Domingo, 16 Diciembre 2018

Opinión

Dr. Marcos Gómez Sancho: "Nelson Mandela, la lenta agonía de los líderes"

El autor de este artículo, el presidente de la Comisión Central de Deontología de la OMC, el doctor Marcos Gómez Sancho, observa con cierto estupor lo que está sucediéndole a Nelson Mandela en relación a mantenerle con vida artificialmente, según publican algunos medios de comunicación. No es la primera vez que esto le sucede a un líder, como recuerda el doctor Gómez Sancho, quien aprovecha para lanzar el mensaje de que "Esta actitud, va en contra de la dignidad humana y debemos pensar que el respeto a la vida implica el derecho a la muerte y que todo ser humano tiene derecho a morir en paz"

28/06/2013 medicosypacientes.com

 

 

 

"Nelson Mandela: la lenta agonía de los líderes"

Dr. Marcos Gómez Sancho:
Presidente de la Comisión Central de Deontología

Las Palmas, 28 de junio 2013 (medicosypacientes.com)

Harry Truman que fue Presidente de los Estados Unidos, murió el 26 de Diciembre de 1972 a los 88 años, debatiéndose tres meses entre la vida y la muerte y emitiéndose más de ochenta partes médicos relativos a su estado. El Presidente yugoslavo, Josip Broz "Tito" murió el 4 de mayo de 1980, fue hospitalizado el 12 de enero de dicho año por una degeneración arterial. El Presidente del Brasil, Tancredo Neves tuvo una agonía de treinta y nueve días y fue objeto de siete intervenciones quirúrgicas y Hari Bumedian, Presidente de Argelia, murió de una infección en la sangre el 27 de diciembre de 1978, debatiéndose durante casi cuatro meses entre la vida y la muerte. El Jefe del Estado Español, Francisco Franco murió el 20 de noviembre de 1975, envuelto en bolsas de hielo y rodeado de sus veinte doctores (21 si añadimos al yerno), a los 83 años, soportando una agonía de treinta y cinco días, durante los cuales fue sometido a tres intervenciones quirúrgicas, emitiéndose cincuenta y seis boletines médicos y después de transfundirle 50 litros de sangre, diez veces su volemia. Al final, hasta sus más acérrimos enemigos políticos, terminaron compadeciéndose del hombre anciano al que se le negaba su derecho más inalienable: el de tener una muerte digna, serena, apacible y "en su momento". Escribía Ricardo de la Cierva en uno de sus libros: "...a partir de aquel instante, el momento de la muerte de Franco quedaba en manos de los médicos y del Gobierno de España". El momento de la muerte de una persona, sea ésta quien sea, no puede estar en manos de los médicos y ninguna razón de estado puede justificar semejante atropello y semejante afrenta a la dignidad del ser humano.

Finalmente el ex Sha del Irán, Mohamed Reza Palevi, murió el 27 de julio de 1980, tras un mes de agonía. Probablemente, a esta lista podrían añadirse los casos de Salvador Dalí, Hiro Hito, Mao Tse Tung, Eleanor Roosevelt, Georges Pompidou, probablemente Arafat y, anacrónicamente, es probable que también Ariel Sharon.

Lo malo es que no se trata "sólo" de la lenta agonía de los líderes, sino que ellos, los líderes, ejemplifican algo que se produce todos los días, muchas veces y en todos los hospitales. Es lo que Marañón denominaba "tiranía de la técnica sublevada". El  artículo 15 de la Constitución Española declara que "todos tienen derecho a la vida y a la integridad física y moral, sin que, en ningún caso, puedan ser sometidos a tortura ni a penas o tratos inhumanos o degradantes...". Y no digamos nuestro Código de Deontología, que es tajante al respecto. Así en el Artículo 36. 2 dice exactamente que "El médico no deberá emprender o continuar acciones diagnósticas o terapéuticas sin esperanza de beneficios para el enfermo, inútiles u obstinadas. Ha de tener en cuenta la voluntad explícita del paciente a rechazar dicho tratamiento para prolongar su vida. Cuando su estado no le permita tomar decisiones, tendrá en consideración y valorará las indicaciones anteriormente hechas y la opinión de las personas vinculadas responsables".

Aquí se podría recordar a Marcel Proust cuando decía, con cierta sorna, que la naturaleza nos ha dado enfermedades de corta duración mientras que la medicina ha perfeccionado el arte de prolongarlas.

Esta actitud, va en contra de la dignidad humana y debemos pensar que el respeto a la vida implica el derecho a la muerte y que todo ser humano tiene derecho a morir en paz.

Hasta ahora, el último caso conocido, y bien reciente, fue el del presidente de Venezuela. Hugo Chávez salió de Venezuela el 10 de diciembre hacia Cuba, caminando charlando animadamente con algunos de sus familiares, sonriente, saludando a todo el mundo y besando un pequeño crucifijo. Al día siguiente fue sometido a una cuarta intervención quirúrgica y a partir de ahí, y con el tradicional secretismo de este tipo de situaciones en este tipo de países, pocas y poco fiables fueron las noticias sobre su estado de salud, hasta que en una fecha imposible de determinar, lo devolvieron muerto a su país. Poco podía pensar el fanático líder anti yanqui que el ataúd con su cadáver iba a ser paseado por Caracas a bordo, precisamente, de un automóvil Lincoln.

Y estas últimas semanas estamos observando con estupor lo que está sucediéndole a Nelson Mandela. Un titular del diario ABC decía ayer "Los médicos mantienen con vida artificialmente a Nelson Mandela", es decir, se debe estar repitiendo una vez más la misma historia, como una macabra cadena sin fin. Y, si bien es verdad que nadie debe ser tratado con semejante desprecio a su dignidad, parece que duele más en el caso de Nelson Mandela, icono global de la lucha por los derechos humanos y la igualdad racial, que dedicó 67 años de su vida a combatir el régimen racista del apartheid, que le confinó en la cárcel durante 27 años y que en 1994 se convirtió en el primer presidente negro del país tras ganar las primeras elecciones multirraciales del país. Si hay alguien que, de verdad, merezca descansar en paz es un buen hombre como Mandela.

Como reflexión final me gustaría señalar que en el mismo periódico del que hablaba había otra noticia con el siguiente titular: "Texas ejecuta a su reo número 500". A unos los matan sin que les haya llegado su momento y a otros no les permiten morir cuando ha llegado el final de su ciclo vital.

Son cosas de la vida, o de la muerte.