Sábado, 22 Septiembre 2018

Jornada "El Código Ictus. 10 Años Después"

Alberto Giménez: “España no está a la altura de Europa en la rehabilitación de casos de ictus”

España ha demostrado una atención rápida y especializada a la hora de atender casos de ictus, logrando salvar muchas vidas y posicionarse por encima de la media europea. Sin embargo, esta posición desciende alarmantemente cuando se trata de proporcionar una rehabilitación temprana, intensiva y multidisciplinar a los pacientes que, después de un ictus, presentan daños neurológicos y físicos. Así lo ha manifestado Alberto Giménez Artés, presidente de la Fundación Casaverde, institución que organiza en Madrid la Jornada "El Código Ictus. 10 Años Después", el 24 de octubre, para abordar la situación actual de esta enfermedad 

Madrid 27/09/2017 medicosypacientes.com/ S.G.
Alberto Giménez Artés
Alberto Giménez, también presidente de la Fundación Economía y Salud, explica, en esta entrevista, que el “Código Ictus” se puso en marcha hace 10 de años en la Comunidad de Madrid con el objetivo de establecer los protocolos necesarios para atender a las personas que padecían un ictus, desde la detección de síntomas, atención hospitalaria hasta la posterior rehabilitación.
 
En las primeras fases, tal y como asegura el experto, España ha logrado muy buenos resultados. Ahora, a su juicio, se necesita poner el foco en la rehabilitación. "De las 80.000 personas que cada año han sufrido un ictus y necesitan rehabilitación, cerca del 50 % no la recibe, quedándose con dependencias grandes y severas que podían haberse evitado", asegura. 
 
La Jornada, del día 24, pretende hacer un análisis de los resultados para poder diseñar el futuro, ver qué acciones se pueden emprender, donde mejorar y consolidar la  calidad y eficiencia en la atención de esta patología.
 
-¿En qué consiste el Código Ictus implantado por Sanidad hace 10 años? 
 
El Código Ictus, por el que se creó la posterior Estrategia Nacional del Ictus, establece unos protocolos de cómo hay que actuar desde que un paciente tiene los síntomas, su ingreso en la unidad especializada de ictus, para ser lo más efectivo posible. El tiempo es vida. Cuanto antes se atienda más vidas se salvarán y menos lesiones se producirán.
 
-¿Qué objetivos principales tiene la Jornada "Código Ictus 10 Años Después"?
 
El interés de la Jornada reside en cómo podemos, después de 10 años, valorar donde estábamos, dónde estamos y cuál es el futuro de la atención en la enfermedad del ictus, una patología denominada "la enfermedad del siglo XXI".
 
El ictus es una enfermedad muy discapacitante. En España hay 120.000 altas hospitalarias por ictus todos los años. De esa cifra, aproximadamente, 80.000 personas necesitan rehabilitación y, en estos momentos, cerca del 50 % no recibe rehabilitación, quedándose con dependencias grandes y severas que podían haberse evitado.
 
Esto se puede remediar modificando el foco del Sistema Nacional de Salud. En España estamos muy enfocados a la parte aguda en la atención al ictus. Durante décadas nos centrábamos principalmente en encontrar soluciones de esta enfermedad que sufrían niños, jóvenes y adultos. Y, por ello, toda la historia cultural y científica está basada en lo agudo de la enfermedad. 
 
-¿Cómo está desarrollado el programa científico de la Jornada?
 
La Jornada tiene tres mesas redondas. La primera habla de la ventana de entrada. Cuando alguien tiene un síntoma en su casa, qué tiene que hacer, cómo va la ambulancia, que mecanismos técnicos tiene la ambulancia para preservar sus constantes vitales hasta que llegue al hospital… La segunda mesa redonda abordará cuando el paciente llega ya al hospital. Lo que se conoce como fase aguda: qué hacemos, como intervenimos, el papel de los neurólogos, neurocirujanos, como se salva la vida… En esta fase somos lo mejor de Europa, somos muy buenos. Sacamos adelante a las personas.
 
