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Viernes, 19 Agosto 2022

Las pruebas de imagen ganan terreno en la detección de la artritis reumatoide

23/09/2008

Las nuevas pruebas -ecografía con power doppler, la ecografía en 3D en tiempo real y la resonancia de alto campo- se han unido a la radiografía estándar y la ecografía, para el diagnóstico precoz del daño articular. Sin embargo la exploración clínica, la analítica y la radiografía suelen ser suficientes para diagnosticar una artritis reumatoide

Madrid, 24 septiembre 2008 (Redacción)

“Las técnicas de imagen son una herramienta determinante para evaluar la eficacia de los tratamientos que están recibiendo los enfermos de artritis reumatoide”. Así se ha puesto de manifiesto en el I Curso de Imagen en Artritis Reumatoide que se ha celebrado en Madrid con el patrocinio de Wyeth. Según el doctor Alejandro Balsa, jefe de la sección de Reumatología del hospital madrileño de La Paz: “desde un punto de vista radiológico, la progresión del daño articular es una prueba de que el tratamiento no está funcionando, y además se relaciona con la alteración de la capacidad funcional. Esta última puede predecir la aparición de comorbilidades e incluso, un fallecimiento. La progresión del daño articular tiene mal pronóstico a largo plazo”.

Por eso, este experto destaca la importancia del diagnóstico por imagen, especialmente en los pacientes en los que se sospecha que puede haber todavía un grado de actividad. Según explica el doctor Emilio Martín Mola, jefe del Servicio de Reumatología del Hospital La Paz: “en la actualidad las pruebas que más se utilizan son la radiografía estándar, que se utiliza para evaluar el daño estructural, y la ecografía, muy útil para medir el nivel de inflamación”.

Durante el curso se ha expuesto cómo las nuevas pruebas -ecografía con power doppler, la ecografía en 3D en tiempo real y la resonancia de alto campo- son un buen complemento a la hora de valorar una posible progresión radiológica. Según aseguran ambos expertos, estas pruebas pueden ser determinantes para diagnosticar la presencia de sinovitis, sobre todo en los casos dudosos o iniciales, y poder así diagnosticar precozmente la enfermedad. “Desde hace años disponemos de determinaciones analíticas, específicas, pero no muy sensibles”, aseguran.

Diagnóstico precoz

Las nuevas técnicas de imagen consiguen un diagnóstico precoz del daño articular, detectar su progresión y definir la remisión en el caso de que ésta exista, lo que permitirá hacer una evaluación en mucho menos tiempo cómo está respondiendo el paciente. No obstante, el doctor Martín Mola matiza que no es necesario utilizarlas de manera generalizada, puesto en la actualidad la exploración clínica, la analítica y la radiografía suelen ser suficientes para diagnosticar una artritis reumatoide. “En los casos en los que hay duda se suele utilizar además la ecografía y de manera excepcional, la resonancia magnética”.

En cualquier caso, en el curso se hizo una amplia exposición del potencial que tiene el resto de técnicas de imagen. Concretamente, la resonancia magnética es de una gran utilidad para diagnosticar el edema óseo -la única prueba capaz de detectarlo- y tiene más sensibilidad que la radiografía simple para visualizar las erosiones. De igual modo, es la prueba de elección en las fases iniciales para detectar una sinovitis y es de gran utilidad para hacer un seguimiento estrecho del tratamiento.

Por otro lado, la ecografía resulta fundamental para, además de evaluar la inflamación, determinar el grado de vascularización. Finalmente, el escáner, “a pesar de no ser imprescindible”, valora con mayor precisión las erosiones óseas en las articulaciones en las fases iniciales que la radiografía convencional. “En conjunto estas pruebas pueden ser de gran ayuda en las fases iniciales de la enfermedad, para establecer un diagnóstico diferencial y además para evaluar la eficacia de los tratamientos y optar por opciones terapéuticas más agresivas como los fármacos biológicos”, sostiene el doctor Balsa.

La artritis reumatoide es una enfermedad crónica del sistema inmunológico, que cursa en brotes y ataca a las articulaciones causando dolor crónico y daño estructural. Si la enfermedad se deja sin tratar, el daño articular habitualmente progresa. Así, se inflaman varias articulaciones del cuerpo, produciéndose hinchazón, dolores y sensación de entumecimiento o dificultad de movimiento, principalmente a primera hora de la mañana, con una pérdida de funcionalidad. Suele aparecer en individuos de mediana edad -entre los 40 y 50 años-, y con más frecuencia en mujeres que en hombres, en una relación de 3 a 1. Se calcula que en nuestro país 200.000 personas la padecen.

El diagnóstico precoz y una evaluación precoz de la respuesta al tratamiento es fundamental para evitar el deterioro de las articulaciones, especialmente a la luz de los resultados que están consiguiendo las terapias biológicas, una familia de fármacos que actúan directamente contra los mecanismos que provocan la inflamación. “Los fármacos biológicos consiguen una parada de la progresión radiológica. Además se ha visto que en algunos casos, incluso, hay una reparación de la erosión articular, impensable con la terapéutica clásica”, asegura el doctor Balsa.