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Sábado, 13 Agosto 2022

Hay una estrecha relación entre problemas oculares y accidentes de tráfico

04/09/2009

Junto con la fatiga, el alcohol, la velocidad, o las condiciones atmosféricas, la disminución de la visibilidad por patologías oculares no es sólo un problema en sí mismo, sino que también agrava todos los demás factores. No hay que olvidar que el cansancio, la somnolencia o el alcohol estrechan el campo de visión, disminuyen la sensibilidad a los desplazamientos, así como también las facultades de apreciación de la distancia y de la velocidad

Madrid, 5 de septiembre 2009 (medicosypacientes.com)


Problemas oculares y accidentes de tráfico

El 90 por ciento de la información que percibimos al conducir nos llega a través de la vista, por lo que las condiciones visuales son determinantes para la conducción y guardan una significativa relación con los accidentes producidos por fallos humanos. Debido al escaso intervalo de tiempo de reacción del que se dispone, hay que tener en cuenta que desde la percepción del obstáculo o acontecimiento hasta que se produce la respuesta motora, transcurren varios segundos; en concreto, la trasmisión de imágenes obtenidas por los ojos al cerebro, suele tardar de uno a dos, según las personas. Es necesario, por ello, que no exista ningún problema óptico que pueda alargar dicho tiempo de reacción.

La conducción es una actividad neuromotora que está guiada por la visión; por ello, todos aquellos aspectos que puedan ejercer influencia sobre la percepción a través de nuestros ojos tendrán una importante repercusión. Prevenir los comportamientos de otros automóviles, sólo es posible con una adecuada agudeza visual, una buena visión estereoscópica (en tres dimensiones), un campo visual (amplitud lateral) perfecto, resistencia al deslumbramiento y, sobre todo, la adaptación a la oscuridad.

La conducción nocturna es especialmente problemática

La proporción de accidentes nocturnos crece notablemente, incluso llegando a multiplicarse por un 4,5 respecto a los diurnos. Además, la agudeza visual se reduce en un 70% y el sentido de la profundidad es siete veces menor. A todo ello, se añade que la noche elimina gran parte de los contrastes y sólo la retina periférica es funcional. El problema es que ésta no distingue en absoluto la tonalidad de los colores, únicamente su brillo relativo. Todo ello significa que dos factores imprescindibles para situarse y evaluar las distancias de los otros vehículos, como son el sentido de la profundidad y del movimiento, se van a ver muy perjudicados. Por lo tanto, es preciso un altísimo sistema de atención visual para dar la respuesta adecuada en cada situación.

Los automovilistas, especialmente aquellos que padecen trastornos de visión, deben extremar las precauciones en caso de conducción nocturna o con niebla o lluvia, aumentando la distancia de seguridad. Aquellas personas que sufran de glaucoma, alta miopía o cataratas, deben abstenerse de conducir por la noche.

Mayores dificultades de visión con la ingesta de alcohol

Además del efecto relajante, que se traduce en la disminución del control voluntario muscular, el alcohol reduce notablemente la agudeza visual y pueden causar visión doble. Para que ésta sea correcta, es preciso que ambos ojos trabajen de forma coordinada y simultánea, lo que se anula por el consumo de bebidas alcohólicas.

La visión periférica también se ve afectada. Al mirar hacia delante, notamos la existencia de vehículos a los lados, aunque no tengamos la vista fijada en ellos. Este efecto se ve anulado por el alcohol. Por ejemplo, una concentración de 0,55 gramos por 1.000 litros en la sangre, reduce el campo visual en un 30%.

Por todo ello, al igual que deben realizarse una serie de preparativos en el vehículo antes de un viaje, también es imprescindible comprobar que la visión es la apropiada mediante revisiones oculares periódicas en los conductores.