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Jueves, 11 Agosto 2022

Las inequidades provocan una enorme mortandad, según un informe de la OMS

02/09/2008

La OMS recomienda luchar contra la distribución desigual del poder, el dinero y los recursos a nivel mundial, nacional y local.

Madrid, 1 de septiembre 2008 (Redacción)
Desigualdades

El niño que nazca en un determinado barrio de Glasgow (Escocia) probablemente viva 28 años menos que otro que nazca sólo a 13 km de distancia. La niña que nazca en Lesotho probablemente viva 42 años menos que la que nazca en el Japón. En Suecia, el riesgo de que una mujer muera durante el embarazo o el parto es de 1 por cada 17 400; en Afganistán es de 1 por cada 8. La biología no explica esas cifras.

La OMS recomienda luchar contra la distribución desigual del poder, el dinero y los recursos a nivel mundial, nacional y local.

Las diferencias entre países, y dentro de un mismo país, son consecuencia del entorno social en que las personas nacen, viven, crecen, trabajan y envejecen. Esos «determinantes sociales de la salud» han sido objeto de investigación durante tres años por un grupo que integran la Comisión sobre Determinantes Sociales de la Salud, de la Organización Mundial de la Salud.

"La nefasta combinación de políticas y arreglos económicos deficientes y una mala gestión política es responsable en gran medida de que la mayoría de la población del mundo no goce del grado de buena salud que sería biológicamente posible», sostienen los miembros de la Comisión en Subsanar las desigualdades en una generación: Alcanzar la equidad sanitaria actuando sobre los determinantes sociales de la salud. «La injusticia social provoca la muerte de un número enorme de personas".

"La inequidad sanitaria es verdaderamente una cuestión de vida o muerte. Pero los sistemas de salud no tenderán espontáneamente hacia la equidad. Se precisa de un liderazgo sin precedente, que obligue a todos los actores, incluso los ajenos al sector de la salud, a examinar sus repercusiones en la salud. La atención primaria de salud, que integra la salud en todas las políticas gubernamentales, es el marco idóneo para ello", ha declarado la Dra. Chan.

Sir Michael Marmot, presidente de la Comisión, afirma que "un elemento central de las recomendaciones de la Comisión es que se creen las condiciones para que la población se emancipe, tenga libertad para vivir una vida próspera. La aplicación de nuestras recomendaciones mejoraría espectacularmente la salud y las posibilidades de vida de miles de millones de personas».

Inequidades dentro de los países

Las inequidades sanitarias - resultantes de causas injustas y evitables de mala salud - han sido medidas hace mucho entre países distintos, pero la Comisión ha constatado asimismo la existencia de «gradientes sanitarios» dentro de los países. Por ejemplo:
- La esperanza de vida de los aborígenes australianos varones es 17 años menor que la de cualquier otro varón australiano.
- En Indonesia, la mortalidad materna es de 3 a 4 veces superior entre los pobres que entre los ricos
- En el Reino Unido, la mortalidad de los adultos de los barrios más pobres multiplica por 2,5 la de los adultos de los barrios menos pobres.
-En los Estados Unidos de América se habrían evitado 886 202 muertes entre 1991 y 2000 si las tasas de mortalidad de blancos y afroamericanos se igualaran. (Esa cifra contrasta con las 176 633 vidas salvadas en los EE.UU. por los adelantos médicos durante ese mismo periodo.)
- En Uganda, la tasa de mortalidad de menores de cinco años entre las familias del quintil más rico es de 106 por 1000 nacidos vivos, mientras que en el quintil más pobre es aún peor, de 192 por 1000 nacidos vivos, lo que supone que casi una quinta parte de los bebés que nacen vivos en las familias más pobres acabarán muriendo antes de cumplir cinco años. Compárense esas cifras con la tasa de mortalidad promedio de menores de cinco años en los países de ingresos altos, de 7 por 1000 nacidos vivos.

La Comisión encontró pruebas que demuestran en general que los pobres están en peor situación que los menos pobres, pero también encontró que los menos pobres están peor que los de ingresos medianos, etc. Esa pendiente que vincula los ingresos con la salud es el agravante social, y se observa por doquier, no sólo en los países en desarrollo sino en todos los países, incluidos los más ricos. En unos países, la pendiente es más pronunciada que en otros, pero el fenómeno es universal.

La riqueza no necesariamente es determinante

El crecimiento económico aumenta los ingresos en muchos países, pero el aumento de la riqueza, por sí solo, no necesariamente mejora la situación sanitaria nacional. Si los beneficios no se distribuyen equitativamente, el crecimiento nacional puede incluso agravar las inequidades.

En años recientes, la riqueza, la tecnología y el nivel de vida han aumentado enormemente a escala mundial, pero la cuestión neurálgica es de qué modo ese aumento se utiliza para distribuir con justicia los servicios y el desarrollo institucional, especialmente en los países de ingresos bajos.

Por sí sola, la riqueza no determina la salud de la población de un país. Algunos países de ingresos bajos, como Cuba, Costa Rica, China, el estado de Kerala en la India, y Sri Lanka han logrado buenos niveles de salud pese a que sus ingresos nacionales son relativamente bajos. Sin embargo, como señala la Comisión, la riqueza se puede utilizar de modo inteligente. Por ejemplo, los países nórdicos han aplicado políticas que alientan la igualdad de beneficios y servicios, el pleno empleo, la equidad de género y unos bajos niveles de exclusión social. Se trata, en opinión de la Comisión, de un ejemplo notable de lo que hay que hacer en todos lados.

Soluciones externas al sector de la salud

Gran parte de la labor necesaria para corregir las inequidades sanitarias compete a esferas externas al sector de la salud. Según el informe de la Comisión "la causa de las enfermedades transmitidas por el agua no es la falta de antibióticos, sino la suciedad del agua, y las fuerzas políticas, sociales y económicas que no logran proporcionar agua limpia a todos; la causa de las cardiopatías no es la carencia de unidades de atención coronaria, sino el modo de vida de la población, que está configurado por el entorno en que vive; la obesidad no es culpa de un vicio personal, sino de la excesiva disponibilidad de alimentos ricos en grasas y azúcares".

"Dependemos demasiado de las intervenciones médicas para aumentar la esperanza de vida», explica Sir Michael. «Sería mucho más eficaz, para aumentar la esperanza de vida y mejorar la salud, que se evaluaran las repercusiones en la salud y la equidad sanitaria de todas las políticas y los programas gubernamentales, y que la salud y la equidad sanitaria se utilizaran para evaluar el desempeño de los gobiernos."

Recomendaciones

Sobre la base de esas convincentes pruebas, la Comisión formula tres recomendaciones generales para afrontar "los devastadores efectos de la inequidad de las oportunidades de vida":

1. Mejorar las condiciones de vida cotidianas, en particular las condiciones en que las personas nacen, crecen, viven, trabajan y envejecen.
2. Luchar contra la distribución desigual del poder, el dinero y los recursos - los factores estructurales de aquellas condiciones - a nivel mundial, nacional y local.
3. Medir y entender el problema, y evaluar el impacto de las intervenciones.