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Martes, 16 Agosto 2022

El rincón del paciente: Violencia en las aulas

31/03/2011

Violencia

Comenzamos diciendo que los menores no nacen violentos pero algo está ocurriendo cuando se puede afirmar que cientos de niños y jóvenes temen por su integridad personal al asistir a clase porque sufren violencia verbal, sobre todo, mediante insultos pero también psicológica, más difícil de percibir por el entorno o ignorada en muchas ocasiones, o física. El origen de dicha condición negativa de agresividad fundamentalmente la actitud del entorno en el que han nacido y crecido ya que muchos de estos alumnos han sufrido maltrato familiar en su infancia, calculándose que un 15% de los niños que han padecido violencia en el hogar se convierten, con posterioridad, en agresores y no dejamos de lado que un estudio ha determinado que el acoso escolar se ceba en uno de cada cuatro alumnos.

Existen cifras que avalan que los acorralamientos son más frecuentes entre los 7 y 9 años, situaciones que son calladas por el propio agredido, posiblemente porque sufren un complejo de inferioridad. Parece ser que no existen diferencias entre colegios públicos o privados, confirmándose que el 40% de los acosadores han sido maltratados en su casa, que suelen ser consumidores de distintos tipos de drogas y que, además, acabarán cometiendo un delito grave durante la adolescencia.

Determinados estudios citan como trastorno de oposición desafiante a este tipo de anomalías que conducen a la agresividad durante la infancia, que pueden iniciarse incluso entre los 2 y 3 años con pataletas continuas para más adelante pasar a discusiones diarias, desafíos constantes a lo que se puede añadir la violencia y la venganza. De ahí la importancia de la actuación del entorno para corregir la conducta incorrecta en estas edades y con ello evitar un posterior desarrollo de una personalidad claramente antisocial en la edad adulta.

Otros trabajos especulan con la posible existencia de un déficit de memoria que acarrea problemas para percibir y controlar, con posterioridad, las consecuencias de un concreto comportamiento inadecuado.

Sobre la posible intervención con fármacos habría que realizar un seguimiento de los casos en los que se hayan utilizado para sacar conclusiones al respecto.

Confiemos en que la nueva Ley del Menor cumpla con una de sus finalidades que no es otra que evitar estas agresiones verbales, psicológicas o físicas llevando a cabo el traslado del centro de aquellos niños o adolescentes que maltratan a sus compañeros. No debemos olvidar que las acciones negativas desencadenadas hacia un alumno no tienen que ser repetitivas para que causen un daño psíquico perdurable, ni tampoco soslayemos la violencia que aparece tanto en televisión como en Internet, utilizado, por cierto, como primera fase intimidatoria.

No podemos dejar de lado el certificar que el niño no escoge ir en contra de las normas ni anhela convertirse en un ser agresivo, siendo, generalmente, el entorno familiar y otras circunstancias los que desencadenan en el afectado el deterioro al ejecutar las más elementales normas de una convivencia social saludable.

Fuente: Dr. Juan Carlos Moreno
para medicosypacientes.com