Lunes, 21 Octubre 2019

Presenta nuevo libro

Dr. Salvador Casado: “La relación médico-paciente es un espacio sagrado”

El Dr. Salvador Casado, médico especialista en Medicina Familiar y Comunitaria, presenta su libro ‘Diario de un médico descalzo’ el próximo 20 de noviembre en la sede de la Organización Médica Colegial (OMC). Una obra en la que explica salud y enfermedad, vida y muerte, porque “no todo es susceptible de arreglarse con tecnología o medicamentos y el misterio del sufrimiento humano a veces solo puede ser acompañado, no superado ni eliminado” y destaca que "el espacio de la relación médico-paciente es un lugar sagrado”

Madrid 03/11/2017 medicosypacientes.com / R. M. P.
Dr. Salvador Casado.

El Dr. Casado trabaja en el centro de salud de Villalba en la Comunidad de Madrid, cuenta con experiencia profesional en mutuas laborales, medicina privada, ONG y cuidados paliativos. Comenzó a ejercer la Medicina en Albania y ha trabajado en Ecuador y Nicaragua dentro de proyectos de cooperación para el desarrollo.

¿Qué se encuentra el lector en ‘Diario de un médico descalzo’?

Una declaración de intenciones. Es la visión de un médico de Familia con experiencia que cuenta su forma de mirar la salud, la enfermedad, la muerte y la vida, metiendo creatividad y poesía. 

Señala en el prólogo que no es un diario al uso, sino una declaración de intenciones de un poeta. ¿Cuáles son las intenciones que pretende transmitir?

Esperanza y una nueva forma de mirar. Por este motivo utilizo poesía y prosa, ciencia y arte. Afrontar la salud, la enfermedad, la muerte y la vida requiere una visión amplia y una forma más intensa de relacionarnos. Se tiende a huir de la muerte y de la enfermedad y quizás haya otras formas de relacionarnos con ellas. 

¿Qué tienen en común el autor que es médico con el autor que se considera un hombre descalzo que camina?

Me considero un médico descalzo y es una definición atípica. Normalmente los médicos van calzados y el hecho de descalzarse es una imagen muy antigua, que conlleva respeto. En muchas tradiciones es necesario para entrar en un lugar sagrado. El espacio de la relación médico-paciente, el momento de la persona en tiempo de enfermar que abre su intimidad, es un lugar sagrado.  Como médico me parece fundamental ir más allá del Código Deontológico y de nuestras altas obligaciones éticas y aplicar mucho respeto.

En el libro explica que entiende la Medicina como un arte. ¿Cómo se plasma ese arte en una consulta del día a día?

El arte es fundamental en la vida y en la Medicina también. El arte implica creatividad y el ejercicio de la Medicina es una profesión liberal que tiene una gran parte de arte y ciencia. La Medicina conlleva no ceñirse siempre a un protocolo, significa sentir al paciente y crear y buscar con él cursos de acción para alcanzar soluciones conjuntas.  Para ello es necesario el arte. 

Asegura que un profesional despistado es como un instrumento musical sin afinar. ¿Está la sanidad lo suficientemente afinada?

La sanidad pública no está suficientemente afinada porque está industrializada. En una fábrica es difícil que haya armonía musical. Puede haber procesos, eficiencia, rapidez… Estamos ante un momento clave para rescatar esa parte de ‘afinamiento’, a nivel profesional e institucional, que van de la mano, porque no se puede afinar una cosa sin la otra. Es un reto porque el sonido desafinado desgasta a los profesionales, a los usuarios y al propio sistema.    

Comenta que la historia clínica electrónica deja los datos del paciente más expuestos que cuando se hacía en papel. ¿Es así?

En mi opinión, sí. Todo lo electrónico es más vulnerable. La tecnología tiene un papel de avance, pero también tiene debilidades. Los datos delicados de los pacientes tienen más riesgos, porque muchas personas pueden verlos. Hay sistemas de información y de seguridad que tratan de controlarlo, pero sería deshonesto decir que es un sistema seguro.  

Destaca en el libro que “el sistema sanitario público está en llamas”. ¿El sistema sanitario no cuida a los profesionales?, ¿qué se puede hacer por el trabajador quemado?

El sistema sanitario no cuida a los médicos en muchas ocasiones, porque obliga a trabajar en cadenas de montaje de una sanidad industrial y esto quema porque impide que el profesional de la salud ejerza una actividad sutil, con pasión y delicadeza. Por este motivo hay que intentar adecuar el sistema. Si un médico de Atención Primaria ve una media de 40 o 50 pacientes al día, será difícil que haya una comunicación de calidad. Se puede llegar a conseguir, pero es muy complejo.  

¿Acuden muchas personas sanas a las consultas de AP?

A las consultas de AP acuden la mayoría sanos, que tienen pequeños problemas de salud que se van a corregir en poco tiempo. La gente tiende a consultar por mínimas dolencias y la sobrecarga de consultas por síntomas menores consume un tiempo que se quita a aquellos que tienen una mayor severidad, cronicidad o complejidad. Esta es la situación y no se está corrigiendo, ni se está educando. Es importante que la sociedad tome consciencia: el tiempo que se consume es costoso y hay que tratar de optimizarlo. En este contexto participamos todos, los ciudadanos los primeros, con un índice elevado de responsabilidad.    

¿El profesional debe enfrentarse a menudo con los cantos de sirena de la industria sobre sus “bien intencionadas novedades”?

La industria farmacéutica es muy potente y trata de conseguir sus objetivos de venta. El target de la industria es el profesional sanitario que es el que va a prescribir o a usar sus productos. Es necesaria una reformulación de esta relación, que debe mejorar y ser más transparente. 

Señala que ha asistido a buenas y malas muertes. ¿Por qué se sigue muriendo mal?

Se sigue muriendo mal porque la gente no se prepara. Para morir bien hay que prepararse y esto implica un proceso. Hay que tratar de asistir la muerte de la mejor manera posible y para eso es necesario que esté cerca un profesional de la salud competente. Todavía muere gente sin un control de síntomas adecuado y sin un proceso de duelo personal o procesamiento del sufrimiento al final de la vida. Es un aspecto que se puede mejorar.