Viernes, 19 Enero 2018

Según un estudio publicado en “ScienceDirect”

Dormir menos de ocho horas conlleva más riesgo de ansiedad y depresión

Una investigación de la Universidad de Binghamton (Estados Unidos), cuyos resultados han sido publicados en la revista “ScienceDirect”, ha determinado que dormir menos de las ocho horas recomendadas por la noche se asocia a una mayor presencia de pensamientos intrusivos y repetitivos, como los que se observan en la ansiedad o la depresión

Madrid 09/01/2018 medicosypacientes.com/E.P.
En el estudio se evaluó el momento y la duración del sueño de un conjunto de individuos con niveles de moderados a altos de pensamientos negativos repetitivos, como por ejemplo preocupación.
 
Asimismo, los participantes fueron expuestos a diferentes imágenes destinadas a desencadenar una respuesta emocional y, mientras tanto, los investigadores midieron su nivel de atención a través de sus movimientos oculares.
 
De este modo, los investigadores descubrieron que las interrupciones regulares del sueño se asociaban con una mayor dificultad de desviar la atención de la información negativo. Y esto puede significar que el sueño inadecuado es parte de lo que hace que los pensamientos intrusivos negativos se queden e interfieran en su vida.
 
"Encontramos que los participantes en este estudio tienen algunas tendencias a tener pensamientos atormentados en sus cabezas, y su elevado pensamiento negativo les dificulta desconectar de los estímulos negativos a los que fueron expuestos", según ha reconocido Meredith Coles, principal autora del estudio.
 
Así, mientras que otras personas pueden recibir información negativa y seguir adelante, estas personas "presentaban problemas para ignorarla", ha apuntado, quedando más expuestas a diferentes tipos de trastorno psicológico como ansiedad o depresión.
 
"Con el tiempo nos dimos cuenta de que esto podría ser importante: este pensamiento negativo repetitivo es relevante para varios trastornos, como la ansiedad, la depresión y muchas otras cosas", dijo Coles.
 
Los investigadores siguen explorando este hallazgo, evaluando cómo el momento y la duración del sueño también puede contribuir al desarrollo o mantenimiento de los trastornos psicológicos. Y si sus teorías son correctas, su investigación podría permitir a los psicólogos tratar la ansiedad y la depresión cambiando los ciclos de sueño de los pacientes para conseguir que duerman más.