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Lunes, 8 Agosto 2022

Opinión: “césped artificial”

11/11/2010

Aunque pueda parecer lo contrario, la figura de la ‘clac’ como soporte artificial de un acontecimiento, no ha desaparecido de la vida social e, incluso, como pone de manifiesto el Dr. Juan Gérvas, está presente en algunas actividades supuestamente científicas ligadas al marketing farmacéutico, con la intención de hacer pasar por novedoso lo que no lo es, con el consiguiente perjuicio sanitario y económico

Madrid, 11 de noviembre 2010 (medicosypacientes.com)

Por su interés, reproducimos para nuestros lectores el artículo del Dr. Juan Gérvas, publicado esta semana en “Acta Sanitaria”.

CESPED ARTIFICIAL

La hierba crece salvaje, adorna el paisaje y da de comer a miles de animales diferentes. De verde en primavera pasa a ocre en el verano. Podemos mantener una hierba verde y espléndida si la regamos, cortamos y abonamos convenientemente. Es el típico césped que adorna muchos de nuestros parques y jardines, en general en contra de la lógica, pues el clima mediterráneo pide más sequedad. Algunos han decidido ahorrar y "ser ecológicos", y ponen un césped artificial tejido con algún plástico, que "hace el servicio". Naturalmente, un césped artificial no es para siempre y también requiere su mantenimiento. Además, respecto a belleza no hay dudas entre el césped natural y el artificial. En este caso la imitación no supera al original. Se nota mucho la diferencia. El césped natural es algo vivo mientras el artificial es "naturaleza muerta" que no llega a engañar.

Astroturfing

En EEUU hay una marca muy conocida de césped artificial, Astro-Turf. De esa marca nació la denominación para un fenómeno de falseamiento de la realidad, de imitación de un fenómeno natural. Parece que el nombre se lo dio por primera vez un senador por Tejas, Lloyd Bentsen, en 1985. Recibió miles de cartas y tarjetas postales con textos en contra de la limitación y control de aseguradoras sanitarias. Aparentemente eran de miles de ciudadanos diferentes, pero fue fácil identificar un origen común por emplear el mismo texto.

El "astroturfing" no es más que una forma de falsear la realidad al imitar un movimiento natural mediante una acción orquestada. Es un poco como el césped artificial que se pretendiera hacer pasar por césped natural. Se puede hacer "astroturfing" a favor o en contra de una idea, persona, producto o proyecto. Como los tiempos han cambiado, hoy se hace aprovechando la Red además de con los medios previos (comunicación postal, radio, televisión, periódico, revistas y demás). Por ejemplo, con programas virales, o con vídeos en "YouTube". También con la participación de expertos de relaciones públicas, que seleccionan y captan a personas y/o instituciones respetadas y conocidas, que se suman a la propaganda como "astroturfers" o "intoxicadores". Por ejemplo, en la Red hay "blogs" que se suman a la campaña y hacen propaganda como si fuera una cuestión que les interesara personalmente. Lo importante es lograr dar la impresión de que se trata de un movimiento espontáneo, de raíz social, no orquestado ni artificial. El objetivo final es lograr crear conductas y comportamientos espontáneos de verdad, en ciudadanos y/o profesionales engañados por el "astroturfing", que modifican la opinión pública y sus vidas según se había previsto.

Clac

Lo del "astroturfing" suena antiguo cuando se le pone nombre con siglos a su espalda. Es la típica y centenaria clac de los teatros, que se podía "alquilar" a favor o en contra, siendo más frecuente lo primero. Ahora ya casi no se ve en los teatros, pero sobreabunda en la televisión, con ese "público entregado" que ríe y aplaude a toque de corneta. Carece de espontaneidad pero logra su efecto.

La clac tenía un jefe y auxiliares y normalmente reclutaba aficionados que conseguían entradas gratis a cambio de su entusiasmo. Sus entradas se llamaban de "alarbaderos". En cierta forma "defendían" la obra de la misma forma que los alabarderos solían formar la tropa de élite que defendía a los monarcas con sus alabardas en el siglo XVI. Ahora, con la televisión, la clac merece todavía más el nombre de alabarderos, pues no suelen asistir gratis, sino cobrando.

