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Lunes, 15 Agosto 2022

Pediatras de Atención Primaria abogan por la identificación precoz de la depresión y trastornos de ansiedad en niños

14/10/2011

La Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP) dedica su XXV Congreso, que se celebra estos días en Santiago de Compostela, a una problemática cada vez más frecuente como son los trastornos de depresión y ansiedad en niños que afectan a casi el 20 por ciento. Los pediatras insisten en que el diagnóstico precoz de este tipo de patologías es un elemento esencial para un buen pronóstico y resolución de la misma

Santiago de Compostela, 14 de octubre 2011 (medicosypacientes.com)

Los trastornos de depresión y ansiedad en la infancia y adolescencia son cada vez más prevalentes y afectan a entre el 10 y el 20 por ciento de los niños. Sin embargo, no todos los afectados están diagnosticados y, de éstos, es difícil que todos se traten de forma adecuada, utilizando las intervenciones terapéuticas más efectivas.

La importancia de un adecuado diagnóstico y tratamiento implica tanto el alivio del grave malestar en el niño como el evitar la cronificación del cuadro, la aparición de comorbilidades y la evolución de la enfermedad en la vida adulta. Por este motivo, el XXV Congreso de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y de Atención Primaria (SEPEAP), que se celebra estos días en Santiago de Compostela, dedica un espacio a la identificación precoz de la ansiedad en los niños.

Según la edad del niño y su desarrollo cognoscitivo y emocional, las manifestaciones de la ansiedad pueden variar y estar influenciadas por sus vivencias, educación, el medio en el que vive e, indudablemente, por su temperamento y genética.

“La sintomatología se puede manifestar con síntomas físicos como cefaleas, dolores abdominales y torácicos, náuseas, vómitos, dolores inespecíficos, palpitaciones, sudoración, falta de aire, sensación de frío o calor y temblor, entre otros muchos; alteraciones cognitivas como intranquilidad, miedo, angustia, desasosiego, preocupación inespecífica, dificultades de atención y de concentración, de memoria y la lentitud del pensamiento; alteraciones motoras como inquietud; y alteraciones emocionales como llanto, enfado e irritabilidad”, según ha explicado el doctor Jesús García Pérez, pediatra y miembro de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP).

Dentro de los acontecimientos vitales estresantes se deben señalar algunos que están presentes con mucha frecuencia en la vida de los niños como son “la separación o divorcio de los padres, sobre todo si conllevan discusiones frecuentes y graves entre ellos, el alcoholismo o toxicomanía de los padres, enfermedad grave física o mental de los mismos, deficiente rendimiento escolar, cambio de nivel económico y pérdida del trabajo paterno”, indica el Dr. García Pérez. “Evidentemente, -añade el experto- no a todos los niños les afectarán por igual, ya que la presencia de factores protectores ayudarán a una buena adaptación”. Entre éstos destacan: temperamento “fácil”, habilidades en resolución de problemas, y toma de decisiones y un desarrollo saludable.

Depresión en los niños

La depresión es un trastorno psiquiátrico que sufren los niños desde edades tempranas y que el pediatra debe tener en mente en su práctica clínica habitual. El diagnóstico requiere pensar en el trastorno, conocer sus características clínicas y disponer, en la medida de lo posible, de varias fuentes de información. “Los niños son una fuente de información altamente fiable y conocer lo que les sucede solo requiere a veces tiempo y dedicación”, comenta el especialista. “Además, -añade el experto- la depresión es una enfermedad que tiende a evolucionar de forma crónica y que condiciona toda la vida del niño. Por ello, reconocerla y diagnosticarla es uno de los mayores servicios que los pediatras pueden prestar a sus pacientes”.

Según los expertos, el diagnóstico precoz de las enfermedades de este tipo en los niños es un elemento esencial de la evolución y el pronóstico, más aún cuando se trata de enfermedades psiquiátricas que interfieren en el desarrollo emocional de los pequeños, en su rendimiento académico y en la adaptación social. Detectar los signos y síntomas depresivos en los más pequeños requiere no sólo conocer el cuadro clínico, sino escuchar y entender lo que el niño dice y lo que el niño calla.

Durante la infancia no se observan diferencias entre niños y niñas, sin embargo, a partir de la pubertad, la prevalencia en las mujeres es dos veces más alta que en los hombres. l factor edad es especialmente significativo en las niñas que, en un estudio español, tienen tasas del 2,2% a los 11 años y del 4,1% a los tres años. “La depresión, por tanto, existe en la infancia y afecta a niños de 3 a 6 años, una realidad que conviene tener presente en la práctica clínica”, según los pediatras.

El diagnóstico de la depresión en los niños es más difícil que en los adultos, y es tanto más difícil cuanto menor edad tiene el paciente. “La evaluación requiere tiempo para hablar con los padres, tiempo para explorar al niño y tiempo para informar del diagnóstico y de las recomendaciones terapéuticas”, indica el doctor García Pérez. Es fundamental disponer de varias fuentes de información para hacer un diagnóstico correcto.

Los síntomas y manifestaciones de la depresión varían en función de la edad, el desarrollo cognoscitivo y emocional del sujeto y la capacidad verbal para expresar emociones y sentimientos. Éstos pueden ser, en edad preescolar: irritabilidad, apatía, falta de interés, falta de colaboración con los padres, mímica y gestos tristes, crisis de llanto, anorexia y trastornos del sueño.

Por otro lado, en la edad escolar pueden manifestarse a través de: expresión triste, llanto, hiperactividad o lentitud motriz, sentimientos de desesperanza, deficiente imagen personal, descenso del rendimiento escolar, dificultades de concentración, cefaleas, gastralgias, apatía, sentimientos de culpa, ansiedad e ideación suicida.

Trastornos de ansiedad

Asimismo, los trastornos de ansiedad que van siendo cada vez más habituales son el trastorno de ansiedad de separación, que se presenta como una intensa angustia ante la separación de los padres, sobre todo de la madre.

El trastorno de ansiedad generalizada es un tipo de ansiedad exagerada, no realista, de al menos 6 meses de duración con presencia de múltiples quejas físicas y, sobre todo a estas edades, estado permanente de tensión con preocupación excesiva sobre la vida, la adaptación social y la competencia personal y académica.

La fobia simple consiste en un temor intenso y persistente a un estímulo o situación concreta que genera un gran malestar y limita la vida normal del niño. Otras modalidades son la fobia escolar, caracterizada por un temor irracional a ir al colegio; y la fobia social, más propia de la adolescencia, en la que predomina el miedo y un continuo evitar a ser foco de atención sobre todo ante personas que no pertenecen al ámbito familiar y desconocidos.

En palabras del doctor García Pérez, “ciertos miedos son normales y posiblemente necesarios para el desarrollo psicológico del niño. Los miedos y fobias cambian con la edad, haciéndose cada vez más específicos en el entorno de cada niño, a medida que éste se va haciendo mayor”.