Domingo, 27 Septiembre 2020

La información del paciente y las revisiones periódicas, clave para diagnosticar tumores de próstata en fases curables

07/07/2008

Fumar incrementa por tres el riesgo de desarrollar cáncer de vejiga, el segundo tumor urológico más frecuente, por detrás del cáncer de próstata, y el que más consultas e ingresos hospitalarios motiva

Madrid, 8 julio 2008 (Redacción)

En los últimos años, se ha registrado un incremento significativo en el número de casos de cáncer de próstata, la tercera causa de muerte por tumor en el varón, sólo por detrás el cáncer de pulmón y colorrectal. De hecho, se estima que en los próximos años el progresivo envejecimiento de la población aumente la incidencia de este tumor urológico, el cáncer más frecuente en el varón a partir de los 50 años. Por otro lado, esta tendencia alcista se debe a diagnósticos más tempranos de la enfermedad. Actualmente, la detección en fases iniciales de la enfermedad se consigue en el 75% de los casos. De ahí que el diagnóstico precoz de esta patología sea clave porque permite el uso de un tratamiento con intención curativa que puede garantizar la supervivencia en un 80% de los casos.

En este sentido, el doctor Enrique Pérez Castro, director médico de la Clínica La Luz y responsable de la Unidad de Urología del citado centro, ha querido recordar en el 25 Aniversario de esta Unidad que “a partir de los 50 años es aconsejable en el varón una revisión urológica anual para conocer el estado de salud de su próstata y en los casos en los que existen antecedentes en la familia (el padre o algún hermano), el control prostático debe iniciarse a los 40 años”. Sin embargo, una detección temprana sigue siendo un reto en muchas ocasiones, porque este tumor no expresa síntomas que alerten de forma clara de su existencia. En torno al 90% de los pacientes a los que se les diagnostica esta enfermedad no presenta molestias.

Para el diagnóstico, los urólogos confían en el valor clínico de la determinación del antígeno prostático (PSA), que consiste en un análisis de sangre, y el tacto rectal (examen digital de la próstata a través del recto). “Además, en el diagnóstico del cáncer de próstata se ha incorporado el estudio mediante Espectroscopia y Resonancia Magnética Nuclear endorectal, que dirige las biopsias de las zonas sospechosas de tumor”, explica el doctor José Ignacio Iglesias, experto en Urología y miembro de esta Unidad.

Elección del tratamiento

La elección del tratamiento dependerá siempre del tamaño de tumor y su extensión a otros posibles órganos, así como de la edad y el estado de salud del paciente. “Se trata de planificar un tratamiento individualizado y a la carta para cada paciente”, subraya el doctor Pérez-Castro. “De igual modo, nuestra responsabilidad como médicos es informar debidamente al paciente de las consecuencias del tratamiento, como es un posible riesgo de infertilidad”. La glándula prostática produce un fluido que forma parte del semen y nutre a los espermatozoides contenidos en el semen, “de ahí que esta función pudiera verse dañada por el tratamiento”. Las complicaciones más comunes del tratamiento son la incontinencia, impotencia e infertilidad.

Cuando la enfermedad está localizada, los médicos cuentan con variadas opciones, afortunadamente, como son la cirugía -hoy día laparoscopia fundamentalmente-, la radioterapia externa en Acelerador Lineal y con modulación, la Braquiterapia de Alta o Baja Tasa, el HIFU, la Crioterapia y el tratamiento médico no quimioterápico llamado de supresión androgénica”, explica el doctor Iglesias. La intervención quirúrgica permite extraer la glándula prostática y analizarla para determinar con exactitud en qué etapa de crecimiento se encuentra el tumor. En el caso de la radioterapia se puede administrar por vía externa (convencional) o implantando unas semillas radioactivas dentro de la próstata (braquiterapia). “Además, la incorporación de ultrasonidos de alta intensidad (HIFU) al tratamiento – habitualmente mediante Prostatectomía Radical Laparoscópica y/o Radioterapia- ofrece una alternativa a pacientes seleccionados”.

La elección del HIFU sobre otras técnicas permite tratar al cáncer de próstata como tratamiento de primera elección y hacer tratamiento de rescate de aquellos pacientes que han sido sometidos a radioterapia y crioterapia “y próximamente, cuando se termine de desarrollar un nuevo software, se podrán rescatar pacientes tratados previamente con braquiterapia. El HIFU es una técnica consolidada ya que hay pacientes tratados hace más de 10 años con resultados similares a radioterapia sin progresión tumoral”, puntualiza este experto.

Cáncer de vejiga y riñón

En cuanto al cáncer de vejiga se trata del cuarto cáncer más común en el varón y el que más consultas e ingresos hospitalarios motiva. Tal y como apunta este experto, “en la mayoría de los casos, el paciente acude al médico alertado por la presencia de sangre en la orina (hematuria) que suele aparecer de manera aislada”.