En inglés se usa un término, "rent-a-crowd" para otra especie de clac. Es la multitud que se “alquila”. Por ejemplo, cuando se "rellenan" los mítines de los políticos a base de pagar (directa o indirectamente) la audiencia. O cuando se infla la asistencia a una manifestación a base de transportar en autobuses a quienes quieren disfrutar de otra ciudad, con comida y algún estipendio. O cuando se inaugura un comercio/actividad y se convida a quien no le interesa en absoluto, sólo para "hacer bulto".

Médicos, científicos y revistas como alabarderos

Sin darse cuenta, muchos médicos hacen de clac cuando los llevan, por ejemplo, a comer/cenar para escuchar la charla de algún experto que actúa de "astroturfer", de intoxicador. A veces hay médicos que incluso hacen de alabarderos en el sentido de lograr entradas gratis, pero con un pago adicional (viaje, alojamiento y demás).

En el campo científico también hay alabarderos que se unen a intoxicadores ("astroturfers"). Son los "autores fantasmas", que firman artículos en falso, generalmente publicados en las mejores revistas del mundo. Estos autores fantasmas suelen dar lustre y postín, pues pertenecen a lo más selecto del mundo académico, pero se dejan comprar por beneficios distintos y variados. Se conoce todo ello como "autoría fantasma".

Las revistas no son ajenas al "astroturfing" y tienen tendencia a publicar artículos financiados por determinadas industrias. Lo acaban de demostrar y de publicar en "PlosMedicine" los de grupo Cochrane de Copenhague (acceso gratuito al artículo). Como consecuencia dicha revista electrónica ha empezado un movimiento de "declaración de intereses", para que conste quién ayuda y financia cada revista.

Los pacientes como paganos

¿Quién paga todo el movimiento falsamente espontáneo del "astroturfing" en Medicina?

El paciente, con su salud y sus impuestos. (Los costes del "astroturfing" se suman a los de propaganda y "marketing" y se descuentan de ingresos, además de sumarse al precio).

Son los pacientes los paganos cuando los intoxicadores, los "astroturfers", logran su propósito y se modifican las creencias, conductas y hábitos de los médicos. Lo demuestra respecto a prescripción Donald Light en su nuevo libro "The risk of prescription drugs". Se autorizan medicamentos con escaso fundamento, con ensayos clínicos muchas veces sólo frente a placebo y con estudios insuficientes de seguridad, y, por consecuencia, los pacientes se someten a un riesgo que sólo en EEUU supone 110.000 muertos anuales en los hospitales (se excluyen domicilios, y asilos y residencias de ancianos).

El "astroturfing" conlleva daños individuales, en la salud de los pacientes, y también en la salud de las poblaciones. Por ejemplo, cuando se utilizan innecesariamente antibióticos en las infecciones urinarias en mujeres sin complicaciones. Ese uso innecesario conlleva resistencias bacterianas, con la consecuente morbilidad y mortalidad "evitable" en la población.

Se emplean cefalosporinas, amoxicilina/clavulánico, fosfomicina, ciprofloxacino y otros, y no se emplea ni nitrofutantoína ni trimetropín-sulfametoxazol. Sobre todo, y peor, no se emplea el ibuprofeno. El vulgar y humilde ibuprofeno, que da el mismo resultado en estas infecciones urinarias que el antibiótico, como ha demostrado el grupo alemán de Michael Kochen (catedrático de Medicina General en la Universidad de Göttingen y presidente de la Sociedad Alemana de Medicina General), en ensayo clínico publicado en "BiomedCentral" (en "BMC Medicine", acceso gratuito al artículo).

Los intoxicadores (“astroturfers”) nos intoxican y el césped artificial nos parece natural. En cascada, nosotros intoxicamos a los pacientes. ¡Qué barbaridad!

Juan Gérvas
Médico General y promotor del Equipo CESCA