámbito deportivo y las instituciones deben apoyar esas acciones con el fin de prevenir patologías psicológicas y conseguir mejores resultados”.

Tal y como afirma José María Galletero, “cada vez hay más interés por el consumo y abuso de determinadas sustancias, pero pocas instituciones o equipos profesionales instauran la psicología deportiva como disciplina”. A su juicio, el deporte está sometido a un fuerte nivel de estrés antes y después de la competición, llegando a generar diversas patologías psiquiátricas -cuadros depresivos, trastornos en la alimentación, etc-. Y es que, estos problemas afectan tanto a los deportistas de alta competición como a los amateurs.

Según explica, los deportistas son personas con una fuerte disciplina y que pueden llegar a ser muy obsesivos. “Incluso el cuidado de su cuerpo tiene una carga muy fuerte, llegando a desarrollar elementos obsesivos, hipocondríacos y hasta diversos trastornos de alimentación, ya que tienen unos regímenes alimenticios muy severos”. En este sentido, el psiquiatra pone el ejemplo de Estados Unidos, donde es frecuente que los deportistas presenten trastornos por déficit de atención e hiperactividad, así como estrés postraumático al interrumpir su actividad tras sufrir lesiones que les impiden el ejercicio de su deporte o precisar largos periodos de rehabilitación fuera de la competición.

Apoyo en el final profesional

Admitir el fin de la carrera profesional es uno de los momentos más difíciles para el deportista, sobre todo si ese momento llega de forma inesperada y antes de tiempo. “El deportista de alto rendimiento sabe cuánto dura su carrera y normalmente está preparado para ese fin. En esos casos no es difícil asumirlo y, además, siempre siguen conectados de alguna forma, como entrenadores, profesores, ligados a los clubs o como meros aficionados o seguidores de un deporte”.

Cuando la actividad concluye de forma brusca como en casos de retirada debido a una lesión, se manifiestan una serie de consecuencias psicológicas. Cuadros depresivos, estrés postraumático o problemas para adaptarse a la nueva situación son los casos más frecuentes. “En esta situación las expectativas se ven truncadas y la ayuda del psicólogo es fundamental para que el deportista se adapte a su nueva realidad”.

Por otro lado, el consumo de sustancias que incrementan el rendimiento entre los deportistas presenta una tendencia al alza —más en profesionales que en amateurs— porque, según apunta el experto, se están desarrollando fármacos que pueden incrementar la resistencia al esfuerzo o que mantienen un nivel alto de alerta, como son algunos productos utilizados para la narcolepsia. Estos medicamentos, que estimulan el sistema nervioso central, son los que se han detectado en algunos deportistas y sobre los que se ha aumentado su control “Hay que tener cuidado porque estos productos conllevan problemas para la salud a largo plazo. Se busca el máximo rendimiento pero hay que cuidar a la persona”.

Según explica Galletero, las sustancias estimulantes no sólo aumentan la atención, la concentración o la resistencia, sino que también pueden potenciar la irritabilidad, el mal humor o la deshinibición.

El entrenador ‘paternal’

La relación entre el deportista y su entrenador es fundamental y constituye un eje clave en el desarrollo integral del deportista. “Es frecuente que el entrenador desempeñe el papel de padre y madre. Los equipos deportivos pueden ser una representación de la familia, donde esa actitud favorece la cohesión del grupo y lo hace más sólido”. Tal y como señala el psiquiatra, cada perfil de entrenador es distinto, “algunos son muy cercanos y afectuosos mientras que otros tienen un carácter más gruñón o autoritario”. Y aunque no hay un modelo único, sí sucede que cada perfil marca un estilo propio.

Se han descrito casos en Estados Unidos de entrenadores que se caracterizan por una actitud que roza el maltrato psíquico y acoso al deportista. “Se trata de personas que presionan mucho, llegan a denigrar al deportista ante sus compañeros como elemento de motivación”. Según el experto, estas acciones repercuten de forma directa en el rendimiento de la persona y en su estado psicológico, llegando incluso a volverse en su contra en determinadas ocasiones.

Descarga de energía

El ejercicio físico en sí mismo favorece la salud mental, ya que es una descarga de energía agresiva que se canaliza a través del deporte y también sirve para manejarse en la vida, ya que eleva la autoestima y desarrolla habilidades sociales. “Tanto sólo como en grupo, la práctica de deporte favorece la maduración psicológica de los que lo practican”, apunta Galletero.

Además, y según explica el experto, el deporte también es bueno para los espectadores. “Para los hinchas de un equipo, por ejemplo, resulta beneficioso porque se fomenta la identidad con el grupo y se descarga energía de una manera bien canalizada”.

En este sentido, el experto destaca que el deporte, para los aficionados, puede tener también una vertiente negativa en cuyo caso la agresividad se desborda y se pierdan los papeles. “En esos casos no se canalizan los impulsos de forma adecuada y simplemente se libera la agresividad, sin elaborar”. Suele suceder en deportes de masas, donde es más común que se den conductas primitivas y conflictos verbales, incluso entre las personas del mismo equipo”.