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Viernes, 19 Agosto 2022

El 15 por ciento de los ancianos padece depresión

13/03/2009

La deficiente adaptación a las enfermedades que van surgiendo con el envejecimiento puede así mismo ser un desencadenante de la depresión en el anciano. Tres de cada cuatro personas de la tercera edad no recibe tratamiento

Sitges, 16 de marzo 2009 (medicosypacientes.com)

La depresión afecta al 5-6 % de la población general y esta cifra se eleva hasta el 15 % en los ancianos, por lo que constituye el trastorno psiquiátrico más frecuente en la tercera edad. El Dr. Humberto Kessel Sardiñas, del Servicio de Geriatría del Hospital Torrecárdenas de Almería comenta que “entre el 10 y el 45 % de los mayores de 65 años presentan síntomas depresivos en algún momento de su vida. Asimismo, constituyen trastornos del ánimo frecuentes las distimias (tristeza, melancolía baja autoestima) y otros trastornos adaptativos con ánimo deprimido o depresivo-ansioso”.

Los factores desencadenantes de trastornos de ánimo en la población anciana son variados y variables. “Pueden ser desde efectos adversos provocados por fármacos, hasta circunstancias del micromedio y el entorno social, pasando por patologías crónicas y síntomas no controlados, sensación de “inutilidad” o discapacidad, entre otros”, afirma Kessel. La incidencia de la depresión y el trastorno de ansiedad generalizada están, por tanto, en ocasiones provocadas por otras dolencias crónicas. “Los pacientes ancianos padecen más enfermedades crónicas discapacitantes, algunas de ellas como las neurológicas alteran las vías neuro-químicas y los neurotransmisores cerebrales al igual que otras alteran los ejes neuroendocrinos pudiendo actuar como causa de la depresión. La deficiente adaptación a las enfermedades que van surgiendo con el envejecimiento puede así mismo ser un desencadenante de la depresión en el anciano”.

Además, la comorbilidad depresiva es elevada en situaciones clínicas particulares como la enfermedad de Parkinson, el ictus, las cardiopatías, las enfermedades endocrinológicas y las neoplasias. Asimismo, explica el coordinador del curso, “la depresión puede estar relacionada con el mal control del dolor, y con la discapacidad física o mental”.

El Dr. Kessel, coordinador del curso que por segundo año consecutivo organiza la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG) y Lundbeck, para la formación de residentes en geriatría sobre patología neuro-psico-geriátrica, señala que “hay que buscar los factores desencadenantes, descartar causas orgánicas y tener en cuenta la comorbilidad, y la medicación que se utilice para otras patologías. Y también delimitar si existe un episodio depresivo en regresión, una forma psicótica o si hay riesgo de suicidio. En lo que se refiere a los psicofármacos, conviene descartar aquellos que posean efectos anticolinérgicos o cardiotónicos. Los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina, que son bien tolerados por los ancianos, no tienen efectos cardiotónicos, anticolinérgicos o antihistamínicos, mejoran la ansiedad y la desinhibición, y actúan en un plazo de tiempo razonable. Tampoco podemos pasar por alto el papel de la Psicoterapia y el apoyo familiar”. En cualquier caso, los especialistas coinciden en la necesidad de individualizar el tratamiento y de compaginar los fármacos con la psicoterapia y el apoyo familiar.

En España ya hay desigualdades en el acceso a la asistencia geriátrica

El creciente envejecimiento de la población y la necesidad de profesionales para cubrir la atención a los ancianos hace de la formación en geriatría un aspecto clave para afrontar el presente y el futuro. Para el Dr. Kessel, “la avalancha de ancianos ha sorprendido a casi todos los países desarrollados. En España existen notorias diferencias entre Comunidades Autónomas, desde las que cuentan con servicios estructurados, y programas orientados al anciano, hasta las que no incluyen la Geriatría en sus carteras de servicio. A la larga esas diferencias generarán, y ya están generando, problemas y por supuesto desigualdad en el acceso a una asistencia especializada específica. Fomentar los medios en Asistencia Geriátrica traduce sistemas implementados situados en dos pilares. Por un lado, la conciencia de que son necesarios estos sistemas y, por otro, tener en cuenta que hay que cubrir todas las necesidades de los ancianos en el ámbito familiar, social y sanitario. Lo demás es cuestión de voluntad, escucha, diálogo, y planificación”.

La figura y la formación profesional del geriatra resultan, por tanto, cruciales en el abordaje y el tratamiento de los trastornos propios de la edad anciana. “En España el geriatra posee todos los conocimientos necesarios para la Asistencia integral al anciano. Esta comprende la planificación de recursos asistenciales, la optimización y el uso eficaz de los mismos, el desarrollo de la investigación y la coordinación transversal entre niveles y profesionales. Los geriatras además poseen la formación, la sensibilidad y la filosofía necesarias para satisfacer las demandas de este grupo de edad”, asegura Kessel.

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