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Lunes, 8 Agosto 2022

Los continuos cambios en los mensajes nutricionales confunden a la población

30/04/2009

Hay muchísimas instancias interesadas en que nos alimentemos según criterios que les vienen bien, y no en base a lo que uno debería decidir de manera autónoma. Además, los alimentos se están utilizando casi como fármacos -sobre todo los denominados funcionales-, por lo que no estaría de más que se demostraran todas aquellas propiedades curativas que se les atribuyen

Madrid, 1 de mayo 2009 (mediosypacientes.com)

¿Qué comer? Esta es una pregunta que, hoy en día, nos hacemos muy frecuentemente, al estar rodeados de alimentos muy apetecibles, baratos y fáciles de obtener, ante la incertidumbre de si serán buenos o malos, o de si nos ayudarán a mantener la salud o, por el contrario, nos harán enfermar. Nunca antes habíamos tenido tanta información y, al mismo tiempo, tanta confusión. Alimentarse no es sólo una necesidad vital imprescindible en la vida, sino que forma parte de un gran negocio, inunda los medios de comunicación y representa un reto para la salud pública, la industria alimentaria y el propio consumidor.

“El alimento en sí mismo ha dejado de ser un elemento natural para convertirse en algo muy sofisticado que puede utilizarse de muchas maneras”, señala la doctora Susana Monereo, jefa del Servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital de Getafe (Madrid).

“Utilizar los alimentos de manera errónea, por sobreinformación o falta de ella, acaba pasándole factura a nuestra salud de muy diversas formas”, explica la experta. Por ello es importante poner de manifiesto el importante papel que juega la alimentación en nuestras vidas: “los alimentos se están utilizando casi como fármacos -sobre todo los denominados funcionales-, por lo que no estaría de más que se demostraran todas aquellas propiedades curativas que se les atribuyen”, añade.

Según el profesor Gregorio Varela, catedrático de Nutrición y Bromatología de la Universidad CEU San Pablo, y presidente de la Fundación Española de Nutrición, “a pesar del avance en el conocimiento científico, no existe otra ciencia -en alusión a la nutrición- que esté más rodeada de creencias, mitos y magia”. Este experto se muestra sorprendido de que tales cosas ocurran más ahora que hace 100 años.

“La constante modificación del mensaje nutricional a lo largo de los años ha generado, en muchas ocasiones, confusión en el consumidor”, explica el profesor Varela. Así, por ejemplo, “la dieta mediterránea ha pasado de ser una gran desconocida a convertirse en una panacea, a pesar de que son escasos los estudios que demuestran la evidencia científica de sus potenciales efectos beneficiosos”, añade. El aceite de oliva, el pescado y el vino son algunos alimentos cuyas virtudes se han visto globalizadas.

Por su parte, la doctora Clotilde Vázquez, jefa de la Sección de Nutrición Clínica del Hospital Ramón y Cajal, de Madrid, ha señalado que “bajo los trastornos alimentarios que van de la obesidad a la anorexia subyace una relación anómala con la comida”. Todos ellos tienen una base genética importante, aunque “la insatisfacción con la imagen nace fundamentalmente de la enorme presión social existente en la sociedad actual, y que afecta especialmente a las mujeres”, apunta.

Como consecuencia de todo esto, la gente joven está haciendo dietas demasiado drásticas. “Una exagerada restricción calórica predispone al organismo para un posterior efecto rebote, con lo que se suele ganar más peso del que se perdió y mayor cantidad de grasa”, apunta la experta. “Es preocupante que, cada vez más, se llegue a la obesidad desde el deseo de adelgazar”, añade la doctora Vázquez. El equilibrio está en “la normalización de la imagen como algo muy diverso, no sujeto a cánones externos, y en el saneamiento de la relación con la comida”.

En relación con la fiabilidad de la información y comunicación sobre alimentos, José Ignacio Arranz, director general del Foro Interalimentario, una asociación sin ánimo de lucro formada por 14 empresas alimentarias punteras, y ex director ejecutivo de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición, ha señalado la necesidad de informar y formar a la sociedad basándose en comunicación no comercial, veracidad, excelencia y soporte científico. “Esto último es resulta imprescindible para acercar la ciencia a la sociedad”, explica.

Añade Arranz que “la comunicación genérica formativa y no comercial no sólo debe ser realizada por las administraciones y el mundo académico, sino que también han de implicarse los agentes económicos de la cadena alimentaria”. En este sentido, “es evidente que las empresas o asociaciones empresariales que así procedan serán menos cuestionadas cuanto mejor sea su perfil y mayor su trayectoria de excelencia”, concluye.

Por su parte Diego Gracia, catedrático de Historia de la Medicina de la Universidad Complutense de Madrid y presidente de la Fundación de Ciencias de la Salud, comenta que “hay muchísimas instancias interesadas en que nos alimentemos según criterios que les vienen bien, y no en base a lo que uno debería decidir de manera autónoma”, por lo que “la promoción de la autonomía es necesaria en este ámbito en particular”.

El profesor Gracia ha analizado el tipo de actitudes que se requieren para poder ser ciudadano, condición que ha puesto en contraste con la de súbdito, que se rige por los criterios impuestos por los gobernantes. “Cuando la oferta de productos es tan elevada, es necesario fomentar la información verídica de los productos y la responsabilidad en la elección”, según este experto. “Sólo personalidades maduras conseguirán tomar decisiones correctas ante tan amplio abanico de posibilidades”.

Estos expertos han tenido ocasión de confrontar sus puntos de vista esta semana en el transcurso de la jornada “De la obesidad a la anorexia: controversias en la alimentación actual”, organizada por la Fundación de Ciencias de la Salud, el Instituto Tomás Pascual y la Residencia de Estudiantes en Madrid.

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