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Jueves, 11 Agosto 2022

Cada año se diagnostican en España 3.200 casos nuevos de cáncer de piel

13/06/2012

Expertos recuerdan que la exposición irracional al sol, especialmente en verano, multiplica el riesgo de aparición de este tipo de cáncer, cuya incidencia ha aumentado un 10% en nuestro país, frente a la tendencia a la baja del resto de estados europeos

Madrid, 13 de junio de 2012 (medicosypacientes.com)

Expertos recuerdan que la exposición irracional al sol, especialmente en verano, multiplica el riesgo de aparición de este tipo de cáncer, cuya incidencia ha aumentado un 10% en nuestro país, frente a la tendencia a la baja del resto de estados europeos

Hoy se celebra el Día Europeo para la Prevención del Cáncer de Piel, por este motivo desde la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC)  inciden en la importancia de la prevención, para lo que recomiendan fundamentalmente una correcta protección frente al sol, y del diagnóstico precoz (ya que permite curar hasta el 95% de los casos).

Los especialistas insisten también en la realizacion de evaluaciones periódicas para detectar posibles alteraciones cutáneas durante las primeras etapas de la enfermedad. Cualquier lesión pigmentada que pique, crezca, sangre o cambie de color debe incitar a los pacientes a acudir a la consulta médica.

Las tres formas más frecuentes de cáncer de piel, según informa AECC, son el carcinoma o epitelioma basocelular, el carcinoma o epitelioma espinocelular y el melanoma maligno. Este último es el responsable del 80% de las muertes por cáncer de piel en España y se desarrolla tras una malignización de los melanocitos, encargados de dar coloración a la piel. Aunque hay un pequeño porcentaje de casos genéticos, se sabe que el causante directo es la radiación ultravioleta, fundamentalmente por exposición inadecuada al sol o a otras fuentes artificiales, como las lámparas bronceadoras.

Se ha observado que el melanoma aparece con más frecuencia en zonas del cuerpo expuestas al sol, y que hay mayor número de melanomas en latitudes más cercanas al ecuador. En relación a la edad, es más frecuente en adultos entre los 30 y los 60 años, con una media de 50 años, siendo su incidencia similar en hombres y mujeres. El color de la piel también es importante para determinar el riesgo de melanoma. Por ejemplo, el riesgo de aparición de melanoma es 20 veces mayor en personas de raza blanca que en las de raza negra. Dentro de la raza blanca el riesgo varía en función del fototipo, informan desde la asociación.

Por su parte, en el carcinoma cutáneo no-melanoma de piel es más importante el cúmulo de horas de exposición al sol a lo largo de la vida, que la intensidad de la exposición a la luz solar (éste es un factor más importante, en cambio, para el desarrollo del melanoma). La exposición a radiaciones ionizantes es otro factor de riesgo, como lo es también padecer ciertas enfermedades que causan inmunosupresión (como el SIDA) o enfermedades inflamatorias crónicas de la piel.

Para el carcinoma de células basales existe además una enfermedad genética llamada síndrome del nevus de células basales, que afortunadamente es rara, explican los expertos.

“Pasos sencillos para prevenir el cáncer de piel”

La  importancia que tiene la radiación ultravioleta en la aparición de esta enfermedad, hace  que los expertos recomienden a la población seguir  una serie de pautas preventivas a la hora de exponerse al sol o a otras fuentes artificiales (lámparas bronceadoras por ejemplo).

En relación a la radiación solar desde la AECC recomiendan el uso de fotoprotectores (crema, gel, leche…etc.) para lo cual aconsejan: utilizar protectores solares adecuados a las características físicas de cada uno (que contengan filtros frente a los rayos UVA y UVB), usar la cantidad suficiente cubriendo toda la superficie corporal (sin olvidar zonas como las orejas o el cuero cabelludo en el caso de los niños pequeños y calvicie), aplicar los productos siempre con la piel seca (si está mojada las gotas funcionan como una lupa y aumentan el riesgo de que se produzcan quemaduras), realizar la primera aplicación al menos 30 minutos antes de exponerse al sol, reponer el fotoprotector después de cada baño prolongado (más de 20 minutos) o cada dos horas. Además es importante que éstos sean resistentes al agua.

Si la radiación ultravioleta proviene de fuentes artificiales, como cabinas de rayos UVA, tan importante es la prevención durante la exposición como en el “antes” y el “después” del proceso de bronceado.

Así, antes de tomar rayos es recomendable: conocer tu fototipo de piel y respetar los tiempos de exposición recomendados, eliminar los cosméticos de la piel (sobre todo perfumes y maquillaje), no llevar joyas (objetos metálicos o lentillas), no utilizar cremas bronceadoras o filtros solares y no exponerse a radiación ultravioleta si se están tomando medicamentos que aumenten la sensibilidad de la piel a este tipo de radiación. Durante el proceso de bronceado  se aconseja: utilizar siempre gafas o protectores oculares que cubran también los laterales, no exponer la zona genital a la radiación UV y seguir las recomendaciones relativas a la duración, intensidad de exposición y distancia de la lámpara. Después del bronceado las pautas a seguir son: hidratar la piel, dejar un mínimo de 48 horas entre las sesiones de bronceado y consultar con un dermatólogo ante la posible aparición en la piel de ampollas, heridas o enrojecimiento.

“Atención especial a niños y bebés”

Evidencias científicas demuestran que la exposición al sol en los primeros años de vida puede ser causa de padecer tumores de piel a largo plazo.

Por ello-advierten los especialistas- es importante, cuando sea posible, evitar la exposición de los bebés directamente al sol. En caso de hacerlo, siempre se deben utilizar productos específicos para su tipo de piel, con factor de protección nunca inferior a SPF 50.

En el caso de los niños debe evitarse la exposición al sol en horas de máxima intensidad (entre las 12:00 y las 16:00 horas) y, en todo caso, protegidos con ropas ligeras adecuadas (camiseta, gorra…).

Siempre deben usar un protector solar específico para su edad y tipo de piel, con factor de protección de, al menos, SPF 50 debiendo incluir protección tanto frente a los rayos UVB como UVA. Su aplicación debe hacerse cada dos horas, independientemente de que sean o no resistentes al agua.