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Sábado, 20 Agosto 2022

El estrés y la ansiedad vinculados a la familia y al trabajo son los que más preocupan a la comunidad científica

29/09/2009

Entre un 25 y 40 por ciento de la población padece algún episodio de ansiedad a lo largo de su vida. Estos trastorno conllevan una enorme carga social en términos de discapacidad y costes sociales

Bilbao, 29 septiembre 2009 (medicosypacientes.com)

El estrés es una experiencia de inestabilidad psicológica como respuesta a factores ambientales externos. Esta enfermedad es una fuente de patología y produce efectos a corto, medio y largo plazo. Además, puede dañar el cerebro a nivel molecular y desde ahí, extender su daño al resto del cuerpo. He ahí el punto de partida desde el que José Luis Carrasco, jefe de sección del Servicio de Psiquiatría y director de la Unidad de Trastornos de la Personalidad del Hospital Clínico San Carlos, realiza un análisis sobre la relación de este con la afectividad y los distintos tipos de personalidad del individuo.

Esta compleja interrelación es el caldo de cultivo del trastorno límite de personalidad, “una patología que se presenta en un 70-80% de los jóvenes con conductas antisociales, intentos de suicidio, conductas violentas o trastornos por abuso de drogas. El origen del mismo se encuentra en disfunciones internas del equilibrio emocional y afectivo, y de la manera de integrar de forma adecuada las vivencias e información que se percibe del entorno, lo que en definitiva se puede definir como una inmadurez afectiva y de relación. Estas disfunciones llevan a una pérdida del autocontrol, así como del propio sentido de la identidad. Estas anomalías internas son las claves del trastorno y el objetivo a resolver para los tratamientos que pretendas ser eficaces”.

Los trastornos de ansiedad son la enfermedad psiquiátrica más prevalente entre la población general. De hecho, entre un 25-40 % de la población tiene un episodio de ansiedad a lo largo de su vida. Ansiedad y estrés aparecen como dos caras de una misma moneda. “La ansiedad es la vertiente psicológica del estrés y éste es la vertiente somática, el lado biológico, de la ansiedad. Normalmente, la ansiedad y/o el estrés permiten al individuo interaccionar con su entorno, pero cuando estos se convierten en patológicos pueden generar en el individuo sufrimiento, discapacidad para afrontar la vida cotidiana y un aumento del riesgo de suicidio y de caer en adicciones. En este sentido, el estrés y la ansiedad vinculados a la familia y al trabajo son los que más preocupan”, puntualiza José Luis Carrasco.

En palabras del experto, “los trastornos de ansiedad conllevan una enorme carga social en términos de discapacidad y costes sociales debido entre otros factores a que suelen aparecer precozmente (en la adolescencia), son muy persistentes, producen mucho sufrimiento, demandan una importante asistencia sociosanitaria, causan frecuentes bajas laborales, etc.”

Esta cuestión entronca con una de las grandes preocupaciones de nuestro tiempo: la crisis. José Luis Carrasco entiende que “el síndrome de la crisis afecta a todas las ramas de la medicina, ya que tras diversos síntomas subyace la ansiedad y la angustia, cuyo origen es la incertidumbre por el futuro”.

El especialista distingue entre “dos tipos de afecciones. Por una parte la del individuo que todavía no ha perdido su empleo y se encuentra en una situación más normal, cuyos principales problemas son mareos, jaquecas, falta de sueño o de apetito y dolores. Por otro lado, se encuentran los afectados directamente por la crisis, bien sea por que han perdido el trabajo o bien porque se encuentran en una situación crítica. En este caso hay una base de desesperanza que conlleva síntomas de depresión, desánimo, cansancio o falta de interés”.

Otro asunto cuanto menos curioso es que este “síndrome de la crisis” afecta más a hombres que a mujeres. Algunos estudios recientes “han demostrado que las mujeres y los varones reaccionan de manera muy distinta ante situaciones estresantes y, en contra de lo que antes se pensaba, las mujeres están mejor preparadas para hacer frente a grandes cambios sociales que sean muy estresantes”. La explicación para esto se basa en la realidad personal de los hombres, según José Luis Carrasco. “Al quedarse en paro, entra en un mercado libre y competitivo y, en muchos de los casos, no está preparado para eso, es incapaz de luchar, tener iniciativa o montar un pequeño trabajo. En estos casos es habitual que el varón caiga en una depresión, intento de suicidio, consumo de alcohol, violencia e infartos de miocardio”.