El ictus como consecuencia de la lesión tiene un déficit físico, emocional, de deglución o de memoria. Por ello, se necesita rehabilitación y trabajar los déficits. Esta sería la tercera fase, donde no somos tan buenos. Aquí estamos por debajo de la media europea, en cuanto a calidad de vida. Porque no prestamos tanta atención primero a una fase de promoción de la salud: obesidad, tabaquismo… y después a la fase posterior a la aguda.
 
En la Jornada haremos un análisis de los resultados para poder diseñar el futuro, ver qué acciones se pueden emprender donde podemos mejorar, donde consolidar calidad y eficiencia y todo ello recogido en un documento que presentaremos a las instituciones.
 
-¿Cómo fue la implantación de este Código en España?
 
El Código Ictus que vamos a tratar en la Jornada se refiere al implantado en Madrid que fue el primero. Después con la Estrategia Nacional del Ictus se pretendió que todos estemos coordinados en España y trabajemos sobre la atención rápida, especializada y urgente en el ictus.
 
Este Código supone un impulso que ha permitido salvar muchas vidas incluso eliminar déficits gracias, en determinadas ocasiones, la rehabilitación temprana.
 
-¿Qué balance haría desde su puesta en marcha?
 
El balance de este código es muy positivo en la fase de entrada y en la aguda. No lo es tanto en la fase de rehabilitación.
 
-Actualmente, ¿cuáles son los mayores retos?
 
Los retos serían mantener la calidad y eficiencia de la fase aguda, que ya está teniendo buenos resultados; así como garantizar la continuidad asistencia para que mejore la fase subaguda.
 
-Desde su experiencia profesional. ¿Cuáles son, a su juicio, las acciones necesarias para concienciar sobre la importancia de la prevención en el ictus?
 
En promoción de la salud no somos muy buenos. La promoción es algo que debemos de dotar de presupuestos, campañas y programas. Y hay que empezar a hacerlo desde gente muy joven. Crear hábitos de vida saludable y concienciar a la persona para que cuide de su propia salud.
 
Con esto no solo vamos a prevenir enfermedades sino garantizar la sostenibilidad del Sistema.
 
-¿Considera importante la formación de profesionales en este ámbito?
 
Los recursos humanos que tenemos son altamente cualificados y capacitados. Tenemos muy buenos profesionales en España. Hay que seguir formándose y avanzando. Pero necesitamos objetivos enfocados a cuestiones concretas.
 
-¿Cuántos centros están capacitados, hoy en día, para realizar la rehabilitacón de  casos de ictus?
 
En  Madrid hay un hospital monográfico y algunos hospitales tienen unidades especiales de rehabilitación. También hay clínicas ambulatorias.
 
-¿Cómo se puede mejorar la atención a las personas en situación de dependencia funcional? ¿Es necesario equipos multidisciplinares?
 
La rehabilitación tiene que ser temprana, intensiva y multidisciplinar contando con neurólogos, fisioterapias, logopedas, psicólogos… Todos deben de estar coordinados, porque no hablamos de una enfermedad sino de un paciente que tiene una serie de problemas. Hay que trasladar el foco. Es fundamental también motivar al paciente y hacerle sentir parte de la terapia. 
 
-¿Qué labor desempeñan  la Fundación Casaverde que preside?
 
Tenemos tres líneas de trabajo. La primera consiste en formación permanente y cualificada al personal, tanto como teórica y técnica como práctica y empática. También tenemos líneas de investigación y de concienciación social. Ponemos sobre la mesa las cifras con rigor para así lograr mover voluntades y orientar esfuerzos para conseguir resultados de mejora en todas las fases, iniciación de actividades de deporte, envejecimiento activo… para que las personas con déficit se reincorporen de la mejor manera.
 
La Fundación Casaverde cuenta con tres hospitales dedicados monográficamente a la rehabilitación del ictus y con proyectos de investigación que demuestran como con rehabilitación temprana, intensiva y multidisciplinar logramos recuperaciones en más del 60% en las personas.
 
- Finalmente, ¿cuál es el alcance del impacto económico y social del ictus?
 
Es elevadísimo. Precisamente en la última ponencia de la Jornada Ictus el profesor Hidalgo nos presentará un análisis del impacto. Como adelanto, solamente en la fase subaguda y en la no rehabilitación de personas que deberíamos realizar, supone más de 500 millones de euros en costes directos.