El diagnóstico precoz de este proceso oncológico es el medio más eficaz de combatir un tumor cuya capacidad de diseminación y por tanto de desarrollar metástasis, se produce en una fase avanzada de su evolución. En este sentido, este experto resalta el valor de la cistoscopia una técnica fotodinámica que, tras la introducción de una sustancia colorante y con un sistema de luz, permite ver las zonas teñidas sospechosas del tumor. “Asimismo, la incorporación de técnicas fotodinámicas permite aumentar el número de pacientes diagnosticados de tumores pequeños o invisibles a la cistoscopia convencional”.

La evolución del paciente dependerá de si se trata de un tumor no infiltrante (superficial) o infiltrante. Los tumores superficiales tienen una tendencia a la recidiva muy frecuentemente, y para ellos se utilizan tratamientos muy conservadores. “En La Clínica La Luz se ha incorporado el láser holmio para eliminarlos (fotovaporizan) tras la toma de muestra de la histopatológica”, subraya el director médico. Por el contrario, los tumores infiltrantes tienen muy mal pronóstico, con una supervivencia muy limitada. “En estos casos, el tratamiento de primera línea es la cistectomía. Además, se pueden aplicar nuevas técnicas para mantener la micción de forma normal como es la creación de una nueva vejiga –denominada neovejiga ortotópica”.

En cuanto al cáncer renal, que afecta a dos hombres por cada mujer, la detección precoz no es fácil, ya que la sintomatología (presencia de sangre en la orina, dolores, pérdida de peso, sensación de haber desarrollado una masa, etc.) suele manifestarse cuando el tumor ya ha adquirido un gran volumen. De hecho, en la mayoría de los casos, la detección suele ser causal y viene motivada porque el paciente se somete a una exploración médica por otra dolencia. En la actualidad, en torno al 70% de los tumores renales se diagnostican en fases en las que aún es posible la curación. La supervivencia en estos pacientes desciende considerablemente del 70-90% al 15-20% a los cinco años, conforme el tumor va aumentando de tamaño (por encima de los 7 centímetros) y se extiende más allá de este órgano. No obstante, pese a que la mayoría de los casos se diagnostica en fases curables, la mortalidad sigue siendo elevada, llegando al 40% de los casos.

En los casos de tumores localizados y de menos de 4 centímetros, en los que sólo es preciso extirpar el riñón, la cirugía laparoscópica se ofrece como una técnica quirúrgica altamente eficaz. “A través de esta técnica logramos la extirpación renal con una excelente visión y una mínima invasión. En la medida de lo posible intentamos conservar las nefronas. Además al tratarse de una técnica de mínima invasión, el tiempo medio de estancia hospitalaria en estos pacientes se reduce en 5 días: de los 8 días que exigía la cirugía convencional a los 3 de media que requiere esta nueva técnica”, comenta el doctor Iglesias. En cáncer renal avanzado recientemente se están desarrollando nuevas moléculas diseñadas para actuar sobre la angiogénesis.

Cáncer de testículo

A diferencia de lo que ocurre con el cáncer de próstata, el cáncer de testículo se caracteriza por que se da a edades muy tempranas. De hecho, el grueso de las consultas responde a varones jóvenes de entre 20 y 30 años de edad en plena etapa reproductiva y, por lo tanto, con un alto impacto psicológico. El 90% de los afectados supera la enfermedad con éxito y reanuda su vida, incluida la sexual, sin ninguna secuela. “Su buen pronóstico se debe fundamentalmente a su diagnóstico precoz y a su buena respuesta a al tratamiento basado en la combinación de cirugía, radioterapia y quimioterapia. El paciente requiere de un control estricto y un seguimiento a lo largo de los años, al menos durante los diez años siguientes para evitar recidivas”, explica el director médico de La Clínica La Luz.

Por ello, el mensaje de los expertos a este respecto es claro: acudir a la consulta del urólogo ante la presencia de un bulto duro en alguno de los testículos, que normalmente no es doloroso al tacto. Asimismo, el paciente debe vigilar cualquier indicio de asimetría o ausencia de uno o los dos testículos en la bolsa. Y con carácter especial, el doctor Enrique Pérez Castro recuerda que los casos de criptorquidia (o falta de descenso de los testículos) han de ser tratados antes de los 3 años. “Mediante una sencilla intervención quirúrgica logramos colocar el testículo en su posición original -un grado por debajo del abdomen-. De no corregirlo a tiempo, la temperatura a la que deben estar los testículos aumenta, incrementándose el riesgo de infertilidad y cáncer de testículo.