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Viernes, 12 Agosto 2022

La continua pérdida y ganancia de kilos repercute negativamente en la salud cardiovascular

24/06/2008

Expertos de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad recomiendan que sólo se pierda el peso que uno pueda mantener en función de los cambios que sea capaz de realizar en su estilo de vida

Bilbao, 25 de junio 2008 (Redacción)

“Hoy en día, existe suficiente evidencia científica como para relacionar la recuperación de peso tras dietas de adelgazamiento, con múltiples comorbilidades, sobre todo, patologías cardiovasculares, mayor mortalidad y un aumento del peso final, que ronda el 30 por ciento sobre el peso inicial”. Este frecuente y poco tratado problema ha sido puesto de relieve por la doctora Susana Monereo, jefa de la sección de Endocrinología y Nutrición del Hospital Universitario de Getafe (Madrid), y miembro de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO).

Esta experta en aspectos nutricionales ha incidido en que la recuperación del peso perdido tras una dieta de adelgazamiento “es un fenómeno habitual que repercute muy negativamente sobre la salud y al que con frecuencia no se le da la importancia que realmente tiene”.

Como ha subrayado “todavía no existe una clara definición del fenómeno de recuperación de peso”. Lo que sí se conoce, sin embargo, es que se incrementa con el índice de masa corporal, de forma que hasta un 80 por ciento de pacientes con obesidad pueden sufrirlo, predominantemente mujeres.

Según ha explicado esta experta, durante su participación en el congreso del área de Endocrinología y Nutrición del Congreso Médico Internacional de Estética Integral, el balance energético que regula el peso corporal reduce o aumenta el gasto dependiendo de la ingesta “pero con una clara tendencia al ahorro de energía”. De esta forma, como ha indicado, “si se aumenta la ingesta, se incrementa levemente el gasto mientras que si se reduce la ingesta, la reducción del gasto es mucho mayor. Es decir, “la respuesta tiende claramente a preservar la grasa corporal como reserva energética”. De esta forma, la persona en cuestión “no sólo recupera o incrementa el peso perdido, sino que cambia su composición corporal con tendencia a un mayor acúmulo de grasa, tanto de manera global, como, sobre todo, intraabdominal”.

Efectos

Según esta endocrinóloga, los efectos de este tipo de recuperación de peso son variados, afectan al metabolismo de la persona e, incluso, a su estado de ánimo. No obstante, el aumento del riesgo cardiovascular es su consecuencia más grave.

Tal y como ha puesto de manifiesto, “hoy sabemos que el fenómeno de recuperación de peso se acompaña de un mayor peso final, mayor grasa a nivel abdominal y mayor inestabilidad emocional. Además, suelen aparecer trastornos de conducta alimentaria con tendencia al picoteo y al atracón, y a desarrollarse con frecuencia el síndrome metabólico, que lleva aparejado un incremento final del riesgo cardiovascular asociado a diabetes tipo 2 e hipertensión”.

Actitud irresponsable

Susana Monereo considera, por otra parte, una irresponsabilidad inducir o aconsejar la pérdida de peso a una persona cuando dicha pérdida no es necesaria o cuando no se reeduca al paciente de forma que sea capaz de mantener el peso perdido.

La experta ejemplifica los pacientes de este síndrome a través de aquellas personas que se someten continuamente a restricción alimentaria intermitente —como pueden ser las dietas del verano, las que se realizan para asistir a un compromiso social y otras similares— con el fin de querer adelgazar de forma rápida y con poco esfuerzo. “Para ello recurren a cualquier tipo de dieta o producto milagro, sin plantearse la pérdida de peso como un cambio en el estilo de vida que incluya cambios serios y para toda la vida en la forma de alimentarse y en la actividad física diaria”. Las consecuencias de este comportamiento “conducen al conocido fenómeno del yo-yo o del peso cíclico”.

Finalmente, ha aconsejado que “solamente se debe perder el peso que uno vaya a ser capaz de mantener en función de los cambios que sea capaz de realizar en su estilo de vida”. Reconoce que mantener de forma continuada una restricción de ingesta es muy difícil de conseguir, pero que sin embargo existen otros factores que pueden ayudar “como el ejercicio físico, claramente eficaz, ya que mantiene la masa muscular activa y con ello el gasto energético”. Asimismo, los fármacos antiobesidad probablemente sean imprescindibles, eso sí, “siempre bajo un escrupuloso control médico”.